domingo, 17 de mayo de 2020

REFORMA NECESARIA

El 17 de mayo de 1946 miembros de la entonces Guardia Rural asesinan, en una locación guantanamera, al campesino Aniceto (Niceto) Pérez García, quien fuera un activo integrante de la entonces Asociación Campesina y férreo oponente a todo tipo de abusos y atropellos contra los pobladores rurales; por lo que en esta misma fecha de año no precisado, pero si antes del 1959, los campesinos de la zona develan un modesto busto en su nombre e instituyen el 17 de Mayo como Día del Campesino cubano, tradición que se oficializó el 17 de Mayo del 1959.

El 17 de mayo del 1959, en conmemoración al asesinato de Niceto Pérez, se firma por el entonces Primer Ministro, en la Comandancia de La Plata de la Sierra Maestra, otrora Provincia de Oriente, actual Municipio Guamá, de la actual Provincia de Santiago de Cuba, la “Ley de Reforma Agraria”; años más tarde, en el 1963, sobrevendría una segunda Ley de Reforma Agraria, motivo por el cual también se conoció a la del '59 como la “Primera Ley de Reforma Agraria”. 

Ambas normativas obedecieron a necesidades históricas acumuladas de eliminar el latifundio existente, con la idea de posibilitar MAYOR  PRODUCCIÓN nacional y MEJORAR las condiciones de vida del campesinado, todo lo cual más adelante profundizaremos.

Origen el problema

Sin pretender hacer un análisis evolutivo histórico, resulta menester escudriñar en los orígenes del problema de la REFORMA NECESARIA, partiendo de la etapa colonial, transitando por la etapa republicana hasta llegar al año 1959 y siguientes; para lo cual emplearemos las herramientas del materialismo histórico dialéctico concreto, que nos permitan situarnos dentro del problema y contextualizarnos, para analizar coherentemente sus diferentes aristas y hacer una valoración integral del proceso y su evolución lo más certero posible, evitando parcialidades que en nada favorecen los procesos históricos ni su desenlace final, porque aún se reescriben sus páginas.

Cuba fue colonizada por España durante poco más de 400 años, momento que se inicia con el descubrimiento por Cristóbal Colón en 1492, seguido de varias incursiones de reconocimiento y conquistas, que se acentuaron en 1510 por Diego Velázquez con la conquista paulatina del territorio de Cuba, fundando la primera Villa en Baracoa en el año 1512, pero la oficialización colonial comienza en el 1777, cuando se instaura la Capitanía General de Cuba bajo la tutela de los Reyes Católicos de España, todo lo cual rigió hasta el 1898, momento en el que se firmó por España y los EE. UU. el Tratado de París, como resultado final de la Guerra cubano-hispana-norteamericana, en el cual España entrega Cuba, Puerto Rico y Filipinas a los EE. UU.

Mérito significar que el Reino de España, en el momento de la dominación y coloniaje de Cuba, era la principal potencia extranjera europea, cuyo declive fue acaeciendo paulatinamente con el ascenso del Reino Unido de Gran Bretaña y la pérdida de varias de sus colonias, llegando a ser Cuba la última en perder, poniendo fin a lo que en su día fue uno de los reinos más poderosos y temidos de Europa Occidental, desde la Edad Media hasta la Edad Contemporánea, particularmente hasta finales del Siglo XIX.

Mientras Cuba fue colonia, España se encontraba en un período histórico caracterizado por el Feudalismo y fue transitando hasta llegar al capitalismo, con el consecuente desarrollo productivo y tecnológico que esto implicó para ellos; sin embargo los medios de producción y las fuerzas productivas en Cuba estaban desfasadas en el tiempo, toda vez que no había desarrollo tecnológico y la fuerza de trabajo predominante era esclava, siendo este aspecto y la independencia de Cuba los MOTORES IMPULSORES para el inicio de las gestas libertarias de 1868, que a intervalos y con características propias duró hasta el 1898, año en el que España firmó la paz con los EE. UU., según como antes expusimos, donde irrespetuosamente no permitieron la merecida presencia de los cubanos. 

Como lógica consecuencia el 1 de enero de 1899 acontece la ocupación militar de los EE. UU. en Cuba, como gobierno interventor; y luego de varios trances políticos y económicos se aprueba en febrero de 1901 la Constitución de la República de Cuba por los Delegados de la Convención Constituyente.

Teniendo en cuenta que Cuba era un país ocupado militarmente por los EE. UU., este retrasó su aprobación hasta que la Convención Constituyente modificó la Constitución en junio de 1902, para incorporar la enmienda Platt, como un apéndice constitucional que había sido aprobado por el Congreso de los EE. UU., que garantizaba su poderío neocolonial, lo que implicó que el pueblo cubano no alcanzó su total independencia, primando los intereses externos por encima de los nacionales.

Por lo que el 20 de Mayo de 1902 se puso en vigor la Constitución de la República y se reconoce por la Historia cubana como el día del nacimiento oficial de la República de Cuba, con Tomás Estrada Palma como su primer Presidente. En esta Constitución se reconoció la tripartición de poderes y su carácter liberal-democrático, algo que significó un hito histórico, aunque en la práctica otra historia se contara.

Mérito significar que Cuba saltó del esclavismo al capitalismo, sin transitar por el feudalismo, pero en ambos supuestos se implementó su variante más atrasada. El que no se haya transitado por el feudalismo impidió que se pudiera experimentar un proceso histórico natural y necesario, que implicó una indudable evolución y desarrollo de los medios de producción y de las fuerzas productivas, algo que aconteció fundamentalmente en el campo y desde allí irradió a las ciudades, implicando mejores relaciones de producción, que ayudó a salir del estancamiento económico existente en el esclavismo; con la mejora continua del sistema feudal se dio origen a un nuevo modo de producción, propiciado por las pujantes nuevas clases burguesas y obreras asalariadas, que poco a poco fueron desplazando a los señores feudales, permitiendo un salto tecnológico significativo, que llevó a estos países a otro estatus de desarrollado conocido como capitalismo.

Estas transformaciones NATURALES y ESPONTÁNEAS fueron MUY  IMPORTANTE necesarias en los procesos históricos, porque significó un SALTO EVOLUTIVO en el progreso socioeconómico de las naciones, y la Historia ha demostrado, con gran elocuencia, que donde no ocurrió así no hubo solidez económica y al final los procesos instaurados no han perdurado, por lo que han tenido que abortar o emplear fórmulas mixtas para poder subsistir.

Sin embargo, es mérito significar que desde la etapa colonial los trapiches azucareros hicieron de Cuba una nación NOTORIA, así como por su producción de carne vacuna, del café, ron, tabaco, cacao, entre otros productos agropecuarios.

Por otra parte, el latifundio en la etapa colonial era a escala superlativa, toda vez que todas las tierras de Cuba eran del Rey de España, sustentados en el principio de Derecho Romano: res nullius, cuya transcripción al castellano deriva en cosa de nadie, toda vez que al no pertenecer a “nadie” porque “ellos descubrieron” a Cuba y la colonizaron, por transitividad todas las tierras le pertenecían al Estado monárquico Español, algo que con el tiempo se fue cediendo en propiedad a colonos españoles, y a otros compradores de otros países que se fueron asentando en Cuba, dentro de los cuales destacan franceses, norteamericanos, entre otros, que vieron en Cuba grandes potencialidades económicas y agropecuarias por su clima y su tierra fértil, propicia para producciones específicas, propias de países tropicales, que eran muy demandadas en los países desarrollados.

En la etapa republicana, con la dominación norteamericana, todo lo antes expuesto fue superado con creces, ya que se posibilitó un aparente salto económico y tecnológico unido a la implementación de nuevos centrales azucareros y del ferrocarril con modernas locomotoras, lo que propició un alto impacto económico al incrementarse los niveles productivos, de consumo interno y de exportación, siendo el mercado norteamericano su principal y casi exclusivo destino. Para lograr esta dependencia, EE. UU. no le permitió a Cuba acceso a las tecnologías de punta ni diversificar su economía, lo cual implicó que muchas de las producciones nacionales tuvieran que ser exportadas en bruto para EE. UU., para ser procesadas y luego ser importadas a Cuba como productos terminados, e incluso llegaron a exportarlas a otros países como productos Made in USA gracias a las materias primas de producción nacional, sin que se reconociera el valor agregado cubano.

Todo lo antes expuesto devino en negocios bien jugosos para ambas partes, y en innegables beneficios alimenticios y de todo tipo para el pueblo cubano; pero una parte significativa del pueblo no tenía acceso a estos beneficios, porque al no encontrar trabajo no podía sustentarse económicamente, y teniendo tanta producción de alimentos en el país algunos morían de hambre al no poder acceder a ella; tanto así que el entonces vigente Código de Defensa Social, conocido también como la ley de los delitos, tenía dentro del delito de Robo una modalidad que atenuaba considerablemente la sanción, cuando el delito se cometía por una persona en estado de calamidad económica extrema o para alimentar a sus hijos menores y no tenía con qué pagar.

En cuanto a lo que antes existía con los españoles, respecto al latifundio, se intensificó con la dominación norteamericana, toda vez que personas naturales y jurídicas cubanas y extranjeras, mayoritariamente norteamericanos, poseían la mayoría de las tierras productivas, quedando en manos de algunos cubanos pequeñas cantidades de tierra que les permitió un notable beneficio económico, que complementaron con otros pequeños negocios no agrícolas, algo propio de estos sistemas: la libertad de empresa, lo cual posibilitó muchos más beneficios personales, familiares y a la comunidad; tanto así que algunos de estos pequeños agricultores nacionales llegaron a apoyar a las tropas rebeldes que se enfrentaron contra la tiranía batistiana, y que luego igualmente fueron afectados por el proceso revolucionario después del '59, ya no solo por exceder los límites aprobados para ser propietario de tierras, sino, en algunos casos, por otras causas, muchas de estas hasta la fecha no definidas, que bien pudieran llegar a constituir excesos no resueltos, creando innecesarios descontentos en un sector de la población.

Con todo este cuadro se vislumbraba la notoria desigualdad en el campo, toda vez que una parte significativa del campesinado cubano nunca participó de estos beneficios, institucionalizándose la precariedad en algunos casos, ya que algunos pobladores del campo no tenían seguridad alguna, no solamente en materia económica, laboral o alimentaria, sino hasta habitacional, siendo común, en nuestros campos de entonces, el desalojo de familias muy numerosas y pobres.

Este latifundio impidió, en mayor o menor medida, un desarrollo homogéneo e integral del campesinado, motivo por el cual en el 1959 acontece un suceso trascendental en la Historia de Cuba, cuya iniciativa tenía dentro de sus pretensiones, entre otros aspectos, desconcentrar la propiedad de la tierra, incrementar el desarrollo y mejorar la calidad de vida del campesinado cubano, y SE ENUNCIABA RESPETAR A AQUELLOS QUE LOGRARON HACER PROSPERAR SUS TIERRAS DE MANERA LÍCITA y enfrentar a aquellos otros que incrementaron su patrimonio de manera ilegítima a costa de los legítimos intereses del pueblo cubano.

Necesidad de la reforma

Cuando estudiamos la Historia evidenciamos que varios países del mundo han efectuado procesos de reformas agrarias, dentro de los cuales destacan: México (1915), España (1932), y en años sucesivos: Venezuela, Bolivia, Colombia, Guatemala, Chile, Perú, entre otros; solo que por su esencia económica no fueron radicales, y aunque significó grandes encontronazos en el orden económico no afectó lo social ni lo político.

En tal virtud el naciente Gobierno revolucionario cubano sintió la necesidad histórica de reivindicar los derechos de la Nación cubana, y transformar RADICALMENTE su esencia económica, política y social desde sus inicios mismos, afectando directa y profundamente los intereses económicos de los EE. UU., como gobierno interventor, poniendo fin a dominaciones sucesivas sobre este noble país; por lo que algunos de los que apoyaron el proceso revolucionario comprendieron, desde sus inicios, que sus propios intereses podían ser afectados, por lo que algunos de los cuales intentaron remediarlo infructuosamente.

Después de varios sucesos llamados terroristas y de incursiones armadas en Cuba, y ante la negativa de negociaciones entre iguales, y con el respaldo de la exURSS, en el año 1961 se efectuó la Primera Declaración de La Habana, momento a partir del cual se hizo público el carácter socialista de la Revolución cubana, algo sin precedentes en Occidente y menos en América. Por lo que en lo adelante se suscitaron varios eventos, de ambas partes, que propiciaron puntos de INFLEXIÓN hasta nuestros días; siendo el pueblo cubano el más afectado como "beneficiado" en todo esto.

Lo antes expuesto encuentra su origen desde los primeros meses de la naciente Revolución, cuando el 17 de Mayo de 1959 se firma la Primera Ley de Reforma Agraria, lo cual fue el primer intento por eliminar el latifundio y la aparcería en Cuba.

Aspectos legales

Legalmente todo parte, tras el triunfo de la Revolución Cubana, con la promulgación el 10 de enero de 1959 de la Ley Fundamental de la República, aprobada por el gobierno provisional presidido por el Doctor Manuel Urrutia Lleó, entonces Presidente de la República de Cuba. Esta Ley fue publicada en la Gaceta Oficial No. 5, del 14 del propio mes, resultando ser modificada en diciembre del '59 y en julio del '60. En esta norma se le otorgaba amplias facultades al Consejo de Ministros como órgano ejecutivo.

Dicha Ley se sustentaba, en esencia, en la Constitución de 1940, la cual había sido derogada por los Estatutos Constitucionales de la dictadura de Fulgencio Batista. En esta nueva Ley se establecían determinados cambios adecuados al momento histórico que vivía la nación relacionados con el proceso revolucionario, dentro de lo cual cabe destacar que amplió la redacción del artículo 24 del texto constitucional del '40, toda vez que prohibía la confiscación de bienes, algo que era muy necesario por los tantos delitos cometidos antes del '59. La Ley Fundamental de 1959 permaneció vigente en Cuba hasta la aprobación por referendum popular de la Constitución socialista de 1976.

La Primera Ley de Reforma Agraria aprobada el 17 de Mayo de 1959, redujo a 30 caballerías, es decir, 402 hectáreas, el máximo de extensión de tierras que podían poseer una persona natural o jurídica, determinando la expropiación de las tierras que excedan de este límite. La disposición adicional final confería a esta Ley rango constitucional al declararla parte de la Ley Fundamental de la República. 

Dicha Ley sin número fue publicada en la Gaceta Oficial Extraordinaria Especial No. 7, del 3 de junio del 1959, fecha de su entrada en vigor, sancionada por el Dr. Manuel Urrutia Lleó, entonces Presidente de la República, toda vez que el Consejo de Ministros así lo acordó sustentado en la Constitución del '40 y la Ley Fundamental del Gobierno Revolucionario, que proscribían el latifundio, alegándose que esta última le confería estas facultades al Consejo de Ministros.

La aprobación de esta Primera Ley de Reforma Agraria del gobierno revolucionario cubano liquidó el latifundio y la aparcería, cuyo objetivo fundamental era la redistribución de las tierras del país, favoreciendo a los campesinos más pobres; posibilitando que se materializara uno de los postulados del “Programa del Moncada” enarbolado en el alegato de autodefensa del Dr. Fidel Castro, conocido por “La Historia me Absolverá”, motivado por el juico por el asalto al Cuartel Moncada en Santiago de Cuba.

En dicho alegato expuso: “Nosotros llamamos pueblo si de lucha se trata, …a los cien mil agricultores pequeños, que viven y mueren trabajando una tierra que no es suya, contemplándola siempre tristemente como Moisés a la tierra prometida, para morirse sin llegar a poseerla, que tienen que pagar por sus parcelas como siervos feudales una parte de sus productos, que no pueden amarla, ni mejorarla, ni embellecerla, plantar un cedro o un naranjo porque ignoran el día que vendrá un alguacil con la guardia rural a decirles que tienen que irse…

La Primera Ley de Reforma Agraria dispuso, además, la creación del Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA), encargado de aplicar las medidas adoptadas, que fuera presidido por el Primer Ministro Fidel Castro; algo nunca antes visto: que un Primer Ministro presida, a su vez, un organismo nacional.

El 17 de Mayo de 1961, durante el segundo aniversario de la Promulgación de la Primera Ley de Reforma Agraria, se crea la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP), una organización de carácter social que representa los intereses del campesinado cubano y que vela porque se cumplan sus derechos.

Años más tardes, el 3 de octubre de 1963, el entonces nuevo Presidente de la República Dr. Osvaldo Dorticós Torrado, emitió la Ley sin número, denominada Segunda Ley de Reforma Agraria, publicada en la Gaceta Oficial Extraordinaria No. 1, de igual fecha, donde se dispone la nacionalización, y por consiguiente la adjudicación al Estado Cubano de todas las fincas rústicas con una extensión superior a 67 hectáreas y 10 áreas, es decir, 5 caballerías de tierra. En la disposición adicional final se dispuso que en uso del Poder Constituyente que compete al Consejo de Ministros se declaró que esta Ley fuera, igual que la anterior, parte integrante de la Ley Fundamental de la República, quedando así adicionada.

Desde la Primera Ley de Reforma Agraria, y con mayor intensidad aún con la puesta en vigor de la Segunda Ley de Reforma Agraria, se suscitó dentro de Cuba y en varios países del mundo una fuerte protesta internacional por su DUDOSA LEGITIMIDAD y EXCLUSIVIDAD. Ambas leyes PERJUDICARON los intereses de los latifundistas nacionales y extranjeros, y claramente los alineó contra la naciente Revolución Cubana, iniciándose un proceso de oposición política que dura hasta nuestros días, muchos de ellos radicados en el denominado exilio en los EE.UU., a los cuales se les fueron sumando otros por diferentes causas.

Desde el punto de vista técnico legal, estas leyes encontraron varios detractores dentro y fuera de Cuba, toda vez que las leyes debían ser PREVIAMENTE ACORDADAS por el Congreso como único órgano con facultades legisferantes, según la propia Constitución del '40, toda vez que el Sistema Político Cubano aprobado en esta Constitución reconocía la Tripartición o Separación de Poderes, es decir, que el Ejecutivo debía respetar las funciones del Legislativo y del Judicial, algo que no aconteció.

Sin embargo el argumento en el cual se sustentó el Gobierno revolucionario para aprobar estas dos leyes sin número, fue primeramente el nivel de corrupción existente entre la mayoría de los legisladores de entonces o porque no estaban de acuerdo con estas reformas, quienes las hubieran impedido, y que se actuó sustentado en lo dispuesto por la Ley de Reforma Constitucional del '59, pero DESATENDIENDO lo dispuesto en el artículo 134, inciso h) de la Constitución del '40 que otorgaba la FACULTAD INDELEGABLE de legislar sobre los asuntos agrícolas al Congreso, aunque al ser un Sistema Presidencialista las leyes las sancionaba el Presidente, según el art. 137 de esta misma Constitución.

Esta norma, es decir, la Ley de Reforma Constitucional, igualmente resultó ser TÉCNICAMENTE COMBATIDA por su DUDOSA CONSTITUCIONALIDAD, porque para modificar la Constitución se REQUERÍA un REFERÉNDUM, algo que NO ACONTECIÓ, y en todo supuesto debía ser aprobada por el Congreso. Como Cuba estaba en Revolución se atacó al decir que se actuó de manera similar a la del Tirano Fulgencio Batista con su Golpe de Estado, al aprobar los Estatutos Constitucionales y suprimir la Constitución del '40, solo que en este caso no se suprimió solo se modificó.

Análisis como los antes expuestos ocurrieron con el justo y necesario juicio de Núremberg, para juzgar y sancionar a los criminales de la Segunda Guerra Mundial; que fue denunciado internacionalmente por ILEGÍTIMO, toda vez que NO existía un Tribunal o Corte Penal o Criminal Internacional que permitiera su procesamiento legal, NI existía una Ley penal previa que reconociera estos crímenes o delitos. Todo lo cual se corrigió años después, para estar a tono con los principios generales del Derecho y con lo que la mayoría de los países modernos y democráticos llaman ESTADO DE DERECHO, donde SE RECONOCE Y RESPETA LA PRIMACÍA o IMPERIO DE LA LEY. 

Por lo que en el 1998 se creó la Corte Penal Internacional, que no debe confundirse con la Corte Internacional de Justicia de la Organización de Naciones Unidas (ONU). De igual manera estos hechos impactaron en el Derecho Internacional, por lo que fueron aprobados varios Tratados Internacionales para evitar la repetición de estas atrocidades, dentro de los cuales destacan: la Convención contra el Genocidio de 1948; la Declaración Universal de Derechos Humanos 1948; y las Convenciones de Ginebra de 1949 y sus protocolos de 1977.

Las personas de buena voluntad NO pueden objetar la necesidad histórica de implementar ambos procesos legales. El primero porque la concentración de la tierra en Cuba era excesiva e irregular, porque quienes la producían no se beneficiaban justamente de ella, porque había quienes ni podían trabajarla y en nada se beneficiaban, y finalmente porque era Cuba en Revolución. En cuanto al segundo, por el Holocausto cometido por los nazis y sus aliados, que devino en un genocidio. Todo lo cual invita a varias reflexiones. Sin embargo, discrepo con el criterio de “que el fin justifica los medios”, por lo que soy del criterio que en todo momento debemos respetar el Estado de Derecho y los Principios Generales del Derecho, que es lo que, en suma, nos diferencia de las antiguas civilizaciones y de los animales irracionales, que nos permite vivir en DEMOCRACIA.

Consideraciones finales

No se pretende efectuar un análisis exegético de las normativas vigentes, toda vez que están en constante transformación y aun necesitan más adecuaciones, para ser un fiel reflejo no ya del actual status quo, sino de lo que se necesita sea el campesinado cubano, que no es más que una mejor y mayor interacción entre las fuerzas productivas y los medios de producción, que impliquen mejoras continuas y ascendentes en las relaciones de producción, si realmente queremos mayores niveles productivos que beneficien al pueblo y al que produce la tierra, que debe tener sentido de pertenencia de la misma, así como mayor seguridad jurídica, que les permita mayor incentivo productivo.

Eliminamos el latifundio y entregamos algunas tierras a los que la trabajaban para que se beneficiaran junto a su familia, que años más tarde algunas fincas privadas fueron cooperativizadas pasando al patrimonio del Estado, y la mayoría de ellas SE VOLVIERON IMPRODUCTIVAS en manos inexpertas, indolentes o poco comprometidos, por lo que más tarde algunas de estas tierras fueron entregarlas en usufructo, denotando FALLOS  SISTÉMICOS marcados por un ACTUAR ERRÁTICO, evidenciando un NUEVO LATIFUNDIO, peor que el de antes por IMPRODUCTIVO, que juntos debemos REFORMAR de una vez y para siempre.

Sustentado en el principio primigenio de que la Tierra sea de quien la trabaja, debemos defender el criterio que se necesita una TERCERA REFORMA AGRARIA en Cuba, para regular la tenencia y VERDADERA PRODUCTIVIDAD de la tierra, así como en el orden legislativo, para que sean recuperados los niveles productivos de antes, que con pocos trapiches se producía más azúcar que con tantos centrales que hoy existen y que son improductivos e ineficientes en su mayoría, y que fue, además, un país ALTAMENTE PRODUCTOR y consumidor de café y de carne de res, entre otros altos niveles productivos de productos agropecuarios y forestales, que hoy más que nunca se necesitan retomar en beneficio del pueblo y de la economía nacional.

Al hacer balance del antes y ahora, podemos apreciar que antes había productividad pero en algunos lugares había hambre, miseria y explotación, hoy no hay productividad para sustentar la alimentación del pueblo y hay que importarlo casi todo y persiste el hambre, la miseria y la explotación, hoy no hay latifundio privado pero si latifundio estatal y la mayoría de las tierras están improductivas; antes se permitía libremente la comercialización y consumo del ganado mayor y habían en abundancia hoy no; antes no existían tantos intermediarios y todo fluía mejor, hoy hay demasiados intermediarios que obstaculizan todo el proceso productivo y de comercialización, generando ilegalidades y pocos beneficios para el productor; antes las personas estaban estimuladas a producir hoy se nota en muchos lugares poco incentivo productivo, por lo que hay que pincharlos como a los bueyes; hoy la gente del campo viven más dignamente que antes, pero no con las mejores condiciones de vida que los tiempos actuales demandan; antes una parte significativa del campesinado no tenía derechos y hoy todos los derechos de los productores no son debidamente representados por la ANAP, por lo que el desestimulo pulula. A todas luces indica una REVISIÓN INTEGRAL y ACCIÓN CONCRETA cuanto antes.

Cada vez que son maltratados o vulnerados los DERECHOS de nuestros campesinos es como si se REVIVIRA el vil suceso contra Niceto Pérez, aunque en otro contexto, claro está; es por esto que los líderes de la ANAP no deben ser políticos sino campesinos que defiendan los intereses de sus congéneres, quienes jamás deben estar de espaldas a estos en beneficio de las empresas estatales o cooperativas, porque su misión fundamental es representar a los agricultores pequeños individuales o asociados a cooperativas y defender sus DERECHOS, no sindicales, sino agroproductivos, económicos y legales.

Existen tantas formas productivas que sus nombres se convierten en EUFEMISMOS, que ni con créditos ni con servicios se logra la productividad esperada, por lo que todas deben ser Cooperativas con los MISMOS derechos y beneficios, y SIN TANTAS ATADURAS a las empresas estatales, que pegadas como SANGUIJUELAS PARÁSITA las ASFIXIAN, por lo que deberá propiciárseles MAYOR AUTONOMÍA e INDEPENDENCIA FUNCIONAL.

Las Cooperativas exitosas deberán llevar a sus fincas a los productores y ejecutivos de las cooperativas que no lo sean, para que aprendan viendo y haciendo, y luego que los exitosos productores vayan con los de bajos niveles productivos a sus fincas para supervisar, asesorar, para enseñar y corregir sus deficiencias en el terreno. Igual proceder se deberá hacer entre los agricultores pequeños, todo lo cual tributará en incrementos productivos por BUENAS PRÁCTICAS. Debemos dejar atrás la mala práctica de beneficiar a unos y a otros dejarlo a su suerte, debe primar la equitatividad, si de verdad deseamos incrementar los niveles productivos y lograr satisfacción individual y social.

Tenemos muchos Ingenieros Agrónomos, Doctores y Científicos, pero esto no se traduce en INCREMENTO de NIVELES PRODUCTIVOS en la base ni en más calidad, por lo que esto hay que REVERTIR LO con urgencia, porque los adelantos científicos técnicos son un imperativo, así como la obtención de mejores semillas y el incremento de cultivos orgánicos, y el mejor tratamiento a la masa ganadera, para coadyuvar a los necesarios incrementos productivos que redunden en beneficio popular e individual.

Durante años nos han hecho entender que el Bloqueo/Embargo EXTERNO de USA dificultaba sobremanera este proceso, pero más obstaculiza el BLOQUEO INTERNO, ya que frena el desarrollo de las FUERZAS PRODUCTIVAS y estanca la BASE ECONÓMICA, que si implementamos estas medias y otras de seguro habrán NOTABLES INCREMENTOS PRODUCTIVOS en beneficio del pueblo, que redunda en mejores condiciones de vida del campesinado cubano, a saber:

1.- Debe ser un criterio generalizado que todas las tierras improductivas sean entregadas a quien la trabaja en propiedad no en usufructo, porque no se resuelve el problema, al no haber sentido de pertenencia y esto afecta la productividad y la motivación.
2.- Que se le permita al campesino IMPORTAR directamente, SIN INTERMEDIARIOS, como se hace con los artistas, artesanos y otros, lo que implicará más insumos, materias primas, desarrollo tecnológico e industrial.
3.- Permitir que el campesino compre directamente sus insumos en los mismos establecimientos que los estatales y cooperativos, en igualdad de condiciones y con los mismos beneficios.
4.- Que el Estado pague PRECIOS JUSTOS y EN TIEMPO, y ponga sus impuestos, que no tope los precios, que el MERCADO se autorregule con productividad y calidad.
5.- Que se permita que el agricultor pequeño pueda CONSUMIR TODAS SUS PRODUCCIONES y que pueda COMERCIALIZAR DIRECTAMENTE SUS PRODUCCIONES SIN INTERMEDIARIOS en los Mercados, lo que implicará menores precios, y que se acuerde estatalmente con el productor y su Cooperativa la entrega a organismos de productos directamente sin intermediarios. 
6.- Que se le permita al productor beneficiarse directamente de la EXPORTACIÓN de sus producciones, lo cual generalmente se queda en las empresas encargadas, o que se les autorice a EXPORTAR DIRECTAMENTE.
7.- Permitir las INVERSIONES directas de extranjeros y de cubanos, tanto residentes en Cuba como los emigrados, en todo caso con PROBADA LICITUD del capital y sin tanta burocracia que limite o espante el proceso inversionista, con la lógica supervisión de los organismos competentes.

Finalmente, en el cuerpo de la primera y la segunda Ley de Reforma Agraria se dispuso que estos cambios eran necesarios para permitir y lograr el despegue económico de la nación y los incrementos productivos, algo que desafortunadamente en la práctica no ocurrió así, ya sea por factores endógenos y exógenos, todo lo cual indica la insoslayable necesidad de una tercera y definitiva REFORMA AGRARIA en Cuba, que posibilite que las FUERZAS PRODUCTIVAS sean LIBERADAS y con ello sean modernizados los medios de producción, que se traduce en INCREMENTO de los NIVELES PRODUCTIVOS y un mejoramiento del nivel de vida del campesinado, propiciándose con esto un NOTABLE INCREMENTO en el BALANCE ALIMENTICIO del pueblo y de las EXPORTACIONES, beneficiándose la economía nacional, lo que implicará un equilibrio adecuado entre la micro y la macroeconomía.

viernes, 15 de mayo de 2020

ISRAEL BÍBLICO, SU INFLUJO EN LA PAZ

Israel es un país que data de los tiempos bíblicos, siglos antes del nacimiento de Jesucristo, el cual se encuentra ubicado geográficamente en la antigua región de Canaán del Levante Mediterráneo, perteneciente al Oriente Próximo, también conocido por Asia Menor u Occidental, cuyo nombre deviene del Patriarca Jacob, hijo del Patriarca Isaac, nieto del primer Patriarca postdiluviano Abraham, toda vez que el nombre Jacob fue cambiado por el ángel con el que luchó, quien al bendecirlo lo llamó Israel, cuya traducción del hebreo antiguo significa “uno que ha luchado con Dios”.

Por primera vez los hebreos son llamados “hijos de Israel” en el Libro del Éxodo del Antiguo Testamento de la Biblia Cristiana, que nace de la Torá, que contiene el Pentateuco, que integra la Tanaj (Biblia hebrea) de la religión judía o Judaísmo, y más adelante, cuando salen de la esclavitud egipcia guidados por el Patriarca Moisés, por mandato de Dios, hacia la Tierra Prometida: Canaán, aproximadamente por el año 1250 del Siglo XIII  a. C., aunque existen algunos autores que alegan que fue hacia el Siglo XV a. C. 

En el propio Libro de Éxodo son llamados por primera vez como “pueblo de Israel” y su gentilicio “israelitas”, y luego de 40 años vagando por el desierto, tiempo en el cual Dios le revela a Moisés en el Monte Sinaí los 10 Mandamientos, se establecen en la Tierra Prometida como un pueblo bajo el mandato de los Jueces y años más tarde se unifican como el Reino de Israel.

Significo que varias de las fechas que aquí se aluden, principalmente las del mundo Antiguo, son imprecisas, toda vez que en oportunidades no existe evidencia histórica sino tradiciones orales prehistóricas, transmitidas de generación en generación, que luego algunas fueron escritas con las consecuentes inexactitudes, amén de que la Biblia no es un libro de Historia sino de fe, aunque indudablemente refiere hechos históricos de valor incalculable. Téngase en cuenta, además, los diferentes calendarios antes existentes: egipcio, hebreo, juliano, gregoriano, entre otros, que complejizan aún más este tema.

Se cree que hacia el año 1´800 del Siglo XVIII a. C. el Patriarca Abraham, con 75 años, proveniente del ancestral pueblo semita, siguiendo el llamado de Dios (YHWH: Yahweh), partió desde la antigua región de Mesopotamia hacia la entonces Canaán, donde estableció su descendencia, convirtiéndose así en el primer hebreo, palabra que significa “el que viene del otro lado”, dando origen a la religión de los hebreos, que siglos más tardes fue acuñada como Judaísmo, en honor a Judá, el cuarto de los doce hijos del Patriarca Jacob, éste también conocido por Israel, que conformaron las 12 Tribus de Israel. 

En sentido territorial Judea es la localidad donde se asentó una de las 12 Tribus hebreas/israelitas, lideradas por Judá, que luego fuera reconocida como el Reino de Judá conformado por 2 de las 12 Tribus. El gentilicio judío fue aplicado por primera vez en el Libro de Ester del Antiguo Testamento, término que luego se equiparó al del pueblo hebrero/israelita. A la región de Israel también se le denomina Sion en el Antiguo Testamento por alegoría con el Monte Sion, lugar donde se erigió por el Rey Salomón el Templo del Rey David en Jerusalén.

Se estima que el nacimiento y evolución del Judaísmo, como religión estructurada, no ya como secta o culto, tal cual era en tiempos de Abraham y su descendencia más cercana, está estrechamente vinculada al de los reinos de Israel y Judá, cuya datación la podemos encontrar en los períodos de la Historia Antigua conocidos como la Edad de Bronce reciente y la Edad de Hierro de Oriente Próximo, hacia los Siglos XIV – XII a. C., entre los años del 1400 – 586 a. C., en fecha imprecisa, cuyo origen se cree que emerge de las antiguas religiones politeístas semíticas y cananeas, con el marcado influjo posterior de otras religiones. 

No cabe dudas que es Abraham, el primer Patriarca postdiluviano, el Padre de la religión judía o Judaísmo, distinguiéndose en ese entonces por su adoración monolástrica, que no podemos confundirlo con el henoteísmo, toda vez que el primero reconocía la existencia de muchas deidades pero solo una era digna de venerar, y en el segundo caso el creyente venera un solo dios sin negar que otros creyentes puedan venerar dioses diferentes de igual validez (El, Elohim, entre otros). 

Se cree que el henoteísmo surgió bajo el reinado del Faraón Akenatón en Egipto con el culto a Atón, hacia el año 1350 del Siglo XIV a. C., que a su muerte fuera proscrito y “borrado de la historia” por los egipcios politeístas, conocido como el primer atisbo histórico de monoteísmo, aunque sin llegar a serlo propiamente.

No olvidemos que éste fue uno de los faraones egipcios que dominó la antigua tierra de Canaán, y no es de dudar que el influjo de su henoteísmo llegó a permear el politeísmo cananeo y la adoración monolástrica abramhánica primigenia, por lo que siglos más tarde los israelitas emergen con el henoteísmo venerando solo a su Dios (YHWH).

Años más tarde le permitió al Judaísmo evolucionar al monoteísmo estricto hacia cerca del Siglo VII, según lo evidencian los siguientes Libros y versículos del Antiguo Testamento: Éxodo: 15:11, 18:11, 20:3, 20:5 y 34:14; y Salmos: 96:4, 97:9 y 136:2); por lo que se presume que fue en la época de los Profetas que el Judaísmo se convirtió en la primera religión monoteísta del mundo. 

Otra tendencia, según la historiografía, hace suponer que con el surgimiento de la escritura y la necesidad de reescribir las tradiciones orales que inicialmente conformaban el Antiguo Testamento, en la primera diáspora de los judíos impuesto por el Imperio Neobabilónico, hacia el Siglo VI a. C., los israelitas exiliados pasan a ser monoteístas, recibiendo influjos del zoroastrismo (mazdeísmo) cuando la dominación del Imperio Persa permitió su retorno a Israel; que luego bajo el dominio grecoromano se helenizó, implicando significativos los influjos sincréticos.

A la salida de Egipto, ya establecidos los israelitas en Canaán, en el año 1030 a. C., los reinos de Israel y Judá, que conformaron las 12 Tribus hebreas, deciden unificarse para enfrentar los ataques constantes de otros reinos, es cuando bajo el reinado de Saúl nace el Reino unificado de Israel, como reconocimiento al pueblo elegido por Dios, que luego, bajo el mandato del Rey David, por su obediencia, se logró su máxima extensión y esplendor, quien indicó la construcción del Templo de Jerusalén para la adoración a Dios, construido por su sucesor e hijo: el Rey Salomón, y a su fallecimiento en el año 928 a. C. se dividió nuevamente en los reinos del Norte (Israel) y del Sur (Judá), propiciando su debilitamiento y continuas incursiones y dominaciones extranjeras. Muchos de los aspectos antes expuestos se encuentran muy bien narrado en el Antiguo Testamento.

El Judaísmo, como religión, se implementó pacíficamente, pero fue creciendo por pugnas tribales o étnico-religiosas, hasta que para enfrentar a otros reinos se convirtió en el reinado unido de Israel y así fue creciendo por sucesivas guerras de conquistas, muchas de las cuales llegan hasta nuestros días, aunque la generalidad de los judíos profesan la necesidad de vivir en armonía y en paz, toda su historia violenta queda reflejada en el Antiguo Testamento y hasta en el Nuevo Testamento contra las enseñanzas de Jesús de Nazaret y sus seguidores, considerado por muchos como el Mesías o el Cristo, por lo que fue llamado Jesucristo, algo que no fue reconocido por la mayoría de los judíos.

Después de su crucifixión a sus seguidores se les llamó por primera vez cristianos en Antioquía, deviniendo de ahí el nombre de la religión cristiana o Cristianismo, en honor a Cristo Jesús, quien anunció que en Pentecostés, hacia el año 33 del Siglo I d. C., iniciarían las actividades de su Iglesia; que en tiempos de Jesucristo era considerada una secta judía, porque Jesús también era judío y nunca estuvo dentro sus pretensiones separarse sino darle pleno cumplimiento a las Sagradas Escrituras y a las palabras de los Profetas, todo lo cual no fue comprendido por la mayoría de los judíos.

La separación de lo que antes era una secta judeocristiana del Judaísmo inevitablemente germina cuando Jesucristo comienza a evangelizar a los gentiles y otros paganos, que luego de su crucifixión se radicaliza por lo que le hicieron los judíos, y finalmente al proclamarse que no era necesaria la circuncisión para poder convertir a los que no eran judíos, quienes no deseaban hacer este acto por considerarlo como algo aberrante y arcaico, llamados prosélitos (gentiles y paganos). 

El verdadero punto de inflexión que propició el cisma fue que el Judaísmo no siguió sus propias profecías ni las Sagradas Escrituras, toda vez que no reconocieron la venida del Mesías o Cristo en la persona de Jesús de Nazaret, ni comprendieron su mensaje salvífico ni el Plan de Dios de unir a sus hijos dispersos por el mundo, y de ahí la necesidad de evangelizar fuera de los judíos, motivo por el cual se sucede la ruptura del Cristianismo con el Judaísmo, algo que NUNCA debió acontecer.

Lo que debió ser un trance normal, natural y espontaneo se volvió en la mayor ignominia y desobediencia del pueblo elegido por Dios, motivo por el cual hasta nuestros días no encuentran lo que Dios les tiene prometido, aunque no los abandona a su suerte, pues es un Dios misericordioso. 

La secta judeocristiana de los orígenes del Cristianismo primitivo, y las antiguas sectas judeomesiánicas no cristianas denotan intentos fallidos de lo que debió significar un tránsito o evolución natural del Judaísmo al Cristianismo, que si hubieran sido bien encaminadas las acciones no se hubieran escindido, ni siglos más tarde se hubiera dado lugar al nacimiento del Islamismo. 

Otros sustentan que el Cristianismo solo fue una rama de las religiones grecorromanas que habían helenizado al Judaísmo, por lo que se afirma que en sus orígenes tal vez haya un marcado sincretismo inevitable, algo que ocurrió en los orígenes de todas las religiones existentes y en muchas se evidencia incluso en su evolución y desarrollo.

Durante siglos los cristianos fueron perseguidos y martirizados por los judíos y por el Imperio Romano, pero esto no impidió el rápido ascenso del Cristianismo como religión pacífica, por lo que por su importancia estratégica en la geopolítica, en el Siglo IV d. C., se decretó como la religión oficial y obligatoria dentro del Imperio Romano, bajo el mandato del Emperador Constantino I, quien lo materializó al convocar el Primer Concilio de Nicea en el año 325 d. C., donde se combate la herejía del arrianismo. 

Fue a partir de aquí que se incrementó su influjo, lo cual le permitió un crecimiento mucho más rápido al que hasta este entonces había experimentado, logrando así la seguridad que nunca antes tuvo, por lo que más tarde se volvería una religión guerrerista e impositiva para mantener sus posiciones en Europa y Oriente, así como en la expansión colonial europea hacia el Nuevo Mundo conquistado y otros lares, algo que con el devenir de los años cesó, aunque existen ciertas sectas cristianas con tendencias belicistas, pero no es la generalidad ni se aceptan sus actos.

El Cristianismo, por su parte, hizo lo suyo al separarse tanto que hoy constituye la mayor vergüenza dentro del mundo religioso, aun y cuando es la de mayores adeptos es también la más dividida, cuyos Cismas datan desde el Siglo III d. C. hasta nuestros días, motivado por cuestiones cristológicas, ideologías, intereses económicos o políticos, y por posiciones teológicas declaradas heréticas o contrarias a los cánones, por lo que sus precursores y seguidores fueron excomulgados, desterrados, exiliados y hasta asesinados, lo cual no implicó su eliminación, pues floreció en otras ramas o sectas cristianas que luego devinieron separadas, tal como lo conocemos actualmente, todo lo cual encontró tierra fértil en el Oriente Próximo.

Lo antes expuesto no solo fracturó al Cristianismo sino que encontró el caldo de cultivo para el surgimiento del Islamismo, que si no se hubieran tratado inadecuadamente estos temas, pensando que “extirparían el mal de raíz”, hoy no existiría el Islamismo, y el Cristianismo sería mucho más profuso en todo el mundo, quizá hasta se hubieran aliado el Judaísmo y el Cristianismo, que ineluctablemente debe acontecer para encontrar la paz, lo cual propiciará que el Islamismo se sume por transitividad.

El sirio Bahira, Monje cristiano Nestoriano, del gnosticismo, iconoclasta, declarado hereje por su postura de no reconocer la divinidad de Jesús, a quien solo reconocen como el Cristo o Mesías, reconoce en Mahona el profeta que esperaban, por lo que lo adoctrinó y nace así el Islam (sumisión a la voluntad de Dios) o Islamismo, siendo el primer musulmán en el siglo VII, año 610 dC, o algunas versiones en el siglo VI, año 579 dC. en la Meca,  
llamándose a sus seguidores musulmanes, cuyos preceptos están contenidos en el Corán (Biblia musulmana), que parte de las Sagradas Escrituras del Judaísmo, cuyos sustentos teológicos provienen de algunos pensamientos teológicos que durante siglos sembraron actitudes cismáticas dentro del Cristianismo, algunos de los cuales fueron declarados heréticos, dentro de los cuales destacan el arrianismo, el nestorianismo, entre otros, como el abandono a la idolatría, sustentados en los preceptos de los iconoclastas en contraposición a la iconodulia. 

El Islamismo desde sus orígenes se extendió por imposición militar por las guerras de conquistas del Profeta Mahoma, lo que continuaron sus seguidores después de su muerte, y los pueblos sojuzgados muchas veces no tenían de otra que convertirse al Islam; sin embargo no se puede absolutizar en el sentido de que todos los pueblos que se islamizaron fueron por la vía de la fuerza, toda vez que está demostrado que muchos pueblos lo vieron como una necesidad histórica de unidad étnica para evitar otras invasiones y porque suponía una mejora económica. Aun cuando en la actualidad la gran mayoría de los musulmanes profesan el pacifismo, existe un número significativo que siguen las tendencias beligerantes.

Es entonces cuando se completa el cuadro geopolítico y religioso de la zona territorial del Israel bíblico, una de las más importantes del entonces “mundo conocido”, que une a tres Continentes (Europa, África y Asia), y que se volvería aún más inestable, ya no solamente por cuestiones políticas, militares, económicas o étnicas, sino por la pugna del dominio de las tres religiones más importantes del mundo antiguo y que lo siguen siendo hasta nuestros días, por demás hermanas al provenir del Patriarca Abraham, de ahí que se denominen religiones abrahamánicas o del Libro, porque sustentan todas sus enseñanzas y preceptos en sus biblias, cuyo origen encuentran estas tres religiones hermanas en la Torá, que complementa la Tanaj hebrea.

Con el devenir de los años sucesivos estas tres religiones comenzaron a querer imponerse como dominante, y cada una reclamó como suya la Tierra Santa: Jerusalén, todo lo cual trajo sucesivas oleadas de guerras de conquistas o “guerras santas” entre estas tres religiones abrahamánicas hermanas, pero también dentro de ellas mismas, toda vez que el sectarismo y las actitudes cismáticas de algunos de sus seguidores propiciaron rupturas, que incluso hasta la fecha encontramos sus vestigios.

Lo antes expuesto colocó hasta nuestros días al Asia Occidental en una de las zonas más inestable del mundo, convirtiendo la esencia pacifista y de amor al prójimo que estas tres religiones hermanas profesan en un ideal, más no en una realidad totalmente palpable, atizado por la intolerancia religiosa que las ha caracterizado históricamente, que en los últimos años se ha trabajado en un diálogo interreligioso y ecuménico, que en lo profundo no logran conciliar del todo, lo que demuestra que es algo que debe ser resuelto desde plano religioso, para que la paz y la unidad, que tanto propugnan, realmente acontezcan y sea agradable a Dios, contribuyendo así a Su Plan divino de unir a Sus hijos dispersos por el mundo.

Por lo que deberán trabajar mucho en la tolerancia religiosa, tomando como premisas que en todas, en sus orígenes, hubo su poco de sincretismo, pero a la hora del diálogo interreligioso para la búsqueda de cooperación entre estas tres religiones hermanas ninguna da su brazo a torcer y es como si se trancara el juego de dominó, solo que aquí nadie gana, por el contrario los perjuicios son mayores diariamente. 

El análisis del ecumenismo o restauración de la unidad de los cristianos será objeto de otros apuntes, por lo que no ahondaremos en este particular por el momento, toda vez que harían aún más extensos estos análisis.

Dentro de los logros del diálogo interreligioso que a nivel internacional se han aprobado, podemos significar la aprobación de: el Parlamento Mundial de Religiones (1893); la Asociación Internacional para la Libertad Religiosa (1900); el Movimiento de los Focolares, (1943); y el Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso, como fruto de la declaración Nostra Aeate (en latín: Nuestro tiempo) del Concilio Vaticano II (1959 – 1965); estas dos últimas son iniciativas pertenecientes a la Iglesia Católica. 

Lo antes expuesto evidencia que los seres humanos han comprendido la necesidad de la tolerancia y del pluralismo religioso, que constituyen Derechos Humanos proclamados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, aprobada por la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU).

Significo que libertad de expresión no alude, en modo alguno, atacar las creencias religiosas preestablecidas con una filosofía y teología sólidamente elaboradas, ni menos aún se puede confundir que la libertad religiosa o de credo significa que se sigan potenciando las actitudes cismáticas, que devienen en nuevas sectas, que encubren intereses económicos más que religiosos.

Después de la postguerra, al conocerse los horrores del Holocausto, algunos sacerdotes, teólogos y laicos católicos promovieron la revisión del tratamiento teológico que la Iglesia daba al Judaísmo, como reacción al antisemitismo nazi considerado como genocidio, cuyo origen se encontraba en el antijudaísmo cristiano y su “enseñanza del desprecio” hacia los judíos; por lo que en 1947 se celebró la Conferencia de Seelisberg, de la que salieron varias propuestas, dentro de las que destaca la revisión de la doctrina católica respecto del judaísmo, donde recordaron que el Antiguo Testamento es el tronco común del Cristianismo y del Judaísmo, y se enfatizó que Jesús, la Virgen María y los apóstoles eran judíos. 

En tal virtud se concluyó que no podía responsabilizarse de la muerte de Jesucristo a los judíos, pues fue algo que aparece profetizado en las Sagradas Escrituras y formaba parte del Plan salvífico de Dios a causa de la humanidad entera, rechazándose la idea de que el pueblo judío estuviera maldito y fuera condenado por Dios al sufrimiento. En 1959, bajo el pontificado de Juan XXIII, lo antes expuesto se lleva a su máxima expresión, indicándose eliminar la referencia a los “pérfidos judíos” de la liturgia del Viernes Santo.

El Papa Juan XXIII, en el marco del Concilio Vaticano II, encargó el tratamiento del tema de normalizar la relación de la Iglesia Católica con el Judaísmo, por lo que se confeccionó la declaración Nostra Aetate, calificado como uno de los documentos señeros del Concilio, que incluye algunas de las reformas más trascendentales, cuyo contenido trata sobre la restauración de la unidad entre los cristianos (ecumenismo) y las relaciones de la Iglesia Católica con las religiones no cristianas (diálogo interreligioso), estableció bases nuevas en las relaciones de los católicos con los judíos, los musulmanes, los budistas, los hindúes y demás creyentes de otras religiones no cristianas.

El Papa Francisco en su primera exhortación apostólica Evangelii Gaudium, aludió al Evangelio y a la importancia del diálogo interreligioso, y en varios encuentros interreligiosos ha recordado que las religiones ayudan al mundo a encontrar la paz no la guerra, por lo que nunca han de ser manipuladas para favorecer conflictos y enfrentamientos.

Estos conflictos étnicos-religiosos y geoestratégicos hay que entenderlos desde sus raíces para poder trabajarlos y encontrar el punto en común, y sobre esta base lograr acuerdos viables que permitan la unidad entre estas tres religiones hermanas abrahamánicas, separadas por teologías y guerras fratricidas ancestrales, que si se complementaran más entre ellas y se comprendieran mejor las Sagradas Escrituras, que no es más que la palabra revelada de Dios, todo tributaría mucho mejor a la unidad entre estas y con ello contribuiría a la Paz Mundial. 

La violencia religiosa es algo fuera de discusión, porque no es la voluntad de Dios, aun y cuando vemos muchas instigaciones “divinas” a la guerra y al exterminio étnico en el Antiguo Testamento cristiano o en la Torá de los judíos, también tomado como patrón por los musulmanes, pero no es parte del Plan de Dios, son los hombres con su propensión al mal los que han distorsionado Su Palabra, la cual es mucho más clara en el Nuevo Testamento de la Biblia Cristiana, toda vez que Su Hijo unigénito: Jesús, el Cristo o Mesías, nos enseña que hay que perdonar 70 veces 7, que debemos amar al prójimo como a uno mismo, y cuando nos enseñó el Padre Nuestro nos legó que debemos perdonar a los que nos ofenden y no caer en tentaciones, por lo que todo Su mensaje es sustentado en la PAZ, que se materializa en el Sermón de la Montaña, en el cual Jesús nos enseña la no violencia y el amor a los enemigos, transmitiéndonos así el verdadero mensaje de Su Padre amoroso y misericordioso.

Es por esto que muchos detractores de las religiones afirman que la violencia es una consecuencia casi inevitable de la irracionalidad de los preceptos religiosos y la posesión de la verdad, y otros lo llaman el opio de los pueblos, algo que hemos analizado en otros apuntes con anterioridad.

El fanatismo religioso y todo lo que ello trae aparejado es aprovechado por los señores de la guerra, muchas veces agnósticos, para sus fines políticos, militares y otros intereses económicos, encubiertos con ideales religiosos; de ahí la expresión de que “religión y política son dos caras de la misma moneda”, ideal que debemos juntos descontruir para el bien de la humanidad y la paz mundial.

Es por esto que los ateos atacan al Judaísmo y al Cristianismo alegando que hoy se consuelan mutuamente pensando que el Islamismo es la única religión violenta, tildándonos de amnesia al desconocer intencionalmente su pasado violento: inquisición, guerras santas o guerras de religión, cruzadas, antisemitismo, sionismo, yihadismo, proselitismo, radicalismo religioso, violencia sectaria, cacería de brujas y magos, la homofobia, el maltrato contra la mujer, la lucha contra el aborto, la idolatría, herejía, extremismo religioso, persecución de los paganos, entre otros. Todo lo cual denota lo necesario de la pronunciación del Papa San Juan Pablo II en el 2000, cuando públicamente pidió perdón por los pecados cometidos en el pasado por, la iglesia que dignamente representó, afirmando que jamás se volverían a repetir.

Además de las tres religiones abrahamánicas tradicionales existen otras religiones con historias o tradiciones violentas, como por ejemplo: Budismo, Hinduismo, Mormonismo, Sijismo, entre otras, quienes han impedido que el Cristianismo se generalice por sus territorios; por lo que teniendo en cuenta que el tema de nuestro análisis reflexivo se centra en el Israel Bíblico y por transitividad en las tres religiones que más impactan negativamente al sostenimiento de la paz en esta región, en estos apuntes quedan descartadas estas otras.

Para conocer la verdad de la belicosidad de esta región, además de todo lo antes referido, debemos remontarnos al estudio de la Historia Antigua y a la lectura del Antiguo y Nuevo Testamento, donde se narran la ascensión y declive del Reino de Israel, así como las continuas ocupaciones que sufrió el pueblo de Israel por varios imperios, dentro de los cuales destacan los imperios más grandes del mundo antiguo: el Greco-Macedónico y el Romano, y que años más tarde, cada uno en su tiempo, cambiaron el nombre de Israel por el de Palestina, para sojuzgar rebeliones y humillar a los judíos; algo que veremos más adelante con mayor detenimiento.

Apuntes históricos necesarios sobre Israel bíblico

La tierra que hoy ocupan Israel y los territorios Palestinos, antes conocida como el reino unificado de Israel, según como se describe en la Biblia, ha estado habitada y disputada desde los albores de la civilización; se estima que los primeros humanos y sus presuntos antepasados estuvieron en esta zona hace unos 2 millones de años atrás. 

Un poco más acá, entre el 10´000 y el 8´000 a. C., en la cercana Mesopotamia, perteneciente a parte de la extensión territorial conocida por Creciente Fértil, se comienzan a asentar los primeros hombres antiguos, quienes se fueron desplazando hasta lo que antiguamente se conocía por Canaán, nombre que deviene del nieto de Noé, toda vez que la historiografía define que la mayoría de estos primeros pobladores eran de origen semítico, descendientes de Sem, hijo mayor de Noé, el último Patriarca prediluviano, cuya cadena genealógica de sus predecesores la conocemos por los pasajes bíblicos.
Por otra parte, su situación geoestratégica, que entrelaza tres continentes, y sus recursos naturales: hídricos, petrolíferos, entre otros, son motivos adicionales para ser objeto de varias incursiones imperiales de reinos antiguos y modernos,  que más adelante relacionaremos cronológicamente para mejor ilustración.

Durante el III milenio a. C., la zona de Canaán estuvo ocupada por tribus seminómadas de pastores. A finales del II milenio a. C. surgieron centros urbanos y, por algunos papiros egipcios, se sabe que los Faraones tenían gran interés e influencia en la zona. Alrededor del 1´800 a. C. se cree que el Patriarca Abraham condujo a su tribu nómada desde Mesopotamia hasta una tierra que la Biblia llama Canaán, la tierra prometida por Dios.

La Historia de los hebreos/israelitas en la tierra de Canaán/Israel, según como hemos expuesto con anterioridad, comienza con los hijos de Jacob/Israel, que por la sequía y las malas cosechas las 12 Tribus de Israel, descendientes de Jacob, se vieron forzados a trasladarse a Egipto, por lo que sus descendientes fueron esclavizados por un Faraón egipcio, y 400 años más tarde fueron liberados por Moisés y conducidos de vuelta a la tierra de Canaán/Israel hacia el 1250 a. C., lo que bíblicamente se conoció como el Éxodo de los israelitas de Egipto a la Tierra Prometida, dando lugar a la consolidación identitaria de los israelitas como pueblo.

Los problemas con los cananeos y filisteos forzaron a los israelitas a abandonar su flexible sistema tribal y a unificarse para enfrentarlos, gracias al rey Saúl; todo lo cual fue llevado a su máximo esplendor con los reyes David y posteriormente con su hijo Salomón, quienes mantuvieron unificado todo el reino de Israel y Judá.

Luego de la muerte del Rey Salomón, por el año 928 a. C., se separa el reino de Israel, el Sur (denominado reino de Judá) se queda en manos de Roboam, uno de los hijos de Salomón, con el apoyo de 2 de las 12 Tribus (Judá y Benjamín), y el Norte (denominado reino de Israel) en manos de uno de los seguidores de Salomón: Jeroboam I, con el apoyo de las restantes 10 Tribus, quedando así dividido, definitivamente, lo que un día fue un gran reino agradable a los ojos de Dios.

El norteño Reino de Israel, que comprendía ahora solo Samaria y Galilea, posteriormente, hacia 720 a. C., después de dos siglos, fue sojuzgado por el dominio del Imperio Neoasirio, por lo que el Reino del Norte y las 10 tribus que lo habitaban se perdieron para siempre, toda vez que los israelitas deportados, exiliados o en la diáspora se mezclaron y diluyeron entre la población asiria, llamándoseles en adelante las diez tribus perdidas. 

El Imperio Neoasirio colapsó a fines del Siglo VII a. C. por varias invasiones conjuntas. Entre el 612 y el 559 a. C. Asiria fue dividida entre el Imperio Medo al este y el Imperio Neobabilonio al oeste. Años más tarde, en el 539 a. C., ambas partes fueron incorporadas al Imperio Aqueménida o Persa.

El Reino de Judá o Israel del Sur existió como Estado independiente durante 344 años, es decir, hasta el año 586 a. C., cuando fue conquistado por el Imperio Neobabilónico (586-539 a. C.), quienes destruyen el primer Templo de Jerusalén, y decretan el exilio o diáspora de los judíos o pueblo de Israel del Sur hacia Babilonia, lo que, a diferencia de las otras 10 Tribus del Norte, no se mezclaron y mantuvieron su estirpe, según como veremos más adelante.

Incursiones militares y de dominación en Israel

Como hemos expuesto con anterioridad, la tierra de Canaán, luego conocida por Israel, fue dominada por varias potencias extranjeras, tanto en la antigüedad como en la era moderna, comenzando por los Faraones egipcios hasta llegar a la dominación por el Imperio Británico.

Una de las dominaciones más importantes, por lo que significó para lo que quedaba del pueblo de Israel, fue la del Imperio Persa o Aqueménida o Zoroastriano (559-330 a. C.), cuya expansión territorial comenzó durante el reinado de Ciro II El Grande, quien en el año 539 a. C. derrota al Imperio Babilónico, lo que trajo como consecuencia que años más tarde, en el 537 a. C., se pusiera fin a la diáspora de 47 años, permitiendo el retorno de los judíos de Babilonia a su tierra natal: Israel (Sion), y que en el Siglo VI a. C. el Imperio Persa les permitió a los judíos que fuera reconstruido el Segundo Templo de Jerusalén. 

Es mérito significar que lo que un día fue el reino unido de Israel bíblico no sería más, toda vez que el entonces reino del Norte siguió ocupado por pobladores de varias naciones sin identidad lingüística ni cultural bajo dominio del Imperio Persa en los años subsiguientes, al igual que las tierras de Judea (Israel del Sur), con la diferencia que estaba ocupada por los judíos que retornaron de la diáspora, a quienes se les permitió sus tradiciones y religión.

En el 330 a. C. el Rey Darío III fue vencido por el conquistador Alejandro el Grande (Alejandro Magno), finalizando así este gran imperio, dando origen al Imperio greco-macedónico; algunos historiadores aluden que esto ocurrió hacia el 333, pero como antes expusimos es normal las imprecisiones de datación en estos tiempos antiguos.

Las tierras del Israel bíblico fueron gobernadas por el Imperio Griego-Macedónico  fundado por el legendario Alejandro Magno, que rigió su dominación imperial en estas tierras hacia el 332-167 a. C. Después de su muerte, y la división del imperio de Alejandro de entre sus generales, el reino seléucida se formó, iniciándose la era helenística. 

Fue en esta etapa cuando se escribió la Septuaginta o lo que es lo mismo la Biblia Griega escrita por los 70. En este período también fueron sofocadas varias revueltas judías y se borró por primera vez el nombre de Israel y en su lugar se impuso el de Palestina, comenzando así la ignominia histórica que llega hasta nuestros días y es fruto de grandes conflagraciones, según como explicaremos más tarde. 

Mérito significar que lo que un día fue el reino del Norte (Israel) se mantuvo en el mandato griego ocupado por los llamados palestinos, que nunca fueron una nación ni un pueblo, sino más bien pobladores de varias naciones, sin identidad lingüística ni cultural, toda vez que las 10 Tribus del Norte se perdieron, a diferencia de los ocupantes del reino del Sur (Judá), que si eran judíos o israelitas, a quienes como antes expusimos los persas les permitieron su retorno de la diáspora desde Babilonia y mantuvieron sus tradiciones.

Un deterioro de las relaciones entre los judíos helénicos y judíos rabínicos, llevó al rey seléucida Antíoco IV Epífanes a imponer decretos que prohíben determinados ritos religiosos y tradiciones judías. En consecuencia, los judíos ortodoxos se rebelaron bajo el liderazgo de la familia hasmonea, también conocido como Macabeos, dando origen así al Reino Asmoneo (167-37 a. C.).

Luego irrumpe en la historia la dominación romana, del 37 a. C. al 324 d. C., del Siglo I a. C. hasta el IV d. C., que mantuvo sojuzgada la Tierra de Israel del Sur (Reino de Judá) y la llamada Palestina por los griegos, coincidiendo con la vida de Jesucristo, por lo que todo el antiguo territorio de la nación del Israel bíblico quedó bajo dominio del Imperio Romano. 

En el año 70 del Siglo I d. C., el general romano Tito, sofoca una tercera rebelión judía, y destruye, una vez más, el Templo de Jerusalén, del cual queda hasta nuestros días un muro: el llamado “muro de las lamentaciones”, y provoca, una vez más, la expulsión del pueblo judío de las tierras que ellos consideran sagradas, por lo que se inicia así la segunda diáspora (dispersión) de los judíos. 

El emperador romano Adriano se dispuso barrer con la identidad de Israel (Judá-Judea), y como consecuencia, retomó el nombre de Palastina imponiéndolo en toda la tierra de Israel bíblico (el Norte y el Sur), anexándola al Imperio Romano como una provincia más, denominada Syria Palestina, todo lo cual llevó la ignominia a su máxima expresión. Por lo que el solo nombre Palestina es una aberración histórica para los descendientes de las 12 Tribus de Israel, herederos de Abraham, Isaac y Jacob, dentro de los cuales también se encuentran los que siguieron habitando en este denominado territorio de Palestina.

El Imperio Romano, con el tiempo, por los constantes ataques, luchas internas y debilitamiento económico y político, se fue subdividiendo en Occidente, Oriente y Germano (Central), pero este último no tuvo influencia directa en esta zona a no ser por medio de las Cruzadas que más adelante veremos. 

Con el Imperio Bizantino, también denominado Imperio Romano de Oriente (324-638 d. C.) comienza una nueva dominación extranjera sobre el pueblo de Israel, que aun y cuando lo analizamos cronológicamente aparte, pertenece al propio Imperio Romano. Bajo el reinado de Constantino I, Emperador Romano de Oriente, en el Siglo IV se oficializa y se impone como obligatorio el Cristianismo como religión en todo el Imperio Romano, y se extiende la cristianización entre los llamados palestinos y llega a existir una Iglesia Palestina. Conviven con judíos y arameos, se cree que de igual manera con algunos griegos y romanos que echaron raíces por estos lares.

En el año 638 d. C. del Siglo VII d. C., tras debilitarse el Imperio Romano, un califa árabe-musulmán arrebató Palastina (Palestina) de las manos del Imperio Bizantino, integrándola al dominio árabe, dando inicio así a lo que se conoció en ese entonces como el Imperio árabe islámico (638-1099 d. C.). 

Los árabes, quienes no tenían nombre para calificar la región, tomaron el nombre grecorromano de Palestina, y lo pronunciaban “Falastin” (Palastina). Estos habitantes palestinos no llegaron a ser una nación o Estado independiente ni tampoco lograron desarrollar una sociedad o cultura claras, toda vez que a la llegada de los musulmanes comienza la islamización progresiva, el árabe sustituye al griego y arameo como idioma de los palestinos, y se fue imponiendo la religión islámica y la cultura árabe, sin que podamos decir que de manera oficial se haya prohibido otras religiones, pero si fue algo que en la práctica fue aconteciendo, al punto que los cristianos se vieron afectados.

Por tal virtud, los Cruzados, dentro de los cuales destacan los Caballeros Templarios, por órdenes de los sumos pontífices de entonces, intentan recuperar su Tierra Santa para el Cristianismo. A pesar de sucesivas oleadas o incursiones militares Palestina continuó bajo influencia musulmana, aunque de diferentes orígenes, sin embargo no volvió a estar bajo el dominio árabe después de 1099, toda vez que desde entonces rigió el reinado de los Cristianos Cruzados hasta el 1260 d. C., el cual llegó a ser políticamente independiente, sin desarrollar nunca una identidad nacional propia. La región permaneció como puesto militar de la Europa cristiana durante al menos 100 años.

Los Mamelucos, mezcla étnica de guerreros y esclavos centrados en Egipto, arrebatan Palestina a los Cruzados en el 1260 hasta 1517 d. C., en este período Palestina fue anexada a Siria como provincia sujeta primero a los Mamelucos.

Luego irrumpe en la Historia el Imperio Turco Otomano, que con sus ansias expansionistas ocupó los territorios de la entonces nación de Israel bíblico, luego llamada Palestina por griegos y romanos, la que quedó bajo su dominación desde el 1517 hasta el 1917 d. C., del Siglo XVI hasta el Siglo XX d. C.

Con la Primera Guerra Mundial emergen nuevas potencias mundiales, y tras la desaparición del Imperio Otomano al final de la Primera Guerra Mundial, el Territorio de Palestina es administrado por el Reino Unido de Gran Bretaña, con el objetivo de que fuera regida temporalmente por mandato de la entonces Liga de las Naciones, predecesora de lo que hoy es la Organización de las Naciones Unidas (ONU), cuyo mandato Británico se extendió desde el 1917 hasta el 1948. Luego de casi dos milenios, a los judíos de la diáspora se les permite el retorno y comienzan a volver poco a poco a su antigua Israel, en ese entonces llamada Tierra Palestina desde los tiempos de la dominación Romana, que hacia el año 1920 fue denominada Trans-Jordania por los británicos.

Los palestinos, en este entonces árabes musulmanes, se rebelan varias veces contra el dominio británico por permitir la inmigración de judíos y la venta de territorio árabe a los israelíes. Los judíos presionan para que se funde el Estado de Israel en lo que antes era Palestina, que mucho antes fue el Reino unificado de Israel, según como se expresa en la Biblia. En 1947 la ONU admite la partición del territorio en dos mitades: una para los árabes palestinos y otra para los judíos.

En 1948 los judíos declaran el nacimiento del Estado de Israel, por lo que la Liga árabe responde declarándoles la guerra, y luego de varios meses de conflicto, los palestinos quedan recluidos en dos territorios: Cisjordania (interior) y la franja de Gaza (costera), motivo por el cual acontecen guerras entre judíos y árabes; una vez más el Judaísmo  y el Islamismo en pugnas, saliendo victoriosos los judíos, quienes toman más territorio como los altos del Golán, junto a Siria, recuperando así territorios ancestrales del Israel bíblico.

En 1974, la Asamblea General de la ONU reconoció a la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) como representante del llamado pueblo palestino, que legal ni históricamente es tal según como más adelante se explicará, otorgándole la condición de observadora. 

En el 1994 se estableció la Autoridad Nacional Palestina (ANP), como resultado de los Acuerdos de Oslo, firmados entre el Estado de Israel y la OLP; esta entidad jurídico-política fue diseñada con la idea de que tuviera una autonomía transitoria, por lo que se le confirió cierto reconocimiento internacional como institución representativa del pueblo palestino.

En 1988 la OLP aprueba la Declaración de Independencia de Palestina, proclamándose unilateral e ilegalmente el Estado de Palestina, que inicialmente no fue reconocido por la ONU, pero sí por numerosos países, y en 2012, en la Asamblea General de la ONU, 130 países aprueban a Palestina el estatus de “Estado observador no miembro”, pero entre ellos no están EE.UU. ni Israel, quienes solo reconocen oficialmente la ANP, que dirige políticamente los Territorios Palestinos de Gaza y Cisjordania.

Historia del nombre Palestina

No existe acuerdo en cuanto al origen de esta palabra, pero la historiografía casi concuerda que el término Palestina deviene de los Filisteos, uno de los antiguos pueblos asentados en la costa sur del Levante Mediterráneo del ancestral territorio de Canaán. Los documentos más antiguos que hacen alusión a los filisteos provienen del Egipto Antiguo, donde se mencionan en papiros antiguos a los parusata, que transcrito convencionalmente se escribe como paleset.

Sabemos que el nombre Palestina nos viene del latín Palaestina, que era como los romanos llamaban a esta provincia, el cual se tomó del griego Palaistine o tierra de los filisteos, de aquí en adelante las investigaciones históricas del origen del término no están tan claras; sin embargo se cree que filisteo deriva del hebreo antiguo peleshet o paleset (emigrante) o phlishtim (invasor) o del griego antiguo palaites (luchador), todo lo cual deriva en Filistiun o Filistina, convertido al inglés como “Philistine o Philistia” y que en castellano se pronuncia “Palestina”, también llamados “Gente o Pueblos del Mar”, término que se emplea en el Antiguo Testamento de la Biblia.

Se cree que este término comenzó a utilizarse en el Bronce reciente hacia el Siglo XIII a. C., para denominar a aquellos emigrantes provenientes de la zona del Mar Egeo y las Islas griegas, quienes se asentaron en la costa sureña de Canaán y dos siglos después ya dominaban la zona de la franja costera del sur Levante Mediterráneo, más al norte se encontraba Fenicia quien a su vez colindaba con la franja costera del sur de Siria. Allí los Filisteos establecieron cinco polis-estados independientes, incluyendo Gaza. 

Otra teoría afirma que el nombre Palestina deriva de la región iliria de Palaeste, cuyos habitantes se habrían llamado palaestini, que si tenemos en cuenta que los filisteos son oriundos de algunas de las islas griegas e iliria fue dominada en algún momento por los griegos antiguos, es de esperar que algunos de sus nombres sean replicados en otros territorios ocupados, y existe la posibilidad de que alguno de sus pobladores haya emigrado hacia la costa sur de Canaán.

Desde el principio el Reino de los filisteos y el de los hebreos/israelitas se enfrentaron por las mismas tierras, por lo que se afirma que ya desde antes los fenicios habían adoptado la antigua lengua semítica de los hebreos, imperante entre los cananeos. 

Existen varios pasajes del Antiguo Testamento de la Biblia dedicados a describir estas luchas, y la más famosa es la de David (judío) y Goliat (jefe de los filisteos), donde David derrotó al gigante Goliat con una pedrada de su honda. Se estima que hacia el Siglo II a. C. los filisteos fueron dominados por los reyes judíos/israelitas, quienes más tarde fueron dominados por asirios, babilonios, persas, griegos, romanos y muchos otros a lo largo de los siglos, según como hemos visto con anterioridad. 

De la simple visualización de los mapas antiguos podemos constatar que jamás los filisteos ocuparon los territorios de Israel bíblico, más bien los israelitas ocuparon sus territorios, y solo fue con las dominaciones grecorromanas que se les impuso el nombre de Palestina a la Tierra de Israel bíblico para sofocar revueltas judías; incluso podemos afirmar que los cananitas nunca lograron integrarse en un solo Estado, esta región solo se conoció como un Estado organizado bajo el Reino unido de Israel, bajo el mandato de los reyes Saúl, David y Salomón. 

Por lo que a todas luces se evidencia que el reclamo de la Palestina no se sustenta ni histórica ni geográficamente, menos aún cultural, lingüística ni religiosamente.

Los Filisteos, como nos ha quedado claro con anterioridad, no eran árabes, ni semitas (hebreos/israelitas/judíos), y no tuvieron conexión lingüística, étnica o histórica con Arabia ni con los árabes. El nombre “Falastin” (Filisteo) aplicado hoy por los árabes para denominar “Palestina” no es un nombre de origen árabe, es sólo la pronunciación que los árabes, hacen de la “Palastina” grecorromana. 

Los árabes para defender el Estado árabe de Palestina afirman que es el supuesto nombre ancestral de su nación, aun cuando ni siquiera podían correctamente pronunciarlo y lo modificaron a “Falastin”, lo que denota que la base del conflicto es geopolítico y étnico-religioso.

Finalmente, desde la Historia Antigua hasta la actualidad, el pueblo de Israel ha sido el único que ha poseído una nación con un Estado soberano y unido que alguna vez haya existido en gran parte de la región antes conocida por Canaán; por lo que la llamada “Palestina”, que sabemos fue una imposición grecorromana, no existía como nación ni como pueblo, como tampoco lo fue la Trans-Jordania británica, por lo que estas no lograron una identidad lingüística ni cultural propia, a no ser la impuesta desde la dominación árabe musulmán.

Es por todo lo antes expuesto que nos preguntamos por qué debemos seguir empleando el nombre Palestina que no responde a un origen histórico natural, sino fruto de imposiciones imperiales alejado de los reales intereses de los pueblos originarios antiguos de Tierra Santa, elegida por Dios para Su pueblo, creado solo para humillar y borrar al pueblo elegido por Dios (los judíos o israelitas), a quienes Dios les entregó la Tierra Prometida de Canaán, luego llamada Israel, transgrediéndose con esto las Sagradas Escrituras que aluden al Reino unificado de Israel como la voluntad de Dios, todo lo cual es hoy germen para interminables guerras fratricidas que irradian a toda la zona del Medio Oriente, y no es este el Plan de Dios.

Para mejor ilustración de lo que hemos tratado de hacer comprender, expongo ejemplos similares, tal cual ocurrió con los pueblos y territorios de Polonia y Ucrania, dominados y sus territorios particionados o fragmentados por grandes Imperios, dentro de los cuales destacan el Austro-Húngaro, Pruso (Germano) y Ruso, para el caso del primer país, y para el segundo país dominado por el primer y último imperio antes aludido; y sin ser pueblos elegidos por Dios, ni ser la Tierra Prometida por Dios a su pueblo, ni aparecer en un libro considerado la Palabra revelada de Dios, tal cual acontece con Israel en la Biblia, con el devenir de los años se han respetado y han vuelto a resurgir como nación en toda su extensión, algo que en algún momento deberá acontecer con el pueblo y territorio del Israel bíblico unificado, si en verdad somos hombres de justicia que anhelamos la paz.

Para comprender el diferendo israelo-palestino debemos leer y releer la Biblia y luego estudiar un poco de Historia Antigua hasta llegar a nuestros días, evidenciándose que el conflicto fue y sigue siendo geopolítico y étnico-religioso, y si no lo comprendemos así no encontraremos la solución definitiva al problema, por lo que su solución debe ser primero desde lo religioso y luego se incursiona en otras esferas necesarias.

Consideraciones finales

No podemos estar de acuerdo con el uso de la fuerza en ninguna de sus variantes, ni con el sionismo, mucho menos con el antisemitismo, porque Jesucristo fue judío e hijo del pueblo de Israel bíblico, y nos enseñó que el Perdón salvífico y el Amor edificante al Prójimo y a Dios son la fórmula para la verdadera y definitiva PAZ.

Debe proclamarse y respetarse un nuevo ESTADO de ISRAEL, el cual deberá ser LAICO, que ocupará los territorios del antiguo reino unificado de Israel bíblico, donde tanto judíos como palestinos se llamen orgullosamente israelitas, donde exista tolerancia y libertad   
religiosa, todo lo cual será posible si el diálogo interreligioso, entre las tres hermanas religiones abrahamánicas (Judaísmo, Cristianismo e Islamismo), diera frutos agradables a Dios, que permitan que todos puedan coexistir pacífica y libremente en la Tierra Prometida, lo que irradiaría a todos los demás países, porque estas son las tres religiones de más adeptos en el mundo.

En un futuro no muy lejano estas tres religiones abrahamánicas están abocadas a ser UNA, ganándose en mayor credibilidad, contribuyendo así al cumplimiento del plan de Dios planteado por Jesucristo de lograr la unidad de los hermanos dispersos por el mundo.

La desobediencia del pueblo elegido por Dios lleva a la destrucción y es algo que se irradia, por lo que todos debemos contribuir al cumplimiento de las Sagradas Escrituras. 

Es hora de desconstruir y reedificar si de verdad queremos agradar a Dios. Concentrémonos en lo que nos une: el amor a DIOS, que por medio de su Hijo amado nos redimió a TODOS y nos enseñó que en Dios TODO es posible.