lunes, 1 de junio de 2020

CRISTIANISMO, RELIGIÓN UNIVERSAL

El Cristianismo es la religión de mayores adeptos a nivel mundial, lo cual está demostrado estadísticamente; sin embargo a su vez es la más dividida, y, dentro de esta, la Iglesia Católica es la de mayores fieles en todo el mundo. Son las actitudes cismáticas de los hombres, regidas por las cuestiones cristológicas, teológicas e intereses personales, las que han llevado a la Iglesia de Jesucristo, cuyas acciones iniciaron en Pentecostés en el Siglo I d. C. (Hch. 2: 1-41), al punto más crítico en el cual se encuentra en nuestros días, y es algo que juntos debemos revertir.

Por el momento no intentaremos abordar a profundidad los Cismas que ha sufrido el Cristianismo, algo que aconseja otros apuntes futuros, sino que ahondaremos en lo referente a la necesidad de su reunificación para agradar a Dios y tributar a Su Plan de evangelizar por todo el mundo proclamando la buena nueva a toda la creación (Mc. 16: 15); tal como Jesús le encomendó a los once después de su resurrección, sobre la necesidad de que todos los pueblos sean sus discípulos (Mt. 28: 19), y que en el nombre de Dios debía predicarse a todas las naciones la conversión para el perdón de los pecados (Lc. 24: 47). 

De una manera diferente, Juan en su evangelio lo hace saber en el capítulo 11, versículo 52, como una profecía de Caifás, el sumo sacerdote de los judíos por aquel año, quien anunció que Jesús debía morir no solamente por la nación de Israel, sino para reunir a todos los hijos de Dios que estaban dispersos, y en capítulo 17, versículos del 20 al 26, después de la última cena Jesús ora por sus discípulos y sostiene un diálogo personal con su Padre, no solamente por los doce apóstoles, sino también y especialmente por todos aquellos que escuchen su palabra para que “TODOS SEAN UNO”; lo antes expuesto aparece contenido en el Nuevo Testamento de la Biblia cristiana, que encuentran su origen en el Antiguo Testamento, particularmente en los Libros de Ezequiel, capítulo 20, versículo 41, e Isaías, capítulo 11, versículo 12, entre otros.

En el Siglo II a.C., se tradujo la Tanaj o Biblia judía del hebreo y arameo antiguos al griego antiguo, naciendo la Biblia griega septuaginta o versión de los setenta (LXX), en conmemoración a sus traductores, la que por primera vez sacó a colación el término Ekklesia Katholes

Desde mediados del Siglo I d. C. se aduce que los apóstoles comenzaron a escribir en griego los libros del Nuevo Testamento, conformándose el primer listado hacia el año 170 del siglo II d. C., todo lo cual fue teniendo sucesivos encuentros y desencuentros que devinieron en Concilios Ecuménicos para lograr la canonización o no de estos libros, algunos de los cuales fueron aceptados y otros declarados apócrifos por unos y empleados por otros.

La Biblia de los LXX se publicó con el cánon alejandrino, también conocido como deuterocanónico o segundo cánon, que cronológicamente es el primero, porque fue elaborado hacia el siglo II a. C., según como antes expusimos, el cual fue aceptado por la mayoría de las Iglesias o denominaciones cristianas, y rechazado por el conocido cánon palestinense, igualmente denominado protocanónico o primer cánon, que cronológicamente fue el segundo, toda vez que se redactó hacia el siglo II d. C., incluido en la Tanaj, posterior al judaísmo rabínico del segundo Templo de Jerusalén, reconocido por algunas pocas iglesias o denominaciones cristianas Protestantes, algunas de las cuales llaman apócrifos al deuterocanónico, pero que este es aceptado por la iglesia Católica, Ortodoxa y otras denominaciones cristianas.

Recordemos que en publicaciones anteriores hemos tratado el tema de la dominación griega en Israel y la explicación de la imposición del oprobioso nombre que significó Palestina para el pueblo de Israel, empleado para sofocar revueltas judías y borrar el nombre de Israel, que años más tarde se logra con la dominación del Imperio Romano. De igual manera en otras publicaciones hemos analizado cómo el Judaísmo minó las bases del Cristianismo, afectando su desarrollo armónico, dando lugar a todo lo que sucedió con posterioridad.

El Cristianismo se convirtió en la religión oficial y obligatoria dentro del Imperio Romano en el Siglo IV d. C., bajo el mandato del Emperador Constantino I, quien lo materializó al convocar el Primer Concilio de Nicea en el año 325 d. C., por lo que resultó necesario traducir al latín esta versión griega, mediante una edición divulgada, en latín Vulgata editio, de ahí que hasta nuestros días se le conozca como la Biblia Vulgata. Siglos más tarde la Biblia se traduce al castellano, pero ya desde mucho antes se conocía que Ekklesia Katholes significaba Iglesia Católica, esta última palabra también entendida como Universal, según la traducción del griego, lo cual responde al mandato divino aun no cumplido.

Luego de todo lo antes expuesto, teniendo en cuenta que Dios nos habla a través de la naturaleza, nos encontramos en condiciones de poder hacer un paralelismo para visualizar que al Cristianismo Primitivo le ocurrió lo mismo que al prehistórico Supercontinente PANGEA, que luego se separó hasta llegar formarse los Continentes que hoy conocemos, que es exactamente lo que hoy le ocurre al Cristianismo, que se encuentra dividido en más de 500 denominaciones cristianas: Católicas, Ortodoxas, Coptas, Protestantes y otras separadas, en estos dos últimos grupos destacan la Luterana y la Anglicana, que a su vez se han subdividido dando nacimiento a nuevas denominaciones; cada una se llama a sí misma la verdadera y alegan sucesión apostólica ininterrumpida, otras se atacan por contradecir las Sagradas Escrituras y la sana doctrina, o por cuestiones cristológicas o teológicas, en fin un caos como nunca antes visto en religión o proceso humano conocido. Todo lo cual denota que debemos actuar HOY y AHORA.

Si analizamos este fenómeno podemos constatar que constituye una verdadera vergüenza, motivo por el cual muchas personas de fe endeble prefieren ser ateos o adorar a Dios desde sus casas, porque sienten cómo muchas veces le inoculan veneno en sus venas contra otras religiones u otras denominaciones cristianas, algo que lleva un proceso que data de cientos de años que suman miles, y los agnósticos alegan, entre tantas cosas, que este divisionismo es lo que les impide creer que exista un dios.

Sin embargo, existe consenso entre los geológicos y la comunidad científica internacional al predecir que todos los Continentes actualmente conocidos se volverán a unir, y formarán un nuevo Supercontinente que han dado en llamar NOVOPANGEA, para lo cual existe consenso que nunca será igual al PANGEA. Es cuando el paralelismo aflora una vez más, es decir, si seguimos la Palabra de Dios revelada, podemos constatar que ineluctablemente esto acontecerá con el Cristianismo, universalizándose.

Por lo que al igual que con el nuevo Supercontinente, una vez resurgido el CRISTIANISMO como religión UNIVERSAL nunca será semejante al CRISTIANISMO PRIMITIVO, pero aun así con esto de seguro agradaremos a Dios y contribuiremos con Su Plan Divino de UNIR a Sus hijos dispersos por el mundo, que a la postre implicará, con su alcance e influjos, a otras religiones e incluso a algunos ateos, que al ver la manifestación del Plan Divino se sumarán. 

Es por esto que debemos acercarnos y aceptarnos en nuestras diferencias, y centrarnos en lo que nos une: el AMOR a Dios, a Jesucristo y al prójimo (Mc. 12: 29-31). Pero sabemos que no es tarea fácil y que lleva mucho trabajo, por lo que debemos discernir en sus orígenes para encontrar la raíz del problema y trabajar para encontrar posibles soluciones viables, objetivamente alcanzables y sustentables.

Algunas consideraciones filosóficas

Sin pretender hacer un profundo análisis filosófico o metafísico, mucho menos ahondar en todo lo que estas implican para las religiones, nos detendremos en un somero análisis del problema de los universales, todo lo cual sugieren apuntes filosóficos posteriores para una mejor comprensión del asunto en cuestión.

Este análisis debemos hacerlo sobre la premisa que nos diera el apóstol San Pablo en los siguientes libros del Nuevo Testamento, que conforman una parte de sus epístolas paulinas: Romanos, capítulo 12, versículo 2, sobre la necesidad de distinguir cuál es la voluntad de Dios: lo bueno y lo agradable, para lo cual debemos transformarnos por la renovación de nuestra mente; Primera de Corintios, capítulo 3, versículo 19, la sabiduría de este mundo es necedad a los ojos de Dios; y Colosenses, capítulo 2, versículo 8, para no quedar esclavizados en la vana falacia de una filosofía fundada en tradiciones humanas, según el mundo y no según Cristo.

Ya desde la antigüedad, los filósofos griegos hacían cuestionamientos epistemológicos sobre lo UNIVERSAL y lo PARTICULAR, siendo el nominalismo o particularismo una doctrina filosófica cuyo precursor se cree pudo ser Heráclito, antiguo filósofo griego, quien alegaba que todo lo que existe es particular. El nominalismo niega la existencia de universales tanto de manera inmanente como trascendente.

Siglos más tarde el nominalismo fue profundizado con la corriente del pensamiento filosófico del personalismo, propugnado por Immanuel Kant, filósofo prusiano y cristiano luterano protestante, quien hace un giro copernicano con su “Critica a la razón pura”, obra prohibida por la Iglesia Católica en su época, toda vez que intentó imbricar las corrientes filosóficas del racionalismo con el empirismo, haciendo una crítica a las corrientes filosofías que se centraban en el objeto como fuente de conocimiento, demostrando que el sujeto es la fuente que construye el conocimiento del objeto.

Fue Platón, filósofo de la antigua Grecia, uno de los primeros exponentes del universalismo, en contraposición a las teorías de Heráclito. Por otra parte, Aristóteles, discípulo de Platón, en similar vertiente asimiló el universalismo, pero como realista moderado, algo que siglos más tarde retomara Santo Tomás de Aquino, Doctor de la Iglesia Católica.

A la propuesta de conciliación de la Teología con la Filosofía aristotélica realizada por Tomás de Aquino se había opuesto primero Duns Scoto y luego Guillermo de Ockham, generando una tendencia antirracionalista dentro de la cristiandad, lo cual propició otro foco de división en el Cristianismo que años más tarde, desde la filosofía y la Teología, sería determinante en el Gran Cisma de Occidente.

Algunos neoplatónicos, como Plotino y San Agustín de Hipona, Doctor de la Iglesia Católica, argumentaron que los universales están contenidos dentro de la mente de Dios, que implica la percepción de los individuos sobre Dios; algo que luego se desarrolló con mayor profundidad con el conceptualismo, considerada una corriente filosófica intermedia entre el nominalismo y el realismo. Kant no negaba la existencia de Dios, pero sin embargo alegó que una máxima es moral si es universalizable, lo cual implica que todos se rijan bajo una regla, es decir, cuando la regla que nos autoriza a realizar ciertas acciones puede ser universal.

La religión cristiana encontró en la filosofía griega los argumentos para justificar su doctrina y sobre la cual se sustentó más tarde la Teología Cristiana; pues la religión cristiana era para los Padres de la Iglesia la expresión cumplida y definitiva de las verdades que la filosofía griega había logrado encontrar de manera imperfecta y parcial.

Ambas corrientes filosóficas, universalismo y nominalismo, son reconocidas por el realismo filosófico, que no podemos confundirlo con el materialismo. El realismo germina de la “teoría de las formas” de Platón, que parte de lo trascendente, fuera de los particulares, por encima de lo puramente inmanente. 

Desde un punto de vista filosófico, el concepto de trascendencia incluye además la idea de superación o superioridad. Agustín de Hipona alegó que la trascendencia transita inicialmente por la inmanencia, al cual se añade la superación que el trascender representa, porque la inmanencia es la propiedad por la que una determinada realidad permanece dentro de sí misma, por lo que todo su ser y su actuar se agotan en ella. La Filosofía Escolástica hace suyos estos conceptos y desarrolla los términos actio immanens y actio transiens.

Lo inmanente es resultado de lo que vivimos o experimentamos intrínsecamente en los particulares, siendo lo trascendente la cuestión sobre si hay algo más fuera del mundo que conocemos o de lo inmanente. En la Edad Contemporánea la filosofía de lo trascendente se refiere más a la posibilidad de un conocimiento objetivo de lo que realmente acontece o nos circunda, partiendo del conocimiento del mundo basado en la experiencia, que permite ir ampliando los horizontes epistemológicos.

Analizado todo esto, podemos inferir que el Cristianismo puede ser una religión universal, pero sobre la base de que cada individuo la asuma inmanentemente, es decir, como suya sin importar región, raza, etnia, identidad cultural, ideología, origen ni clase social, para que con su actuar diario trascienda a los demás, y permita que entre las religiones se trabaje por la consecución de la unidad en cumplimiento del Plan Divino.

Origen del problema

No podemos soslayar que en estos procesos cismáticos acaecidos en el Cristianismo Primitivo y hasta nuestros días, han intervenido otras religiones, como es el caso del Judaísmo, que desde el primer día del ministerio público de Jesús y con posterioridad a su muerte y resurrección, se encargó de minar sus cimientos, desmintiendo, tergiversando, maquinando, complotándose y atacando frontal o sutilmente a la naciente secta judeocristiana, sembrando divisiones internas, terror y desidia, fomentando cacerías y mucho más contra los más tarde llamados cristianos, por ser seguidores de Jesucristo.

De lo antes expuesto existen evidencias en el Nuevo Testamento de la Biblia cristiana, particularmente los relatos del entonces judío Saulo de Tarso, quien más tarde fuera llamado Pablo de Tarso, llegando a ser uno de los apóstoles del Cristianismo Primitivo, así como también se pueden evidenciar hechos similares en otros libros históricos, en los cuales se relatan cómo los cristianos eran arrojados a las fieras en el Coliseo Romano por pura diversión, entre otros grandes desmanes.

Aunque trataremos someramente estos temas, recordemos que los Cismas, las disputas cristológicas, teológicas y filosóficas, que llevaron al Cristianismo a separarse, serán objeto de análisis en otros apuntes futuros.

Después de la muerte, resurrección y ascensión de Jesús, en Antioquía se llamó por primera vez cristianos a los seguidores de Jesucristo (Hch. 11: 26). Mérito significar que los primeros cristianos eran judíos, ya sea por nacimiento, como es el caso de Jesús, María, José, los doce apóstoles, entre otros, y en la medida que fue expandiéndose el Cristianismo se convirtieron otros de origen no judíos, dentro de ellos gentiles y otros paganos provenientes de las comunidades palestinas, llamados prosélitos, quienes al inicio se circuncidaron, pero con el tiempo muchos de estos no lo aceptaron, lo cual implicaba una franca inobservancia de la Ley Mosaica, al menos en una de sus partes, algo que propició encarnizadas discusiones. 

Se cree que Pablo de Tarso, conocido como el “apóstol de los gentiles”, fue quien le solicitó a Cefas, llamado Simón Pedro, que debían aceptarse como cristianos a los prosélitos, tal y como Jesucristo les enseñó sobre la necesidad de evangelizar más allá de las comunidades judías, para cumplir el plan divino de unificar a los hijos de Dios dispersos por el mundo, algo que no fue bien comprendido en su época por ser extremadamente cerrada la comunidad judía. 

Por lo que fueron estos y otros aspectos controversiales los precedentes del Concilio de Jerusalén, celebrado en el año 50 del Siglo I d. C., en el que se aprobó la propuesta del apóstol Pablo de Tarso de permitir la conversión de gentiles y otros paganos incircuncisos, pero que indudablemente marcó un punto de inflexión con el Judaísmo. 

Lo que antes era una secta judeocristiana pasó a ser una religión totalmente aparte del Judaísmo, naciendo así el Cristianismo, ocurriendo con esto un gran cisma dentro del Judaísmo; algo que nunca debió acontecer, fracturándose así el plan de Dios, toda vez que Jesucristo como buen judío no pretendía separarse del Judaísmo ni crear una nueva religión, sino que quería darle pleno cumplimiento a la Ley mosaica y a los Profetas (Mt. 5:17), algo que no fue comprendido por muchos judíos.

Lo que debió ser un trance natural evolutivo judeocristiano o del Judaísmo al Cristianismo, se convirtió en algo que marcaría lo que hoy estamos sufriendo como humanidad, máxime cuando la mayoría de los judíos no reconocieron en Jesús su condición de Hijo de Dios ni de Mesías, traicionando así sus propias Sagradas Escrituras, al no saberlas interpretar en contexto, y aún hoy esperan al Mesías (Cristo) prometido.

Cuando desaparecen físicamente los discípulos de Jesús o Apóstoles culmina el llamado período apostólico (30-100 d. C.), seguido del período preniceno, regido por los discípulos más cercanos de los apóstoles, llamados Padres Prenicenos o cristianos proto ortodoxos, quienes siguieron sus tradiciones apostólicas en sus Iglesias unidas; en este mismo período surgen los Padres Apostólicos, que fueron los autores del Cristianismo Primitivo, quienes tuvieron algún contacto con uno o más de los apóstoles de Jesús de Nazaret, que se integran a los Padres de la Iglesia, quienes fueron un grupo de pastores y escritores eclesiásticos cristianos, muchos de estos eran obispos, que van desde el siglo I hasta el siglo VIII d. C., y cuyo conjunto de doctrina es considerado testimonio de la fe y de la ortodoxia en el cristianismo post apostólico.

Ya en esos momentos existían atisbos de divisiones internas por liderazgos y cuestiones de disputas Cristológicas, Teológicas, filosóficas o doctrinales, muchas de las cuales fueron declaradas heréticas y persisten hasta nuestros días, sembrando división y odio entre hermanos cristianos, que con el tiempo se fueron atizando.

Existen pasajes bíblicos en el Nuevo Testamento de la Biblia cristiana en los cuales Jesús adoctrina a sus discípulos Santiago y Juan, porque querían ser los líderes, donde él les decía que “el que quiera ser grande que sirva a los demás” y “el que quiera ser primero que sea esclavo de los demás” (Mc. 10: 42-45), algo que retoma Pablo de Tarso en sus epístolas dirigidas a las comunidades cristianas que lideraba.

Lo antes expuesto denota, desde aquellos primeros momentos, cómo afloraban las bajas pasiones, aun entre grandes personas dentro del Cristianismo, alguno de los cuales, como es el caso de Santiago y Juan, se dejaron adoctrinar por Jesús y cambiaron su actitud, porque todo Santo tiene un pasado y todo pecador tiene un futuro, siempre que se arrepienta y determine seguir los caminos rectos y angostos del Señor.

Retornando unos años atrás, vemos cómo Jesucristo, después de su resurrección, antes de su ascensión, le dio indicaciones a sus discípulos, y dentro de estas que esperaran el Pentecostés a salvo en Jerusalén, comisionando a sus discípulos para que luego proclamaran la buena nueva por todas las naciones, algo que se conoce como la Gran Comisión (Mt. 28: 18-20, Mc. 16: 14-18, Lc. 24: 44-49, Jn. 20: 19-23, y Hch. 1: 4-8). 

Antes de Pentecostés y a mayor escala en Pentecostés, fue Pedro quien se dirigió a la multitud (Hch. 1: 15-16, y 2: 1-41), donde igualmente estaban presentes los once apóstoles, junto a María la madre de Jesús, entre otros hermanos, quienes reconocieron en él (Pedro) el mandato de Jesucristo, como guía o pastor de sus ovejas. Constituyendo este el momento que se reconoce históricamente como el nacimiento de la Iglesia Cristiana Universal Primitiva, que era y se desea sea una, santa, católica y apostólica, cuyas actividades se iniciaron cincuenta días posteriores de la muerte y resurrección de Jesús, según como anunció la venida del Espíritu Santo en Pentecostés en el Siglo I d. C.

Por otra parte, es mérito acotar que Jesucristo reconoció a Simón, también conocido como Cefas o Pedro, como su Vicario en la tierra, comisionándolo como el primero entre sus once iguales, y representante de su Iglesia, pidiéndole que guiara a sus ovejas (Jn. 21:15-17), toda vez que fue incorporado como discípulo al principio de su ministerio y fue el primero en reconocer la divinidad de Jesús como Hijo de Dios. 

En tal virtud Jesús le dijo "Tú eres Cefas (Pedro), y sobre esta cefas (piedra o roca) edificaré mi Iglesia, y el poder de la muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo" (Mt. 16: 18-19).

En la Biblia de los LXX mencionan en el Evangelio de Mateo, Capítulo 16, versículo 18, la plabra πέτρος (Petro), llevado al castellano como Pedro, como la masculinización del griego πέτρα (petra), es decir “roca”, cambiando su terminación y manteniendo la raíz de la palabra. Algo que ha sido fruto de encarnizadas disputas Teológicas y doctrinales, olvidando que el Evangelio de Mateo fue escrito en griego koiné, en el cual no existe ninguna distinción entre Petro y Petra, donde ambos significan “roca”, considerado como una piedra inamovible, algo que igualmente ocurre en el arameo, idioma natal de Jesús, y la palabra para ambas habría sido כיפא (cefas), que aplica para “Petro” y “Petra”, que igualmente significa roca. 

Sin embargo ulteriores traducciones en el griego ático hacen variar su significado, toda vez que Petro significa “piedra”, considerado como una piedra que se puede arrojar, y Petra significa “roca”, considerada una piedra inamovible; discusión que se atiza cuando se descubre que nunca se realizó la traducción de la palabra lithos (λίϑος), que vendría a señalar una piedra del camino y con lo cual podría interpretarse que sería una piedra pequeña o piedrecita, algo que algunos protestantes hacen suyo para demostrar que no es Pedro la cabeza de la Iglesia de Cristo, por lo que no reconocen su papado o primacía ni el de los sucesivos. 

Estas disputas se resolverían si nos remontamos al arameo como la lengua materna de Jesús. Por otra parte, Pablo de Tarso siempre llamó a Simón Pedro con el nombre de “Cefas”, de la misma manera que lo hizo Jesús. Esta palabra hebrea helenizada, es decir, llevada al griego antiguo koiné, proveniente del arameo, no era un nombre propio, pero Pablo se lo asigna como tal.

Por otra parte no podemos olvidar que Pedro quiso evangelizar en Roma, y que allí se estableciera la sede central de la Iglesia de Jesucristo, donde murió por la causa cristiana, siendo uno de los primeros mártires del Cristianismo; por todo esto fue el Primus Inter Pares, respecto a los once apóstoles o discípulos de Jesús, porque así lo dispuso Cristo, al decir que Simón Pedro era la roca de su Iglesia (Mt. 16: 18-19; Jn. 21:15-17).

Por lo que Simón, llamado Cefas o Pedro, fue el primer Papa de la Ekklesia Katholes (Iglesia Universal o Católica), que dejó una sucesión apostólica ininterrumpida en Roma, desde donde ató en la tierra y en el cielo sus designios. Quien no lo vea así a él y a los sucesivos Papas estaría renegando las enseñanzas de Jesucristo y no puede llamarse verdadero Cristiano, porque estaría negando, a su vez, los designios de Dios, tanto así que esta denominación de Primus Inter Pares se le ratificó al Papa u Obispo de Roma en la Pentarquía cristiana, siglos más tarde.

La Iglesia católica identifica a Simón Pedro a través de la sucesión apostólica como el primer Papa. Otras Iglesias católicas apostólicas, como la ortodoxa, no lo consideran de esta manera, por entender que Jesús no edificaría su Iglesia sobre un hombre, para quienes la Iglesia se edifica sobre Cristo, Hijo de Dios, y Pedro no constituye la cabeza de la Iglesia, sino un apóstol que pudo ver en ese momento, por gracia del Espíritu Santo, lo que Jesús sería según la fe cristiana: el Mesías. 

La Iglesia ortodoxa de Antioquía lo considera el primero de sus obispos en la sucesión apostólica, toda vez que fue su fundador. Las cinco iglesias primigenias (Roma, Antioquía, Jerusalén, Constantinopla y Alejandría) poseen sucesión apostólica, pero ininterrumpida solamente Roma y Constantinopla, según como veremos más adelante. Sin embargo, las iglesias ortodoxas y otras parecen olvidar que fue designio de Pedro atar en la tierra romana la sede central o principal de la Iglesia de Cristo, todo lo cual igualmente quedó atado, por mandato de Jesucristo, en el Cielo.

Siguiendo en el análisis de las génesis de los cismas, podemos ver que en el Primer Concilio Ecuménico de Nicea, celebrado en el año 325 del Siglo IV d. C., como antes expusimos, se oficializó el Cristianismo como religión obligatoria del Imperio Romano, en el que se analizó, entre otros aspectos, la herejía del arrianismo y el cisma meleciano, lográndose el arreglo de la cuestión cristológica de la naturaleza del Hijo de Dios y su relación con Dios Padre, y la construcción de la primera parte del Símbolo niceno, completada años más tarde en el Segundo Concilio Ecuménico celebrado en Constantinopla (381 d. C.), donde igualmente se analizaron otras actitudes cismáticas y cuestiones de disputas cristológicas, retomándose nuevamente el arrianismo.

En la época de Justiniano, en el siglo V, conocido entonces como el Cristianismo bajoimperial y más adelante como medieval, todo lo antes expuesto se arreció, ya que surgieron situaciones dentro del Cristianismo que dieron al traste, para su gobernabilidad, con el nacimiento de cinco sedes episcopales regidas por sus correspondientes Obispos o Patriarcas, lo que este Emperador dio a conocer como la PENTARQUÍA, según se puede apreciar en su Novella 113. 

La Pentarquía cristiana surgió en un momento histórico donde la puja por el poder eclesiástico dentro del Cristianismo había que controlarlo, por lo que se reguló la autoridad universal de la Iglesia de Cristo, quedando de la siguiente manera: el Papa o Pater u Obispo de Roma, el Patriarca de Constantinopla, el Patriarca de Alejandría, el Patriarca de Antioquía y el Patriarca de Jerusalén. Todas en estrecha comunión con la Iglesia Católica apostólica Romana y reconocían la autoridad del Papa como Sumo Pontífice, quien fue reconocido por todos los demás como Primus Inter Pares o Primero entre Iguales, retomando la tradición apostólica que le veneraron a Pedro desde el período apostólico, según como antes explicamos.

Estas actitudes cismáticas se acentúan en el Tercer Concilio Ecuménico de Éfeso, celebrado en el año 431 del Siglo V d. C., donde se debate la herejía del nestorianismo, y se debate además sobre la mariología. Años más tardes, en el año 451 se efectúa el Cuarto Concilio Ecuménico de Calcedonia, donde se retoma el análisis del nestorianismo y acontece el debate sobre el monofisismo, que al no llegarse a acuerdo sobre este importante debate cristológico aconteció el Primer Cisma de Oriente y Occidente, propiciando la separación de la Iglesia Copta y las Iglesias Ortodoxas Orientales no calcedónicas del resto de las Iglesias (Católicas y Ortodoxas), fracturándose así para siempre el antes denominado Cristianismo Primitivo y la Iglesia Universal para siempre, que años más tarde diera lugar a otros cismas.

Como consecuencia del nacimiento del Islam como religión en el Siglo VII d. C., sustentada en el arrianismo y los iconoclastas, y la rápida expansión musulmana por sus guerras de conquistas, tres de los cuatro Patriarcados orientales u ortodoxos cayeron bajo dominio del Islam: Alejandría, Antioquía y Jerusalén. Por lo que a partir de este momento el Oriente cristiano se identificó desde entonces con la Iglesia griega o bizantina del Patriarcado de Constantinopla, y las iglesias nacidas como fruto de su acción misionera le reconocían una primacía de jurisdicción. Estas cristiandades que giraban en la órbita de Constantinopla, integraban la Iglesia greco-oriental.

En el año 726 del siglo VIII d. C., León III, Emperador del Imperio Bizantino o Imperio Romano de Oriente, marcó una actitud iconoclasta y prohibió la veneración de las imágenes que representaban a Cristo, María y en especial la de los santos, afirmando que se contraponían a lo dispuesto en las Sagradas Escrituras, dando origen a la querella iconoclasta entre el Cristianismo Oriental y el Occidental, el cual, como hemos expuesto en otros artículos, tuvo una marcada influencia de las religiones olímpicas grecorromana.

A la muerte del Emperador, su hijo heredero Constantino V (741-775), lo mantuvo aun a expensas del reclamo popular, para lo cual empleó su poderío militar. En el Segundo Concilio de Nicea, celebrado en 787, se retomó la veneración de iconos, sustentados en la encarnación de Jesucristo en hombre, restaurándose la iconodulia. Con el emperador León V, se instauró un segundo período de luchas iconoclastas en 813, continuado por los siguientes emperadores hasta Teófilo hacia el 829, quienes revirtieron lo acordado en Nicea II. Al morir este emperador, su esposa Teodora movilizó a los iconódulos y proclamó la restauración de la veneración de los iconos en 843.

Todo lo antes expuesto, marcó el inicio de nuevos cismas futuros, al punto que años más tardes algunas congregaciones cristianas protestantes ven en la veneración a las imágenes una manifestación de idolatría, algo prohibido por el mandato dado en el Antiguo Testamento de la Biblia cristiana, en el libro Éxodo, capítulo 20, versículos del 4 al 6; razón por la cual son contrarios a esta práctica religiosa, expresando su desaprobación y rechazo a esta tradición, ejercida por muchas denominaciones cristianas incluyendo la católica y la ortodoxa.

En 1054 del Siglo XI d. C. sobrevino el Gran Cisma de Oriente y Occidente, separando hasta nuestros días a la Iglesia Católica Romana de la Iglesia Ortodoxa, todo lo cual tuvo sus orígenes desde años antes y devino en la excomunión recíproca de sus líderes religiosos, el Papa u Obispo de Roma y el Patriarca Ecuménico de Constantinopla, toda vez que este último pretendía el liderazgo ecuménico universal que históricamente ostentó el Papa, y se negó a apoyar a Roma ante las amenazas de incursiones militares de los Normandos.

Recordemos que ya no existía la Pentarquía porque las sedes episcopales de Antioquía, Jerusalén y Alejandría estaban en manos musulmanas, y sus correspondientes Patriarcas habían encontrado protectorado ecuménico ante el Patriarca de Constantinopla, donde radicaba la sede central del Imperio Bizantino o Romano de Oriente, por lo que solo quedaban el Papa, Primus inter pares, y el Patriarca de Constantinopla, quien ostentaba, en la práctica, un mayor poder religioso, político y económico que el Papa, no así en el plano religioso tradicional.

Ambas Iglesias se llaman a sí misma “una, santa, católica y apostólica”, legítima heredera de la iglesia primitiva universal y le atribuyen a la otra haber abandonado la iglesia verdadera. Aunque años más tardes, estudiosos del tema llegaron a la conclusión que se excomulgaron individuos no las iglesias. Una vez más son los intereses personales y las ansias de poder los que truncan la Palabra de Dios, y son los hombres con su propensión al mal los que se alejan cada vez más del plan divino.

El Imperio Franco devino en el Imperio Carolingio y restauró el Imperio Romano de Occidente, que duró hasta el Siglo X, momento a partir del cual emergen dos reinados: el Reino de Francia en la parte oeste y en el este el Sacro Imperio Romano Germánico.

Desde el Siglo XI hasta el XV se sucedieron varias incursiones militares entre los principales reinos cristianos europeos u Occidentales (España, Inglaterra, Francia y Germania) y los Papas Romanos, todo lo cual fue dividiendo y debilitando los reinos y el catolicismo Occidental, surgiendo nuevas tendencias dentro del Cristianismo que iban marcando lentamente la separación del catolicismo, que le impidió concentrarse en el Cristianismo en Oriente, unido a las constantes incursiones militares musulmanas, siendo el Islam una religión emergente desde el siglo VII, que se impondría con mucha fuerza en Oriente y en algunas regiones de Occidente, todo lo cual propició numerosas guerras de religiones o guerras santas, conocidas como Cruzadas cristianas y el yihadismo islámico o musulmán, según como veremos más adelante. 

De igual manera, siglos más tarde, el catolicismo, el protestantismo y el anglicanismo se impusieron a punta de lanza en sus colonias, tanto en el Nuevo Mundo (América) como en otros lares, desplazando culturas autóctonas ancestrales, algo que continuó ensanchando la brecha entre estas y alginos de sus fieles.

Por otra parte, la querella de las investiduras enfrentó a papas y reyes católicos del Sacro Imperio Romano Germánico, entre los años 1075 y 1124, hacia los siglos XI al XII d. C. La causa de dicho desencuentro era la provisión de beneficios y títulos eclesiásticos, que devino en una disputa que mantuvieron pontífices y emperadores del Sacro Imperio por la autoridad en los nombramientos en la Iglesia católica, lo que permitió liberar al papado del sometimiento al imperio; donde se impuso el celibato y se elimina la simonía.

Durante un período de casi doscientos años, entre 1096 y 1291 del Siglo XI al XIII d. C. se libraron una serie de campañas militares impulsadas por el Papa y llevadas a cabo por gran parte de la Europa latina cristiana, denominadas guerras santas o CRUZADAS, principalmente por la Francia de los Capetos y el Sacro Imperio Romano Germano. Las cruzadas tuvieron inicialmente un objetivo específico de restablecer el control apostólico romano sobre la Tierra Santa: Jerusalén, en manos de los musulmanes y en menor medida de los judíos. Más adelante acontecieron otras campañas en España y Europa Oriental hasta el siglo XV. 

Las cruzadas fueron sostenidas principalmente contra los musulmanes, aunque también contra los eslavos paganos, judíos, cristianos ortodoxos griegos y rusos, mongoles, cátaros, husitas, valdense, prusianos y contra los enemigos políticos de los papas, dentro de los cuales también se encontraban los cristianos protestantes y otras iglesias separadas.

En el XIV la peste negra acabó con un tercio de la población europea; por otro lado la hambruna, la difícil situación económica y otros hechos como la Inquisición católica, fueron caldo de cultivo para que las inconformidades con los reyes católicos y el clero se acentuaran en la población, propiciando luchas intestinas y nuevas tendencias teológicas y filosóficas, que fueron marcando poco a poco los cismas que años más tardes se originarían. 

Todo lo antes expuesto fueron antecedentes del Gran Cisma de Occidente (1378-1417), pero no podemos olvidar que dentro de los precedentes de este Gran Cisma se encuentran las disputas entre los Papas de Aviñón y los de Roma, los primeros protegidos por el reino de Francia y los segundos por el reino de España, donde ambos reinos apoyaron la designación de sus papas, y estos se excomulgaron entre sí y se declararon herejes, naciendo nuevos antipapas, y más tarde un tercer Papa tuvo que ser elegido en un Concilio para poder resolver el problema, dando fin a esta disputa que duró aproximadamente 39 años.

Todo esto fracturó el Catolicismo y los reinados cristianos en Europa para siempre, dando lugar a guerras y más actitudes cismáticas por intereses personales que nada tenían que ver con el Plan de Dios, a todo lo cual se sumó el Reino de Inglaterra y Germania, dividiendo más aun los reinos cristianos, y dando lugar a sucesos históricos que ya no podían detener las constantes actitudes divisionistas dentro del catolicismo.

Aunque ya existían protestas contra el catolicismo por los excesos del clero y de los reyes cristianos, no eran aun nada estructurado. Sin embargo dentro del Sacro Imperio Germano nace Martín Lutero, fraile agustino y teólogo alemán, quien en 1517 del Siglo XVI d. C., enarbola las 95 tesis, toda vez que discrepa con el entonces Papa León X por varias situaciones, dentro de lo cual destaca los excesos con las ventas indulgencias, dinero que se recaudó, en gran medida, para la construcción de la Basílica menor de San Pedro.

Este reclamo no fue bien visto por el Papa, trayendo como consecuencia una serie de intercambios epistolares e intermediaciones, llegándose a proponer encuentros ecuménicos a los cuales se negó Lutero, quien llegó a negar la autoridad papal, motivo por el cual fue excomulgado, declarado hereje, apóstata y exiliado, naciendo oficialmente así el protestantismo, propiciando el Primer Cisma de la Iglesia Católica Romana, que a su vez dio lugar al nacimiento de las Iglesias Luteranas, Anabaptista, Evangelistas, entre otras denominaciones cristianas protestantes.

Por otra parte, ante la negativa del Papa Clemente VII de acceder al divorcio del Rey de Inglaterra Enrique VIII, entre los años 1531 al 1532 del Siglo XVI d. C., el Rey rompe con el papado Romano y se declara cabeza de la Iglesia Anglicana, por lo que en el 1533 el Papa excomulgó al Rey por divorciarse de su esposa sin su autorización, lo que hizo que éste se separara de la Iglesia Católica definitiva y radicalmente, dando nacimiento al Anglicanismo como nueva denominación cristiana, propiciando el Segundo Cisma de la Iglesia Católica Romana, que a su vez, años más tarde, dio lugar al nacimiento de las Iglesias Metodistas, Pentecostales, Episcopales, entre otras denominaciones cristianas separadas no protestantes.

Los primeros siglos de la Edad Moderna, del siglo XVI al XVII, en Europa coinciden con la Reforma Protestante y la Contrarreforma católica, que originaron un terrible período de sangrientas guerras de religión, que no han dado en llamarse Cruzadas, pero también lo fueron por transitividad, porque todos los que se opusieran al Papa eran igualmente sujeto y objeto de las mismas. 

En Alemania, el enfrentamiento entre príncipes católicos y protestantes terminó en un conflicto militar abierto con la guerra de Esmalcalda; mientras que previamente habían estallado movimientos sociales como la guerra de los campesinos alemanes, también llamados anabaptistas. En Francia (1562-1598) entre católicos y hugonotes calvinistas protestantes, lo cual devino en la matanza de la noche de San Bartolomé en el 1572. 

La Guerra de los Ochenta Años supuso la separación de los Países Bajos en un norte protestante y un sur que continuó católico; después de una Tregua de doce años, se gestó un conflicto europeo generalizado conocido como la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), iniciada como una renovación de los enfrentamientos católico-protestantes del Sacro Imperio Romano Germánico, que se complicó con la intervención de España, Francia y las monarquías escandinavas. 

Finalmente y como colofón, se desatan las simultáneas guerras de los reinos de Inglaterra, Escocia e Irlanda en las Islas Británicas, que también tuvieron un componente religioso esencial entre el protestantismo y el catolicismo, evidenciándose el pasado violento de los hombres que profesaban esta religión, quienes evidenciaron cuán alejados estaban de los mandamientos divinos de amor al prójimo, paz y unidad.

De todo lo antes expuesto se desprende el odio visceral que llega hasta nuestros días contra la Iglesia Católica, por parte de algunas denominaciones cristianas y de otras religiones no cristianas, y en menor grado viceversa, todo lo cual data de hace cinco siglos, algo que debe quedar en el pasado si realmente queremos trabajar por la unidad de la Iglesia de Jesucristo, para sanar debemos perdonar.

Todos los reyes o emperadores cristianos a lo largo de la historia se disputaban con los pontífices el Dominium Mundi, y se autoproclamaban seres divinos por el cesaropapismo, todo lo cual les permitía ser representantes del Estado, de Dios en la tierra y cabezas de sus Iglesias, cuando solo le es atribuible a Jesucristo ser representante de Dios en la tierra, según consta en las Sagradas Escrituras, y en estas mismas se especifica que Jesús comisionó a Pedro como su representante o vicario en la tierra. De continuarse con estas actitudes cismáticas y contrarias a la Palabra revelada se contraviene el Plan de Dios y así no lograremos la verdadera y necesaria unidad cristiana.

De igual manera, con el devenir del tiempo, el Judaísmo, Islamismo, Hinduismo, Jainismo, Sijismo, Taoísmo, Budismo, Confucianismo, y otras religiones, creencias o corrientes filosóficas han impedido históricamente que el Cristianismo se expanda por sus territorios, cual si tuvieran temor de que el Cristianismo echara raíces y las sacara del juego, algo que en la actualidad no ocurre así en Occidente, donde mayoritariamente está instaurado el Cristianismo, porque respeta la libertad religiosa como Derecho Humano, algo que deberían aprender el resto de las religiones o creencias en Oriente.

Tanto el luteranismo como el anglicanismo fueron fragmentándose más y más, igual suerte corrieron las Iglesias Coptas, Ortodoxas y otras autodenominadas derivaciones católicas, algo que continúa ocurriendo hasta nuestros días de una manera desenfrenada hasta llegar a más de 500 denominaciones cristianas, oponiéndose las unas a las otras y convirtiéndose en la gran vergüenza para el mundo religioso, alejándonos cada vez más del Plan de Dios y nada de esto es de Su agrado.

Aun y cuando lo sabemos seguimos haciéndolo o permitiéndolo en nombre de la libertad religiosa como Derecho Humano; sin embargo parece que desconocemos que esto es del diablo no de Dios, y no tiene nada que ver con los Derechos Humanos, sino con incomprensiones, ambiciones, orgullo y vanidad, que se traducen en pecados capitales, y alguien debe ponerle coto.

Como antes referimos, en Antioquía se denominó cristianos a los seguidores de Jesús de Nazaret, y Cristianismo a la religión que profesaban, por lo que no podemos seguir culpando a la Iglesia de Jesucristo por las actitudes cismáticas de los hombres, es hora de retomar la unidad cristiana. Todos somos cristianos: católicos, ortodoxos, coptos, protestantes, luteranos o anglicanos, y demás hermanos separados, y si realmente queremos agradar a Dios debemos actuar HOY y AHORA. 

Por tal virtud todos los cristianos, si queremos ser salvos, debemos trabajar por la UNIDAD o ECUMENISMO, para que se cumpla el Plan de Dios de rescatar a sus hijos dispersos por el mundo, sobre la máxima de que hay un tiempo para todo bajo el sol, un tiempo para separarse y otro para abrazarse, por lo que es tiempo de UNIRNOS, para juntos rescatar la Iglesia unificada de Cristo Jesús.

Necesidad del Ecumenismo

Es mérito efectuar algunas conceptualizaciones, para caer en la cuenta de qué es cada cosa y poder actuar en consecuencia. En tal virtud podemos definir el ecumenismo como las acciones que fomentan la unidad entre las distintas denominaciones cristianas, separadas por los grandes cismas que desde hace siglos han acontecido hasta nuestros días, constituyendo un camino de superación de estas divisiones, que responden al cumplimiento del mandato de Jesucristo en el Evangelio de Juan, capítulo 17, versículo 21: “que todos sean uno”. 

Esta palabra proviene del griego antiguo y nos llega como “tierra habitada”, término que se utilizó desde los tiempos del Imperio Romano para expresar todas sus tierras conquistadas, lo cual fue evolucionando, al punto que actualmente tiene una significación eminentemente religiosa, y es usada para aludir a los movimientos existentes en el cristianismo que laboran por la unificación de las distintas confesiones cristianas que se hallan separadas por cuestiones de doctrina, de historia, de tradición o de práctica.

Sin embargo, no debemos confundir ecumenismo con el diálogo interreligioso, toda vez que éste busca el trato recíproco constructivo entre las religiones o movimientos espirituales que no tienen una raíz cristiana en común, en el cual se busca la interacción positiva, cooperativa y constructiva entre personas de diferentes tradiciones o creencias religiosas o espirituales, tanto a nivel individual como institucional. 

A su vez se diferencia del sincretismo en que este busca una fusión o asimilación de doctrinas distintas sin coherencia sustancial, y tanto el ecumenismo como el diálogo interreligioso buscan la promoción del entendimiento, cada uno en su esfera de acción, para aumentar la aceptación de los demás. 

Es importante acotar que todas las religiones emplean la llamada regla de oro, que no es más que tratar a los demás como quieres que te traten a ti, que impide que se enfrenten entre ellas, y les exige poner en práctica una ética tanto dentro como fuera de sus comunidades, propiciando el diálogo y que se traten a todos como quisieran ser tratados. 

Cada religión tiene su propio ethos y sus fundamentos, sin embargo la historia ha demostrado que no existe ninguna religión que sea completamente monolítica; en cada una de ellas existen vestigios de diálogo interreligioso establecido por los creyentes, y en su casi generalidad ha existido sincretismo en sus orígenes o con el paso del tiempo o por dominaciones imperiales extranjeras, que para poder coexistir tuvieron que hacer reajustes y adecuaciones internas, o por actuales asimilaciones para atemperarse al status quo, en ambos supuestos so pena de fosilizarse.

Haciendo un poco de historia, es mérito acotar que desde el 1908 se pueden encontrar los primeros atisbos del movimiento ecuménico, donde dos episcopalianos norteamericanos anunciaron la necesidad de la UNIDAD de la Iglesia por una Octava, con excelente acogida en el mundo anglicano y católico, hasta el punto que uno de estos pastores pasó a ser católico, algo que fue quedando en el olvido hasta que nuevamente se retoma en el '21 como una Asamblea o Consejo para la unidad del anglicanismo y el catolicismo.

En el 1910 se celebró en Edimburgo la Conferencia Misionera Mundial que propició el movimiento ecuménico Fe y Constitución, la cual vino a ser la oficialización del movimiento ecuménico, que en el 1921 pasó a ser el Consejo Misionero Mundial. 

En el papado de Benedicto XV se sucedieron varios intentos de acercamientos ecuménicos con el catolicismo por hermanos luteranos protestantes o episcopalianos, particularmente en los años 1914, 1918 y 1919, sin que se hiciera nada serio al respecto, a no ser adoptar una actitud inconsecuente con el diálogo, toda vez que el Papa respondió que se consideraba a sí mismo como la fuente y la causa de la unidad de la Iglesia, y que la única unidad posible se encontraba en su retorno a la Iglesia católica, todo lo cual generó mayor distención.

En el 1920 se celebra en Ginebra, Suiza, la Conferencia “Vida y Acción”, que posteriormente fue parte del Consejo Mundial de Iglesias creado en el 1938, al cual se fusionó el Consejo Misionero Mundial. Se considera al Consejo Mundial de Iglesias como la principal organización ecuménica cristiana, y cuenta con la afiliación de 348 Iglesias y denominaciones de más de 120 países. Representa al conjunto de Iglesias de la Comunión Anglicana, protestantes y ortodoxas, goza de un alto prestigio moral. La Iglesia católica no es miembro del Consejo, pero ha participado de algunas comisiones, como la de "Fe y Constitución", por lo que no se descarta que en el futuro se integre en el Consejo como miembro de pleno derecho.

En 1928, el papa Pío XI publicó su encíclica Mortalium Animos, en la que trató con palabras duras las primeras iniciativas del movimiento ecuménico, retomando la postura de su predecesor. Afortunadamente en el 1929 se realizó la primera evaluación seria del trabajo ecuménico por parte de los católicos, con el libro de Max Pribilla.

Por tal virtud el papa Juan XXIII produjo un cambio de rumbo con la creación en 1960 del "Secretariado para la promoción de la unidad de los cristianos", una comisión preparatoria al Concilio Ecuménico Concilio Vaticano II celebrado por la Iglesia Católica del 1959 al 1962, que más tarde dicho Secretariado recibiría el nombre de Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos, que posibilitó un acercamiento entre todas las iglesias cristianas separadas o protestantes con la Iglesia Católica Romana.

Afortunadamente en el año 1962, gracias a este Concilio Ecuménico, la Iglesia Católica inició una serie de acciones tendentes a un mayor acercamiento con las Iglesias Ortodoxas, lo cual implicó que años más tardes el nuevo Papa Pablo VI y el Patriarca Ecuménico Atenágoras I, el 7 de diciembre de 1965, en una declaración conjunta, decidieron "cancelar de la memoria de la Iglesia la sentencia de excomunión que había sido pronunciada", algo que se ejecutó en el Gran Cisma de Oriente y Occidente en 1045, considerado un hecho sin precedentes en la Historia de las religiones, que marcó un hito en el Ecumenismo, algo digno de imitar por todos los cristianos.

Por su parte, los cristianos católicos tuvieron en la declaración titulada Nostra aetate (nuestro tiempo) del Concilio Vaticano II, donde se reguló las relaciones con las iglesias no cristianas, uno de los hitos más destacados en la propiciación del diálogo interreligioso, que se extendió a través del Secretariado para los no Cristianos, instituido por Pablo VI en 1964, y continuado con el Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso, creado por el nuevo papa San Juan Pablo II en 1988 con la constitución apostólica Pastor Bonus.

En el 1995 el papa San Juan Pablo II publica la encíclica Ut unum sint, que traducida del latín al castellano significa: Que sean uno, lo cual fue aludido en el lecho de muerte por su predecesor, el otrora papa Juan XXIII, quien lo retomó por lo que Jesús afirma en el Evangelio de Juan, capítulo 17, versículo 11; esta encíclica complementa un tema al que se le dio especial trascendencia en el Concilio Vaticano II, relacionada con la necesaria unidad de los cristianos. 

Este documento reiteró que la unidad de estas dos iglesias sui iuris (Católicas y Ortodoxas) es esencial, así como un mayor diálogo y unidad con las comunidades protestantes, todo lo cual demuestra la postura oficial de la Iglesia Católica hacia la unidad cristiana.

En el 1999, se firmó la Declaración conjunta sobre la doctrina de la justificación, entre la Iglesia Católica y la Federación Luterana Mundial, fruto de un diálogo ecuménico católico-luterano de casi tres décadas, que zanjó las profundas diferencias entre ambas denominaciones que datan desde el 1517. Recordemos que la doctrina de la justificación enarbola alguna de las principales causas doctrinales que propiciaron la separación entre protestantes y católicos, y entre las distintas ramas del protestantismo. De ahí la importancia que reviste este declaración.

En el 2000 el Papa Juan Pablo II pide perdón por los pecados cometidos en las Cruzadas, afirmando que jamás se volvería a repetir este suceso, porque Dios es amor y Jesucristo nos enseña que el Cristianismo debe ser una religión de paz y amor al prójimo.

Su sucesor, el papa Benedicto XVI, en el encuentro interreligioso de oración por la Paz en Asia 2006, afirmó que este evento buscaba la conversión de los corazones a la paz, y no a expresar un sincretismo religioso, por lo que a nadie le es lícito el motivo de la diferencia religiosa como pretexto para una actitud belicosa ante otros seres humanos. 

El actual Papa, Francisco, en su primera exhortación apostólica Evangeli Gaudium, se refirió al Evangelio y a la importancia del diálogo interreligioso. Y en varios encuentros interreligiosos ha recordado que las religiones ayudan al mundo a encontrar la paz, no la guerra, por lo que nunca han de ser manipuladas para favorecer conflictos y enfrentamientos.

En febrero del 2016, aprovechando la visita a Cuba del papa Francisco y del patriarca de Moscú y de todas las Rusias Cirilo I de Moscú, se reúnen y firman una Declaración conjunta; en este encuentro histórico ambos líderes se abrazaron después de casi mil años de separación de sus iglesias. 

En abril de ese año Francisco y los patriarcas Bartolomé I y Jerónimo II de Atenas, arzobispo de Atenas y de toda Grecia, respectivamente, suscribieron una declaración ecuménica conjunta en la cual manifiestan su preocupación por la trágica situación de los numerosos refugiados demandantes de asilo, que habían llegado a Europa huyendo de situaciones de conflicto en sus países de origen. 

El 31 de octubre del 2016, el papa Francisco participó en una ceremonia ecuménica en ocasión de la conmemoración luterano-católica por el quingentésimo aniversario de la Reforma iniciada por Martín Lutero, donde firmó junto a Munib Younan, presidente de la Federación Luterana Mundial, una declaración conjunta, en el marco de su viaje apostólico a Lund (Suecia).

Por otra parte, resulta meritorio significar otras organizaciones que han tenido un alto impacto en el ecumenismo y en el diálogo interreligioso, tal es el caso de:

-El Parlamento Mundial de Religiones o Parlamento de las Religiones del Mundo, creado en Chicago USA en 1893 hasta nuestros días, donde participan todas las religiones o denominaciones existentes actualmente en el mundo, basándose en la idea de la tolerancia, la paz y la convivencia respetuosa, es una organización internacional no gubernamental de diálogo interreligioso y ecuménico. 

-La Asociación Internacional para la Libertad Religiosa fundada en 1900, es la organización no gubernamental de ámbito mundial dedicada al diálogo interreligioso, la que está constituida por más de 90 grupos religiosos de diversas confesiones y tradiciones, repartidos en 25 países. 

-La Federación Luterana Mundial, es una comunión global de iglesias cristianas de confesión luterana, fundada tras la Segunda Guerra Mundial, en 1947, para coordinar a las numerosas y diversas iglesias luteranas alrededor del mundo; no es una denominación cristiana, y se propone servir a la unidad cristiana en el mundo. 

-El Movimiento de los Focolares, creado en la Europa de la postguerra y reconocido por la Iglesia Católica en el 1990, es caracterizado por su vocación al ecumenismo y al diálogo interreligioso, se dedica además a promover la fraternidad universal y el diálogo con otras culturas y religiones no cristianas. 

-Y finalmente, la Comunión Anglicana es una afiliación mundial de Iglesias anglicanas en plena comunión con la Iglesia de Inglaterra y específicamente con su primado, el arzobispo de Canterbury; con noventa y ocho millones de miembros, la Comunión anglicana es la tercera comunión cristiana más grande del mundo, tras la Iglesia católica y la Iglesia ortodoxa.

Todo lo antes expuesto ha propiciado que los siguientes temas hayan avanzado, algunos más otros menos, pero se sigue trabajando en ello, a saber: el bautismo, algo que todas las denominaciones cristianas reconocen como necesario, aunque algunos difieren si es el bautizo trinitario, en nombre de Jesús o solo del Espíritu Santo, o si es necesaria o no la inmersión; en cuanto a la eucaristía, la autoridad papal y su infalibilidad pontificia son temas aun sujetos a debate; con respecto a los matrimonios, está el tema de las propuestas poco aceptadas de los igualitarios o entre personas de diferentes denominaciones con respecto al estatus sacramental dentro del catolicismo o las uniones consensuales que impiden comulgar; por otra parte está el divorcio y el aborto donde los debates actuales rebasan las cuestiones de índole moral y de libre albedrío. Entre otros aspectos.

En cuanto a problemas de formulación más moderna, como los de la justicia social, la vida internacional y las libertades cívicas, como es el caso de la libertad de culto, la libertad de enseñanza, la libertad de expresión, entre otros hoy considerados Derechos Humanos, los puntos de vista son similares hasta el extremo de que las distintas Iglesias cristianas han llegado a pronunciarse a través de declaraciones comunes. 

Muchos de estos avances eran impensados o utópicos un siglo o unos años atrás, pero la realidad es que las generaciones más jóvenes han tenido un peso importante en el avance del movimiento ecuménico mundial, toda vez que están LIBRES DE PREJUICIOS y QUIEREN EL CAMBIO.

Dentro de todo este proceso encontramos a una de las personas que más ha contribuido a la promoción de la idea del ecumenismo en el siglo XX, especialmente entre los jóvenes, el hermano Roger Schutz, fundador de la ecuménica Comunidad de Taizé.

Por otra parte, después que la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU) acordara en fecha 10 de diciembre de 1948 la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DD. HH), se reconoce como tal la libertad de pensamiento, de culto y de asociación, así como también la paz, la vida, entre otros muchos DD. HH. 

Por tal virtud hoy podemos hablar libremente de tolerancia religiosa, pluralismo religioso, diálogo interreligioso o intrarreligioso, y diálogo ecuménico. Para lo cual resulta necesario la separación Iglesia-Estado, donde la Iglesia no interviene en los asuntos públicos y el Estado se debe mantener aconfesional o laico, permitiendo la libertad de culto a todos los ciudadanos. 

Actualmente, la separación entre la Iglesia y el Estado se encuentra plasmada en la mayoría de las actuales constituciones nacionales, mediante el establecimiento de un Estado laico, constituyendo una tendencia la secularización del Estado.

Todo lo antes expuesto es un trabajo diario y de todos los cristianos, no solo de los líderes, sino particular y especialmente de los laicos, dejando atrás los rencores, sustentados en el AMOR EDIFICANTE y en el PERDÓN SALVÍFICO. Por lo que debemos hacer honor a las enseñanzas de Jesús de amor a Dios y al prójimo (Mc. 12: 29-31), así como hacer LETRA VIVA el PADRENUESTRO (Mt. 6: 9-13; y Lc. 11: 1-4). Es por ello que debemos actuar HOY y AHORA.

Consideraciones finales

Queda mucho por hacer, pero se ha avanzado y no es separados que los cristianos lo lograremos. Las familias JUNTAS resuelven TODO, separados tal vez vayamos más rápido a ningún lugar, pero juntos llegaremos más lejos y seguros para glorificar el Plan Divino. Ya estuvimos mucho tiempo separados, hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa bajo el sol, un tiempo para separarse y un tiempo para abrazarse, es tiempo de UNIRNOS (Ec. 3: 1, 5). Hasta la naturaleza lo hace, y Dios nos habla muchas veces a través de la naturaleza, y no queremos escuchar. Quien tenga oídos que escuche y quien tenga ojos que vea.

Tal vez sea necesario retomar la idea de la Pentarquía para lograr la unidad y gobernabilidad en la futura Iglesia Cristiana Universal, pero sobre una nueva perspectiva como solución viable: Católica Romana, Ortodoxa, Copta, Protestantes (Luteranas y otras) y Anglicana con sus derivaciones separadas. Todas en plena comunión con el Papa como Primus Inter Pares, respetando la diversidad en la unidad.

Debemos retomar esto y dejar a un lado los intereses personales, las disputas cristológicas y los Cismas, que no son de Dios son del diablo, algunas tienen sustentos y otros no, pero aun con sustento separados y dividiendo más el Cristianismo seremos menos creíbles y más vulnerables, y de este modo el Plan de Dios nunca será cumplido, lo cual no nos hace buenos cristianos.

El que continúe actuando de esta manera tendrá todos sus premios en esta vida aunque cumpla la Ley de Dios todos los días, pero Dios jamás estará en su corazón, porque estas actitudes de ansias de poder, de liderazgo personal, de avaricia terrenal y demás decisiones egoístas no son bien vistas a los ojos de Dios, porque son inspiradas por el mal espíritu, por lo que debemos discernir y trabajar por aprender a escuchar y sentir las mociones del buen espíritu para que nos permita cumplir aquello para lo cual fuimos creados y nos lleve a seleccionar de entre dos ideas buenas la mejor (magic ignaciano). 

Aprendamos a vivir con nuestras diferencias y centrémonos en lo que nos UNE: el AMOR (a DIOS, a JESUCRISTO y al PRÓJIMO), lo que nos lleva a la supremacía del amor (Mc. 12: 29-31; 1 Cor. 13:13; y 1 Jn. 4: 7-12). Dejemos que el Alfarero nos moldee nuevamente y permitamos que salga una nueva vasija más agradable, ya no fragmentada o sin brillo como la anterior (Jer. 18: 1-10). Evitemos que Dios nos haga la pregunta: ¿Qué has hecho con los talentos y dones que te he dado? Porque no encontraremos una respuesta satisfactoria para darle y nos afectará profundamente, motivo por el cual debemos ser fieles y honestos y actuar en consecuencia (Lc. 16: 10; y Ef. 4: 1-32).

Desafortunadamente todos los cristianos somos hermanos separados. Nuestro amor por Dios y por Jesucristo debe ser más que suficiente para unirnos, perdonarnos y juntos avanzar, más allá de las cuestiones Teológicas o filosóficas, que por más de mil años no han logrado poner de acuerdo a los cristianos, sin darse cuenta de que están siguiendo no a Dios sino al diablo con estas actitudes cismáticas, y es algo que todos juntos debemos revertir para agradar a Dios. Cómo vamos a decir que somos buenos cristianos si no somos capaces de amar verdadera e incondicionalmente a nuestro prójimo, porque ese cristiano separado también es nuestro prójimo y nuestro hermano (Mc. 12: 29-31).

Dejemos de ser una vergüenza para Dios, que ve con dolor y desagrado el destrozo que hemos hecho con la Iglesia que creó Su Hijo. Descontruyamos todo lo que nos separe y nos genere un dolor que impida respirar. Tomemos fuerza desde Dios y con la ayuda de Jesucristo reconstruyamos con amor edificante y perdón salvífico, para que la religión cristiana (Cristianismo) tenga su única Iglesia Universal o Católica, que contribuya al rescate de los hijos de Dios dispersos por el mundo, siendo este el Plan aún inconcluso y mandatado por Dios en las Sagradas Escrituras.

Si los actuales reyes cristianos actuaran como verdaderos cristianos, dejarían de llamarse representantes divinos y permitirían la COMUNIÓN PLENA de sus iglesias con la Iglesia Católica, las que se separaron por diversas causas, justificadas o no, pero que son fruto de las actitudes cismáticas de los hombres, desagradando con este mal proceder a Dios y a Su Hijo Jesucristo, quien en Pentecostés creó la Ekklesia Katholes, que es una, santa, católica y apostólica, que en Roma Pedro ató su núcleo, tanto en la tierra como en el cielo, actuando como vicario mandatado por Jesucristo.

De no hacerse lo debido por todos los reyes cristianos, por todos los líderes religiosos de las distintas denominaciones cristianas ni por todos los cristianos, es decir, si no trabajamos juntos por la UNIDAD o Ecumenismo, habremos tenido nuestra paga en esta vida, así como en el reino de los cielos, y sucederá como el pasaje bíblico del Nuevo Testamento de San Lázaro el pobre leproso (Lc. 16: 19-31), en el cual Jesús nos narra claramente que un rico vivió en abundancia y no escuchó a los Profetas ni vio las señales divinas, y cuando muere quiso ayuda pero fue MUY TARDE, ya nada se pudo hacer por él ni por su familia. Si hacemos lo debido en esta vida tendremos la bienaventuranza por tener un corazón puro y de seguro veremos a Dios (Mt. 5: 8).

Un microscópico virus, con efectos pandémicos de magnitudes planetarias, ha atacado a toda la humanidad, introduciendo una nueva recesión de la economía mundial que no sabemos cómo terminará, y es en momentos como estos cuando reconocemos la fragilidad humana y nos ponemos en las manos de Dios, y es aquí cuando Su verdadero poder se hace manifiesto, nos damos cuenta de que no somos nada sin Él, solo somos una partícula cósmica en un pequeño instante de la eternidad, y que nuestras vidas hoy tendrán un alto impacto en el mañana y en el más allá en la medida que obremos bien, quien hoy coseche riquezas desmedidas a expensas de los demás sin obrar bien, mañana en el Reino de los Cielos no tendrá recompensa y será como el hombre rico en la parábola de San Lázaro el pobre leproso, antes referida.

Ni reyes, ni líderes religiosos ni religiosos, ni laicos, ni ateos, nadie puede eludir o escapar del Gran Poder de Dios, porque TODOS somos sus criaturas, sus hijos; que el simple hecho de que hayamos sido perdonados por la sangre que Cristo derramó por nuestra causa no nos exonera de una vida recta, más bien debe estar llena de buenas obras para agradarle a Él, porque son nuestras obras y no solo nuestra fe la que nos salva, porque una fe sin buenas obras es un árbol sin frutos, y Dios quiere que cada uno de nosotros demos abundantes frutos dulces y que empleemos nuestros talentos en buenas obras (Mt. 25: 14-30; Lc. 19: 11-26; II P. 1: 4-11; y Stg. 1: 4; 2: 14-26).

No seré yo, un simple mortal, quien dirá qué está bien o mal dentro de las iglesias cristianas, pero si queremos verdaderamente agradar a Dios y a Jesucristo, los líderes religiosos y los laicos de las iglesias Católica, Ortodoxa, Copta, Anglicana, Luteranos y demás Protestantes o separadas debemos potenciar el Ecumenismo para reconocernos como seguidores de Jesucristo e hijos de Dios, para con humildad entrar en Comunión con la verdadera Iglesia de Dios creada por Jesucristo en Pentecostés, que Pedro quiso que radicara en Roma su sede central, y una vez en comunión reconocer que el Papa fue, es y será el Primus Inter Pares, para luego restablecer la Pentarquía, que bien funcionó en tiempos antiguos, que puede servir útilmente a los Planes de Dios en la actualidad, evitando las actitudes cismáticas, y de esta manera evitar que el diablo siga obrando en los cristianos de fe endeble y hasta malsanas en algunos casos, cuando debe ser la Palabra de Dios la fuente de agua viva en nuestras vidas, pero algunos insisten en truncarla en beneficio propio para seguir atizando la llama separatista y no debemos permitirlo.

Ciertamente algunos de los hombres que han dirigido la Iglesia Católica hicieron cosas poco agradables a Dios en el pasado y tal vez en tiempos actuales, pero también es cierto que, entre otros, el Papa San Juan Pablo II y el Papa Francisco han trabajado y siguen trabajando para acercarla cada vez más a la Palabra de Dios y a la Sana Doctrina, trabajando por el Ecumenismo, que se traduce en unidad cristiana y en cumplimiento de la Ley de Dios y de los hombres. 

Pero que tire alguien la primera piedra si no ha pecado antes, porque NINGUNA de las DENOMINACIONES CRISTIANAS está libre de errores o pecados, tanto en el pasado como en el presente, y de una manera u otra no son fieles cumplidores de la Palabra de Dios, sea en la Sana Doctrina, liturgia, teología, filosofía u otro aspecto, siendo en esto lo que se centran los hermanos cristianos protestantes y otros separados, cuando deberíamos centrarnos TODOS en el AMOR a nuestro Dios y a Jesucristo, y como buenos prójimos debemos tendernos las manos y AMARNOS para permanecer unidos en Dios (Mc. 12: 29-31). 

Reitero, estoy seguro que la Iglesia Católica tiene que seguir transformándose para apegarse cada vez más a la Palabra de Dios, como también tienen que hacerlo todas las iglesias protestantes y demás iglesias separadas. Será Dios quien juzgue nuestros actos y más si no trabajamos por la verdadera y necesaria unidad de Su Iglesia.

El Padre Nuestro es una sagrada oración que Jesucristo nos enseñó y nos llama a perdonar, y a no dejarnos caer en las tentaciones (Mt. 6: 9-13; y Lc. 11: 1-4). No es de Dios separarse sino unirse. Comprendo que cuando ocurrieron los Cismas eran otros tiempos y pensar diferente era una herejía, pero hoy es un Derecho Humano, y aunque en cuestiones de fe sea más complicado, reitero que debemos aceptarnos con nuestras diferencias y centrarnos en lo que nos une: el amor a Dios y a Jesucristo. 

De que nos sirve esta oración del Padre Nuestro si no nos perdonamos y no hacemos del Cristianismo algo digno de imitar, que sume no que reste y menos que divida. Hagamos esta oración letra viva en nuestras vidas y de seguro brotará ese manantial de agua viva que saciará por siempre nuestra sed (Jn. 4: 10-38). 

Repito, esta no es solo tarea de los líderes religiosos sino también y fundamentalmente de TODOS LOS CRISTIANOS. Pero además cómo vamos a llamarnos cristianos y rezar el Padre Nuestro y no vamos a perdonar 70 veces 7 (Mt. 18: 21-22); estamos actuando como los fariseos, quienes hipócritamente se llamaban fieles cumplidores de la Ley mosaica pero que no amaban ni se unían al prójimo (Lc. 10: 25-37; y 18: 10-14). Es hora de unirnos y que la primacía del amor rija nuestras vidas (Mc. 12: 29-31; 1 Cor. 13: 13; y 1 Jn. 4: 7-12). Es por esto que Jesús nos enseñó que aun así debemos ser superiores a los fariseos y escribas, porque aunque no eran buenos samaritanos ni modestos eran fieles cumplidores de la ley, este debe ser el punto de partida (Mt. 5: 20).

El Papa San Juan Pablo II, como entonces VICARIO o representante de Jesucristo, en el 2000 pidió PERDÓN ante el Mundo por los errores de la Iglesia Católica en el pasado, entre otros por las Cruzadas; quien a su vez promovió el concepto de dar espacio al otro y no de dominar espacios; y además se refirió a la necesidad de la globalización de la solidaridad, algo que debemos hacer como parte de nuestras vidas para ser mejores cristianos, haciendo honor a las Parábolas del buen samaritano y las de la trilogía de la misericordia o de la alegría que Jesús nos enseñó, que aparecen en el Evangelio de Lucas y en menor medida en el de Mateo del Nuevo Testamento de la Biblia cristiana, que nos enseñan a ayudar y amar al prójimo, y a alegrarnos ante la recuperación de alguien o algo muy amado perdido y encontrado (Lc. 10: 25-37; 15: 1-32; Mt. 18: 10-14; y Mc. 12: 29-31).

El Papa Francisco, por su parte, nos enseña que debemos decir no a la globalización de la indiferencia, y es la indiferencia o ausencia de sensibilidad lo que hoy muchos cristianos manifiestan ante el Ecumenismo y así no lo lograremos jamás; que nada tiene que ver con ser indiferentes ante las cosas como nos enseña San Ignacio, que se refiere a la libertad de poder elegir, libre de ataduras, lo que más nos conduce al querer de Dios (magis ignaciano), y el buen espíritu nos está dando mociones que desde nuestro interior gritan por la necesidad del Ecumenismo real y efectivo.

De igual manera Francisco alude al término yohabriacreismo como fórmula mágica que nos reinventamos, cuando en verdad deberíamos creer menos y trabajar más en soluciones reales, porque Dios no juzgará lo que sintamos o creamos, sino nuestros actos o nuestras inacciones, y hasta ahora nuestros actos cismáticos son de total desagrado a Sus ojos, por lo que debemos cambiar hoy y ahora si de verdad queremos ser salvos. 

Somos únicos especiales e irrepetibles, hechos a Su imagen y semejanza, si Él nos ama incondicionalmente a pesar de nuestros muchos pecados, porqué condicionamos nuestro amor por Él y por Su Hijo, porqué hacemos cosas que desagradan en vez que hacer cosas que agraden, aun y cuando sea más difícil; por lo cual debemos sustentarnos en la premisa de que EN DIOS TODO ES POSIBLE. 

Por el camino de la reparación Dios, por amor, puede llevarnos a caminar por caminos difíciles y angostos, a experimentar heridas y espinas dolorosas, pero nunca nos abandonará y son Sus caminos rectos los que nos salvarán y nos llevarán a la vida. Para un creyente, más que una esperanza, es una certeza, nos enseña así nuestro Sumo Pontífice Francisco.

Volver al Cristianismo Primitivo no es la solución, porque ya nada será lo mismo, pero debemos desconstruir esta relación tóxica entre los cristianos de diferentes denominaciones, y reedificar sobre lo que nos une: el amor a Dios y a Jesucristo, para cumplir el Plan de Dios de unir a sus hijos dispersos por el mundo. 

El Cristianismo es la religión de mayores adeptos en el mundo, pero también es la mayor decepción dentro del mundo religioso, y debido a esto cada vez más creen menos en ella y por consiguiente en Dios, unido a que se habla de amor al prójimo y solo se visualiza guerra, desamor, ambiciones, divisiones o actitudes cismáticas y otras cosas más que no son de Dios, tributando a que hayan más ateos, inconversos o personas que cambien dentro del Cristianismo o fuera de este hacia otras religiones abrahamánicas u otras. Debemos hacer algo urgente hoy no mañana, so pena de tardío.

Hagamos de la Iglesia de Jesucristo creada en Pentecostés, algo digno de imitar, y que el mundo vea en los cristianos un verdadero amor a Dios, a Jesucristo y al prójimo (Mc. 12: 29-31), personas amantes de la paz y del progreso. Cesen las actitudes cismáticas. 

El Cristianismo está abocado a ser como el Supercontinente Novopangea: reunificación futura (Ec. 3: 5). Y quizá, una vez que esto acontezca, es decir, que se logre el Cristianismo Universal, podamos trabajar para la unidad entre todas las religiones abrahamánicas, dentro de las cuales destacan, además, el judaísmo y el islamismo, siendo estas tres las principales religiones del mundo, todo lo cual puede servir de manera más eficaz al Plan de Dios de unir a todos sus hijos dispersos por el mundo.

El Cristianismo y el Judaísmo deben aceptarse tal como dijo el entonces Papa San Pablo  II: que “el judaísmo es el hermano mayor del cristianismo”, así como que en el Cristianismo debe perdonarse lo que aconteció con Jesucristo como parte del Plan de Dios, y los judíos comprender que las Sagradas Escrituras hablaron del Mesías y que Jesús de Nazaret fue, es y siempre será ese Mesías o Cristo, que vino a salvar al mundo y a redimir a TODOS los humanos por sus pecados, y que para adorar a Dios no hay que ser judío ni ser circuncidado, sino un ser humano que haciendo uso de su libre albedrío escoge seguir a Dios para adorarlo y alabarlo con obras agradables y con una fe firme, para que una vez unidos el judaísmo y el cristianismo, poder juntos ir a por el Islam, quien es el hermano menor, y como buenos hermanos debemos estar juntos, hoy más que nunca, porque así llegamos más lejos y seguros.

Con esto contribuimos, en gran medida, a la paz y al verdadero amor por el prójimo (Mc. 12: 29-31; y Ec. 3: 1-8). Estas tres religiones adoran al mismo Dios, creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible; el nombre que cada una quiera darle es cuestión de traducción, pero debemos centrarnos en lo que nos une y aprender a aceptarnos en nuestra diversidad, todo lo cual hace del ecumenismo y del diálogo interreligioso una necesaria e insoslayable realidad.

De lograrse esto, de seguro será mucho más fácil lograr la unidad de las religiones monoteístas, luego las teístas, luego las no teístas y quizá finalmente, pudieran sumarse los ateos, y de seguro el Plan de Dios estará cumplido, pues sus hijos ya no estarán dispersos por el mundo, sino juntos amándolo, alabándolo y glorificándolo por todo el mundo. 

Existen más religiones que niños felices, sentenció el cantante guatemalteco Ricardo Arjona. Las guerras fratricidas entre religiones a lo largo de la historia han sido hechos bochornosos, que lejos de hablar bien de las religiones han hecho que muchos seres humanos las renieguen, pero una vez más afirmamos que esto no es obra de Dios, el problema del mal y la propensión de los hombres al pecado y a las acciones malsanas, divisionistas y egoístas es entera responsabilidad de cada ser humano, que en su libre albedrío escogen seguir al mal espíritu que los conduce a la destrucción y a la muerte, en un ilusorio ideal de poder y “felicidad”, que lejos de permitirle un avance los estanca. 

Por otra parte, la época de anatemizar, declarar herejes, excomulgar, proscribir, excluir y exiliar debe ser suprimida por una sola palabra: AMOR, que nos lleva a la vida, a la PAZ y a la UNIDAD, con esto el camino recto y angosto se nos hace más accesible y el único posible para nuestra verdadera salvación.

Todo lo antes expuesto puede resultar idílico y, tal vez, utópico para algunos que piensan que no solo es imposible sino impensable, pero si lo hacemos lleno de la luz que Dios infunde en nuestros corazones guiados por las enseñanzas de Jesucristo, de seguro que TODO es posible y mucho más si dejamos a Dios al control de TODO, porque no podemos seguir permitiendo que el egoísmo, el individualismo y las actitudes cismáticas rijan nuestras vidas, por lo que debemos retomar que hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa bajo el sol, un tiempo para odiarse y otro para amarse, un tiempo para ir a la guerra y un tiempo para la paz, un tiempo para estar separados y uno para abrazarse, y es tiempo de unirse en el amor edificante y el perdón salvífico que Dios infunde en nuestros corazones (Ec. 3: 1, 3-5, 8), si realmente queremos ser hombres justos y de corazón puro para poder alcanzar la bienaventuranza (Mt. 5: 8, 10).

Por el camino de la reparación, sustentados en el amor edificante y el perdón salvífico debemos encontrar puntos comunes y tender puentes en beneficio de TODOS los CRISTIANOS. Si realmente somos hombres de paz y de buena voluntad, debemos trabajar en descontruir todo lo que nos separe y reconstruir la unidad a partir de una diversidad reconciliada en el diálogo y en el testimonio común, porque sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de los que lo aman. (Ro. 8: 28). 

Mahatma Gandhi nos enseñó que “la verdad jamás daña a una causa justa”, y es justo y necesario que todos los cristianos abracemos nuestra fe en verdadera comunión; motivo por el cual todos los cristianos, si queremos ser salvos, debemos trabajar por la UNIDAD, para que se cumpla el Plan de Dios de rescatar a todos Sus hijos dispersos por el mundo y así Jesucristo sentirá verdadero orgullo por sus fieles. Hay un tiempo para todo bajo el sol, es tiempo de UNIRSE!

domingo, 17 de mayo de 2020

REFORMA NECESARIA

El 17 de mayo de 1946 miembros de la entonces Guardia Rural asesinan, en una locación guantanamera, al campesino Aniceto (Niceto) Pérez García, quien fuera un activo integrante de la entonces Asociación Campesina y férreo oponente a todo tipo de abusos y atropellos contra los pobladores rurales; por lo que en esta misma fecha de año no precisado, pero si antes del 1959, los campesinos de la zona develan un modesto busto en su nombre e instituyen el 17 de Mayo como Día del Campesino cubano, tradición que se oficializó el 17 de Mayo del 1959.

El 17 de mayo del 1959, en conmemoración al asesinato de Niceto Pérez, se firma por el entonces Primer Ministro, en la Comandancia de La Plata de la Sierra Maestra, otrora Provincia de Oriente, actual Municipio Guamá, de la actual Provincia de Santiago de Cuba, la “Ley de Reforma Agraria”; años más tarde, en el 1963, sobrevendría una segunda Ley de Reforma Agraria, motivo por el cual también se conoció a la del '59 como la “Primera Ley de Reforma Agraria”. 

Ambas normativas obedecieron a necesidades históricas acumuladas de eliminar el latifundio existente, con la idea de posibilitar MAYOR  PRODUCCIÓN nacional y MEJORAR las condiciones de vida del campesinado, todo lo cual más adelante profundizaremos.

Origen el problema

Sin pretender hacer un análisis evolutivo histórico, resulta menester escudriñar en los orígenes del problema de la REFORMA NECESARIA, partiendo de la etapa colonial, transitando por la etapa republicana hasta llegar al año 1959 y siguientes; para lo cual emplearemos las herramientas del materialismo histórico dialéctico concreto, que nos permitan situarnos dentro del problema y contextualizarnos, para analizar coherentemente sus diferentes aristas y hacer una valoración integral del proceso y su evolución lo más certero posible, evitando parcialidades que en nada favorecen los procesos históricos ni su desenlace final, porque aún se reescriben sus páginas.

Cuba fue colonizada por España durante poco más de 400 años, momento que se inicia con el descubrimiento por Cristóbal Colón en 1492, seguido de varias incursiones de reconocimiento y conquistas, que se acentuaron en 1510 por Diego Velázquez con la conquista paulatina del territorio de Cuba, fundando la primera Villa en Baracoa en el año 1512, pero la oficialización colonial comienza en el 1777, cuando se instaura la Capitanía General de Cuba bajo la tutela de los Reyes Católicos de España, todo lo cual rigió hasta el 1898, momento en el que se firmó por España y los EE. UU. el Tratado de París, como resultado final de la Guerra cubano-hispana-norteamericana, en el cual España entrega Cuba, Puerto Rico y Filipinas a los EE. UU.

Mérito significar que el Reino de España, en el momento de la dominación y coloniaje de Cuba, era la principal potencia extranjera europea, cuyo declive fue acaeciendo paulatinamente con el ascenso del Reino Unido de Gran Bretaña y la pérdida de varias de sus colonias, llegando a ser Cuba la última en perder, poniendo fin a lo que en su día fue uno de los reinos más poderosos y temidos de Europa Occidental, desde la Edad Media hasta la Edad Contemporánea, particularmente hasta finales del Siglo XIX.

Mientras Cuba fue colonia, España se encontraba en un período histórico caracterizado por el Feudalismo y fue transitando hasta llegar al capitalismo, con el consecuente desarrollo productivo y tecnológico que esto implicó para ellos; sin embargo los medios de producción y las fuerzas productivas en Cuba estaban desfasadas en el tiempo, toda vez que no había desarrollo tecnológico y la fuerza de trabajo predominante era esclava, siendo este aspecto y la independencia de Cuba los MOTORES IMPULSORES para el inicio de las gestas libertarias de 1868, que a intervalos y con características propias duró hasta el 1898, año en el que España firmó la paz con los EE. UU., según como antes expusimos, donde irrespetuosamente no permitieron la merecida presencia de los cubanos. 

Como lógica consecuencia el 1 de enero de 1899 acontece la ocupación militar de los EE. UU. en Cuba, como gobierno interventor; y luego de varios trances políticos y económicos se aprueba en febrero de 1901 la Constitución de la República de Cuba por los Delegados de la Convención Constituyente.

Teniendo en cuenta que Cuba era un país ocupado militarmente por los EE. UU., este retrasó su aprobación hasta que la Convención Constituyente modificó la Constitución en junio de 1902, para incorporar la enmienda Platt, como un apéndice constitucional que había sido aprobado por el Congreso de los EE. UU., que garantizaba su poderío neocolonial, lo que implicó que el pueblo cubano no alcanzó su total independencia, primando los intereses externos por encima de los nacionales.

Por lo que el 20 de Mayo de 1902 se puso en vigor la Constitución de la República y se reconoce por la Historia cubana como el día del nacimiento oficial de la República de Cuba, con Tomás Estrada Palma como su primer Presidente. En esta Constitución se reconoció la tripartición de poderes y su carácter liberal-democrático, algo que significó un hito histórico, aunque en la práctica otra historia se contara.

Mérito significar que Cuba saltó del esclavismo al capitalismo, sin transitar por el feudalismo, pero en ambos supuestos se implementó su variante más atrasada. El que no se haya transitado por el feudalismo impidió que se pudiera experimentar un proceso histórico natural y necesario, que implicó una indudable evolución y desarrollo de los medios de producción y de las fuerzas productivas, algo que aconteció fundamentalmente en el campo y desde allí irradió a las ciudades, implicando mejores relaciones de producción, que ayudó a salir del estancamiento económico existente en el esclavismo; con la mejora continua del sistema feudal se dio origen a un nuevo modo de producción, propiciado por las pujantes nuevas clases burguesas y obreras asalariadas, que poco a poco fueron desplazando a los señores feudales, permitiendo un salto tecnológico significativo, que llevó a estos países a otro estatus de desarrollado conocido como capitalismo.

Estas transformaciones NATURALES y ESPONTÁNEAS fueron MUY  IMPORTANTE necesarias en los procesos históricos, porque significó un SALTO EVOLUTIVO en el progreso socioeconómico de las naciones, y la Historia ha demostrado, con gran elocuencia, que donde no ocurrió así no hubo solidez económica y al final los procesos instaurados no han perdurado, por lo que han tenido que abortar o emplear fórmulas mixtas para poder subsistir.

Sin embargo, es mérito significar que desde la etapa colonial los trapiches azucareros hicieron de Cuba una nación NOTORIA, así como por su producción de carne vacuna, del café, ron, tabaco, cacao, entre otros productos agropecuarios.

Por otra parte, el latifundio en la etapa colonial era a escala superlativa, toda vez que todas las tierras de Cuba eran del Rey de España, sustentados en el principio de Derecho Romano: res nullius, cuya transcripción al castellano deriva en cosa de nadie, toda vez que al no pertenecer a “nadie” porque “ellos descubrieron” a Cuba y la colonizaron, por transitividad todas las tierras le pertenecían al Estado monárquico Español, algo que con el tiempo se fue cediendo en propiedad a colonos españoles, y a otros compradores de otros países que se fueron asentando en Cuba, dentro de los cuales destacan franceses, norteamericanos, entre otros, que vieron en Cuba grandes potencialidades económicas y agropecuarias por su clima y su tierra fértil, propicia para producciones específicas, propias de países tropicales, que eran muy demandadas en los países desarrollados.

En la etapa republicana, con la dominación norteamericana, todo lo antes expuesto fue superado con creces, ya que se posibilitó un aparente salto económico y tecnológico unido a la implementación de nuevos centrales azucareros y del ferrocarril con modernas locomotoras, lo que propició un alto impacto económico al incrementarse los niveles productivos, de consumo interno y de exportación, siendo el mercado norteamericano su principal y casi exclusivo destino. Para lograr esta dependencia, EE. UU. no le permitió a Cuba acceso a las tecnologías de punta ni diversificar su economía, lo cual implicó que muchas de las producciones nacionales tuvieran que ser exportadas en bruto para EE. UU., para ser procesadas y luego ser importadas a Cuba como productos terminados, e incluso llegaron a exportarlas a otros países como productos Made in USA gracias a las materias primas de producción nacional, sin que se reconociera el valor agregado cubano.

Todo lo antes expuesto devino en negocios bien jugosos para ambas partes, y en innegables beneficios alimenticios y de todo tipo para el pueblo cubano; pero una parte significativa del pueblo no tenía acceso a estos beneficios, porque al no encontrar trabajo no podía sustentarse económicamente, y teniendo tanta producción de alimentos en el país algunos morían de hambre al no poder acceder a ella; tanto así que el entonces vigente Código de Defensa Social, conocido también como la ley de los delitos, tenía dentro del delito de Robo una modalidad que atenuaba considerablemente la sanción, cuando el delito se cometía por una persona en estado de calamidad económica extrema o para alimentar a sus hijos menores y no tenía con qué pagar.

En cuanto a lo que antes existía con los españoles, respecto al latifundio, se intensificó con la dominación norteamericana, toda vez que personas naturales y jurídicas cubanas y extranjeras, mayoritariamente norteamericanos, poseían la mayoría de las tierras productivas, quedando en manos de algunos cubanos pequeñas cantidades de tierra que les permitió un notable beneficio económico, que complementaron con otros pequeños negocios no agrícolas, algo propio de estos sistemas: la libertad de empresa, lo cual posibilitó muchos más beneficios personales, familiares y a la comunidad; tanto así que algunos de estos pequeños agricultores nacionales llegaron a apoyar a las tropas rebeldes que se enfrentaron contra la tiranía batistiana, y que luego igualmente fueron afectados por el proceso revolucionario después del '59, ya no solo por exceder los límites aprobados para ser propietario de tierras, sino, en algunos casos, por otras causas, muchas de estas hasta la fecha no definidas, que bien pudieran llegar a constituir excesos no resueltos, creando innecesarios descontentos en un sector de la población.

Con todo este cuadro se vislumbraba la notoria desigualdad en el campo, toda vez que una parte significativa del campesinado cubano nunca participó de estos beneficios, institucionalizándose la precariedad en algunos casos, ya que algunos pobladores del campo no tenían seguridad alguna, no solamente en materia económica, laboral o alimentaria, sino hasta habitacional, siendo común, en nuestros campos de entonces, el desalojo de familias muy numerosas y pobres.

Este latifundio impidió, en mayor o menor medida, un desarrollo homogéneo e integral del campesinado, motivo por el cual en el 1959 acontece un suceso trascendental en la Historia de Cuba, cuya iniciativa tenía dentro de sus pretensiones, entre otros aspectos, desconcentrar la propiedad de la tierra, incrementar el desarrollo y mejorar la calidad de vida del campesinado cubano, y SE ENUNCIABA RESPETAR A AQUELLOS QUE LOGRARON HACER PROSPERAR SUS TIERRAS DE MANERA LÍCITA y enfrentar a aquellos otros que incrementaron su patrimonio de manera ilegítima a costa de los legítimos intereses del pueblo cubano.

Necesidad de la reforma

Cuando estudiamos la Historia evidenciamos que varios países del mundo han efectuado procesos de reformas agrarias, dentro de los cuales destacan: México (1915), España (1932), y en años sucesivos: Venezuela, Bolivia, Colombia, Guatemala, Chile, Perú, entre otros; solo que por su esencia económica no fueron radicales, y aunque significó grandes encontronazos en el orden económico no afectó lo social ni lo político.

En tal virtud el naciente Gobierno revolucionario cubano sintió la necesidad histórica de reivindicar los derechos de la Nación cubana, y transformar RADICALMENTE su esencia económica, política y social desde sus inicios mismos, afectando directa y profundamente los intereses económicos de los EE. UU., como gobierno interventor, poniendo fin a dominaciones sucesivas sobre este noble país; por lo que algunos de los que apoyaron el proceso revolucionario comprendieron, desde sus inicios, que sus propios intereses podían ser afectados, por lo que algunos de los cuales intentaron remediarlo infructuosamente.

Después de varios sucesos llamados terroristas y de incursiones armadas en Cuba, y ante la negativa de negociaciones entre iguales, y con el respaldo de la exURSS, en el año 1961 se efectuó la Primera Declaración de La Habana, momento a partir del cual se hizo público el carácter socialista de la Revolución cubana, algo sin precedentes en Occidente y menos en América. Por lo que en lo adelante se suscitaron varios eventos, de ambas partes, que propiciaron puntos de INFLEXIÓN hasta nuestros días; siendo el pueblo cubano el más afectado como "beneficiado" en todo esto.

Lo antes expuesto encuentra su origen desde los primeros meses de la naciente Revolución, cuando el 17 de Mayo de 1959 se firma la Primera Ley de Reforma Agraria, lo cual fue el primer intento por eliminar el latifundio y la aparcería en Cuba.

Aspectos legales

Legalmente todo parte, tras el triunfo de la Revolución Cubana, con la promulgación el 10 de enero de 1959 de la Ley Fundamental de la República, aprobada por el gobierno provisional presidido por el Doctor Manuel Urrutia Lleó, entonces Presidente de la República de Cuba. Esta Ley fue publicada en la Gaceta Oficial No. 5, del 14 del propio mes, resultando ser modificada en diciembre del '59 y en julio del '60. En esta norma se le otorgaba amplias facultades al Consejo de Ministros como órgano ejecutivo.

Dicha Ley se sustentaba, en esencia, en la Constitución de 1940, la cual había sido derogada por los Estatutos Constitucionales de la dictadura de Fulgencio Batista. En esta nueva Ley se establecían determinados cambios adecuados al momento histórico que vivía la nación relacionados con el proceso revolucionario, dentro de lo cual cabe destacar que amplió la redacción del artículo 24 del texto constitucional del '40, toda vez que prohibía la confiscación de bienes, algo que era muy necesario por los tantos delitos cometidos antes del '59. La Ley Fundamental de 1959 permaneció vigente en Cuba hasta la aprobación por referendum popular de la Constitución socialista de 1976.

La Primera Ley de Reforma Agraria aprobada el 17 de Mayo de 1959, redujo a 30 caballerías, es decir, 402 hectáreas, el máximo de extensión de tierras que podían poseer una persona natural o jurídica, determinando la expropiación de las tierras que excedan de este límite. La disposición adicional final confería a esta Ley rango constitucional al declararla parte de la Ley Fundamental de la República. 

Dicha Ley sin número fue publicada en la Gaceta Oficial Extraordinaria Especial No. 7, del 3 de junio del 1959, fecha de su entrada en vigor, sancionada por el Dr. Manuel Urrutia Lleó, entonces Presidente de la República, toda vez que el Consejo de Ministros así lo acordó sustentado en la Constitución del '40 y la Ley Fundamental del Gobierno Revolucionario, que proscribían el latifundio, alegándose que esta última le confería estas facultades al Consejo de Ministros.

La aprobación de esta Primera Ley de Reforma Agraria del gobierno revolucionario cubano liquidó el latifundio y la aparcería, cuyo objetivo fundamental era la redistribución de las tierras del país, favoreciendo a los campesinos más pobres; posibilitando que se materializara uno de los postulados del “Programa del Moncada” enarbolado en el alegato de autodefensa del Dr. Fidel Castro, conocido por “La Historia me Absolverá”, motivado por el juico por el asalto al Cuartel Moncada en Santiago de Cuba.

En dicho alegato expuso: “Nosotros llamamos pueblo si de lucha se trata, …a los cien mil agricultores pequeños, que viven y mueren trabajando una tierra que no es suya, contemplándola siempre tristemente como Moisés a la tierra prometida, para morirse sin llegar a poseerla, que tienen que pagar por sus parcelas como siervos feudales una parte de sus productos, que no pueden amarla, ni mejorarla, ni embellecerla, plantar un cedro o un naranjo porque ignoran el día que vendrá un alguacil con la guardia rural a decirles que tienen que irse…

La Primera Ley de Reforma Agraria dispuso, además, la creación del Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA), encargado de aplicar las medidas adoptadas, que fuera presidido por el Primer Ministro Fidel Castro; algo nunca antes visto: que un Primer Ministro presida, a su vez, un organismo nacional.

El 17 de Mayo de 1961, durante el segundo aniversario de la Promulgación de la Primera Ley de Reforma Agraria, se crea la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP), una organización de carácter social que representa los intereses del campesinado cubano y que vela porque se cumplan sus derechos.

Años más tardes, el 3 de octubre de 1963, el entonces nuevo Presidente de la República Dr. Osvaldo Dorticós Torrado, emitió la Ley sin número, denominada Segunda Ley de Reforma Agraria, publicada en la Gaceta Oficial Extraordinaria No. 1, de igual fecha, donde se dispone la nacionalización, y por consiguiente la adjudicación al Estado Cubano de todas las fincas rústicas con una extensión superior a 67 hectáreas y 10 áreas, es decir, 5 caballerías de tierra. En la disposición adicional final se dispuso que en uso del Poder Constituyente que compete al Consejo de Ministros se declaró que esta Ley fuera, igual que la anterior, parte integrante de la Ley Fundamental de la República, quedando así adicionada.

Desde la Primera Ley de Reforma Agraria, y con mayor intensidad aún con la puesta en vigor de la Segunda Ley de Reforma Agraria, se suscitó dentro de Cuba y en varios países del mundo una fuerte protesta internacional por su DUDOSA LEGITIMIDAD y EXCLUSIVIDAD. Ambas leyes PERJUDICARON los intereses de los latifundistas nacionales y extranjeros, y claramente los alineó contra la naciente Revolución Cubana, iniciándose un proceso de oposición política que dura hasta nuestros días, muchos de ellos radicados en el denominado exilio en los EE.UU., a los cuales se les fueron sumando otros por diferentes causas.

Desde el punto de vista técnico legal, estas leyes encontraron varios detractores dentro y fuera de Cuba, toda vez que las leyes debían ser PREVIAMENTE ACORDADAS por el Congreso como único órgano con facultades legisferantes, según la propia Constitución del '40, toda vez que el Sistema Político Cubano aprobado en esta Constitución reconocía la Tripartición o Separación de Poderes, es decir, que el Ejecutivo debía respetar las funciones del Legislativo y del Judicial, algo que no aconteció.

Sin embargo el argumento en el cual se sustentó el Gobierno revolucionario para aprobar estas dos leyes sin número, fue primeramente el nivel de corrupción existente entre la mayoría de los legisladores de entonces o porque no estaban de acuerdo con estas reformas, quienes las hubieran impedido, y que se actuó sustentado en lo dispuesto por la Ley de Reforma Constitucional del '59, pero DESATENDIENDO lo dispuesto en el artículo 134, inciso h) de la Constitución del '40 que otorgaba la FACULTAD INDELEGABLE de legislar sobre los asuntos agrícolas al Congreso, aunque al ser un Sistema Presidencialista las leyes las sancionaba el Presidente, según el art. 137 de esta misma Constitución.

Esta norma, es decir, la Ley de Reforma Constitucional, igualmente resultó ser TÉCNICAMENTE COMBATIDA por su DUDOSA CONSTITUCIONALIDAD, porque para modificar la Constitución se REQUERÍA un REFERÉNDUM, algo que NO ACONTECIÓ, y en todo supuesto debía ser aprobada por el Congreso. Como Cuba estaba en Revolución se atacó al decir que se actuó de manera similar a la del Tirano Fulgencio Batista con su Golpe de Estado, al aprobar los Estatutos Constitucionales y suprimir la Constitución del '40, solo que en este caso no se suprimió solo se modificó.

Análisis como los antes expuestos ocurrieron con el justo y necesario juicio de Núremberg, para juzgar y sancionar a los criminales de la Segunda Guerra Mundial; que fue denunciado internacionalmente por ILEGÍTIMO, toda vez que NO existía un Tribunal o Corte Penal o Criminal Internacional que permitiera su procesamiento legal, NI existía una Ley penal previa que reconociera estos crímenes o delitos. Todo lo cual se corrigió años después, para estar a tono con los principios generales del Derecho y con lo que la mayoría de los países modernos y democráticos llaman ESTADO DE DERECHO, donde SE RECONOCE Y RESPETA LA PRIMACÍA o IMPERIO DE LA LEY. 

Por lo que en el 1998 se creó la Corte Penal Internacional, que no debe confundirse con la Corte Internacional de Justicia de la Organización de Naciones Unidas (ONU). De igual manera estos hechos impactaron en el Derecho Internacional, por lo que fueron aprobados varios Tratados Internacionales para evitar la repetición de estas atrocidades, dentro de los cuales destacan: la Convención contra el Genocidio de 1948; la Declaración Universal de Derechos Humanos 1948; y las Convenciones de Ginebra de 1949 y sus protocolos de 1977.

Las personas de buena voluntad NO pueden objetar la necesidad histórica de implementar ambos procesos legales. El primero porque la concentración de la tierra en Cuba era excesiva e irregular, porque quienes la producían no se beneficiaban justamente de ella, porque había quienes ni podían trabajarla y en nada se beneficiaban, y finalmente porque era Cuba en Revolución. En cuanto al segundo, por el Holocausto cometido por los nazis y sus aliados, que devino en un genocidio. Todo lo cual invita a varias reflexiones. Sin embargo, discrepo con el criterio de “que el fin justifica los medios”, por lo que soy del criterio que en todo momento debemos respetar el Estado de Derecho y los Principios Generales del Derecho, que es lo que, en suma, nos diferencia de las antiguas civilizaciones y de los animales irracionales, que nos permite vivir en DEMOCRACIA.

Consideraciones finales

No se pretende efectuar un análisis exegético de las normativas vigentes, toda vez que están en constante transformación y aun necesitan más adecuaciones, para ser un fiel reflejo no ya del actual status quo, sino de lo que se necesita sea el campesinado cubano, que no es más que una mejor y mayor interacción entre las fuerzas productivas y los medios de producción, que impliquen mejoras continuas y ascendentes en las relaciones de producción, si realmente queremos mayores niveles productivos que beneficien al pueblo y al que produce la tierra, que debe tener sentido de pertenencia de la misma, así como mayor seguridad jurídica, que les permita mayor incentivo productivo.

Eliminamos el latifundio y entregamos algunas tierras a los que la trabajaban para que se beneficiaran junto a su familia, que años más tarde algunas fincas privadas fueron cooperativizadas pasando al patrimonio del Estado, y la mayoría de ellas SE VOLVIERON IMPRODUCTIVAS en manos inexpertas, indolentes o poco comprometidos, por lo que más tarde algunas de estas tierras fueron entregarlas en usufructo, denotando FALLOS  SISTÉMICOS marcados por un ACTUAR ERRÁTICO, evidenciando un NUEVO LATIFUNDIO, peor que el de antes por IMPRODUCTIVO, que juntos debemos REFORMAR de una vez y para siempre.

Sustentado en el principio primigenio de que la Tierra sea de quien la trabaja, debemos defender el criterio que se necesita una TERCERA REFORMA AGRARIA en Cuba, para regular la tenencia y VERDADERA PRODUCTIVIDAD de la tierra, así como en el orden legislativo, para que sean recuperados los niveles productivos de antes, que con pocos trapiches se producía más azúcar que con tantos centrales que hoy existen y que son improductivos e ineficientes en su mayoría, y que fue, además, un país ALTAMENTE PRODUCTOR y consumidor de café y de carne de res, entre otros altos niveles productivos de productos agropecuarios y forestales, que hoy más que nunca se necesitan retomar en beneficio del pueblo y de la economía nacional.

Al hacer balance del antes y ahora, podemos apreciar que antes había productividad pero en algunos lugares había hambre, miseria y explotación, hoy no hay productividad para sustentar la alimentación del pueblo y hay que importarlo casi todo y persiste el hambre, la miseria y la explotación, hoy no hay latifundio privado pero si latifundio estatal y la mayoría de las tierras están improductivas; antes se permitía libremente la comercialización y consumo del ganado mayor y habían en abundancia hoy no; antes no existían tantos intermediarios y todo fluía mejor, hoy hay demasiados intermediarios que obstaculizan todo el proceso productivo y de comercialización, generando ilegalidades y pocos beneficios para el productor; antes las personas estaban estimuladas a producir hoy se nota en muchos lugares poco incentivo productivo, por lo que hay que pincharlos como a los bueyes; hoy la gente del campo viven más dignamente que antes, pero no con las mejores condiciones de vida que los tiempos actuales demandan; antes una parte significativa del campesinado no tenía derechos y hoy todos los derechos de los productores no son debidamente representados por la ANAP, por lo que el desestimulo pulula. A todas luces indica una REVISIÓN INTEGRAL y ACCIÓN CONCRETA cuanto antes.

Cada vez que son maltratados o vulnerados los DERECHOS de nuestros campesinos es como si se REVIVIRA el vil suceso contra Niceto Pérez, aunque en otro contexto, claro está; es por esto que los líderes de la ANAP no deben ser políticos sino campesinos que defiendan los intereses de sus congéneres, quienes jamás deben estar de espaldas a estos en beneficio de las empresas estatales o cooperativas, porque su misión fundamental es representar a los agricultores pequeños individuales o asociados a cooperativas y defender sus DERECHOS, no sindicales, sino agroproductivos, económicos y legales.

Existen tantas formas productivas que sus nombres se convierten en EUFEMISMOS, que ni con créditos ni con servicios se logra la productividad esperada, por lo que todas deben ser Cooperativas con los MISMOS derechos y beneficios, y SIN TANTAS ATADURAS a las empresas estatales, que pegadas como SANGUIJUELAS PARÁSITA las ASFIXIAN, por lo que deberá propiciárseles MAYOR AUTONOMÍA e INDEPENDENCIA FUNCIONAL.

Las Cooperativas exitosas deberán llevar a sus fincas a los productores y ejecutivos de las cooperativas que no lo sean, para que aprendan viendo y haciendo, y luego que los exitosos productores vayan con los de bajos niveles productivos a sus fincas para supervisar, asesorar, para enseñar y corregir sus deficiencias en el terreno. Igual proceder se deberá hacer entre los agricultores pequeños, todo lo cual tributará en incrementos productivos por BUENAS PRÁCTICAS. Debemos dejar atrás la mala práctica de beneficiar a unos y a otros dejarlo a su suerte, debe primar la equitatividad, si de verdad deseamos incrementar los niveles productivos y lograr satisfacción individual y social.

Tenemos muchos Ingenieros Agrónomos, Doctores y Científicos, pero esto no se traduce en INCREMENTO de NIVELES PRODUCTIVOS en la base ni en más calidad, por lo que esto hay que REVERTIR LO con urgencia, porque los adelantos científicos técnicos son un imperativo, así como la obtención de mejores semillas y el incremento de cultivos orgánicos, y el mejor tratamiento a la masa ganadera, para coadyuvar a los necesarios incrementos productivos que redunden en beneficio popular e individual.

Durante años nos han hecho entender que el Bloqueo/Embargo EXTERNO de USA dificultaba sobremanera este proceso, pero más obstaculiza el BLOQUEO INTERNO, ya que frena el desarrollo de las FUERZAS PRODUCTIVAS y estanca la BASE ECONÓMICA, que si implementamos estas medias y otras de seguro habrán NOTABLES INCREMENTOS PRODUCTIVOS en beneficio del pueblo, que redunda en mejores condiciones de vida del campesinado cubano, a saber:

1.- Debe ser un criterio generalizado que todas las tierras improductivas sean entregadas a quien la trabaja en propiedad no en usufructo, porque no se resuelve el problema, al no haber sentido de pertenencia y esto afecta la productividad y la motivación.
2.- Que se le permita al campesino IMPORTAR directamente, SIN INTERMEDIARIOS, como se hace con los artistas, artesanos y otros, lo que implicará más insumos, materias primas, desarrollo tecnológico e industrial.
3.- Permitir que el campesino compre directamente sus insumos en los mismos establecimientos que los estatales y cooperativos, en igualdad de condiciones y con los mismos beneficios.
4.- Que el Estado pague PRECIOS JUSTOS y EN TIEMPO, y ponga sus impuestos, que no tope los precios, que el MERCADO se autorregule con productividad y calidad.
5.- Que se permita que el agricultor pequeño pueda CONSUMIR TODAS SUS PRODUCCIONES y que pueda COMERCIALIZAR DIRECTAMENTE SUS PRODUCCIONES SIN INTERMEDIARIOS en los Mercados, lo que implicará menores precios, y que se acuerde estatalmente con el productor y su Cooperativa la entrega a organismos de productos directamente sin intermediarios. 
6.- Que se le permita al productor beneficiarse directamente de la EXPORTACIÓN de sus producciones, lo cual generalmente se queda en las empresas encargadas, o que se les autorice a EXPORTAR DIRECTAMENTE.
7.- Permitir las INVERSIONES directas de extranjeros y de cubanos, tanto residentes en Cuba como los emigrados, en todo caso con PROBADA LICITUD del capital y sin tanta burocracia que limite o espante el proceso inversionista, con la lógica supervisión de los organismos competentes.

Finalmente, en el cuerpo de la primera y la segunda Ley de Reforma Agraria se dispuso que estos cambios eran necesarios para permitir y lograr el despegue económico de la nación y los incrementos productivos, algo que desafortunadamente en la práctica no ocurrió así, ya sea por factores endógenos y exógenos, todo lo cual indica la insoslayable necesidad de una tercera y definitiva REFORMA AGRARIA en Cuba, que posibilite que las FUERZAS PRODUCTIVAS sean LIBERADAS y con ello sean modernizados los medios de producción, que se traduce en INCREMENTO de los NIVELES PRODUCTIVOS y un mejoramiento del nivel de vida del campesinado, propiciándose con esto un NOTABLE INCREMENTO en el BALANCE ALIMENTICIO del pueblo y de las EXPORTACIONES, beneficiándose la economía nacional, lo que implicará un equilibrio adecuado entre la micro y la macroeconomía.

viernes, 15 de mayo de 2020

ISRAEL BÍBLICO, SU INFLUJO EN LA PAZ

Israel es un país que data de los tiempos bíblicos, siglos antes del nacimiento de Jesucristo, el cual se encuentra ubicado geográficamente en la antigua región de Canaán del Levante Mediterráneo, perteneciente al Oriente Próximo, también conocido por Asia Menor u Occidental, cuyo nombre deviene del Patriarca Jacob, hijo del Patriarca Isaac, nieto del primer Patriarca postdiluviano Abraham, toda vez que el nombre Jacob fue cambiado por el ángel con el que luchó, quien al bendecirlo lo llamó Israel, cuya traducción del hebreo antiguo significa “uno que ha luchado con Dios”.

Por primera vez los hebreos son llamados “hijos de Israel” en el Libro del Éxodo del Antiguo Testamento de la Biblia Cristiana, que nace de la Torá, que contiene el Pentateuco, que integra la Tanaj (Biblia hebrea) de la religión judía o Judaísmo, y más adelante, cuando salen de la esclavitud egipcia guidados por el Patriarca Moisés, por mandato de Dios, hacia la Tierra Prometida: Canaán, aproximadamente por el año 1250 del Siglo XIII  a. C., aunque existen algunos autores que alegan que fue hacia el Siglo XV a. C. 

En el propio Libro de Éxodo son llamados por primera vez como “pueblo de Israel” y su gentilicio “israelitas”, y luego de 40 años vagando por el desierto, tiempo en el cual Dios le revela a Moisés en el Monte Sinaí los 10 Mandamientos, se establecen en la Tierra Prometida como un pueblo bajo el mandato de los Jueces y años más tarde se unifican como el Reino de Israel.

Significo que varias de las fechas que aquí se aluden, principalmente las del mundo Antiguo, son imprecisas, toda vez que en oportunidades no existe evidencia histórica sino tradiciones orales prehistóricas, transmitidas de generación en generación, que luego algunas fueron escritas con las consecuentes inexactitudes, amén de que la Biblia no es un libro de Historia sino de fe, aunque indudablemente refiere hechos históricos de valor incalculable. Téngase en cuenta, además, los diferentes calendarios antes existentes: egipcio, hebreo, juliano, gregoriano, entre otros, que complejizan aún más este tema.

Se cree que hacia el año 1´800 del Siglo XVIII a. C. el Patriarca Abraham, con 75 años, proveniente del ancestral pueblo semita, siguiendo el llamado de Dios (YHWH: Yahweh), partió desde la antigua región de Mesopotamia hacia la entonces Canaán, donde estableció su descendencia, convirtiéndose así en el primer hebreo, palabra que significa “el que viene del otro lado”, dando origen a la religión de los hebreos, que siglos más tardes fue acuñada como Judaísmo, en honor a Judá, el cuarto de los doce hijos del Patriarca Jacob, éste también conocido por Israel, que conformaron las 12 Tribus de Israel. 

En sentido territorial Judea es la localidad donde se asentó una de las 12 Tribus hebreas/israelitas, lideradas por Judá, que luego fuera reconocida como el Reino de Judá conformado por 2 de las 12 Tribus. El gentilicio judío fue aplicado por primera vez en el Libro de Ester del Antiguo Testamento, término que luego se equiparó al del pueblo hebrero/israelita. A la región de Israel también se le denomina Sion en el Antiguo Testamento por alegoría con el Monte Sion, lugar donde se erigió por el Rey Salomón el Templo del Rey David en Jerusalén.

Se estima que el nacimiento y evolución del Judaísmo, como religión estructurada, no ya como secta o culto, tal cual era en tiempos de Abraham y su descendencia más cercana, está estrechamente vinculada al de los reinos de Israel y Judá, cuya datación la podemos encontrar en los períodos de la Historia Antigua conocidos como la Edad de Bronce reciente y la Edad de Hierro de Oriente Próximo, hacia los Siglos XIV – XII a. C., entre los años del 1400 – 586 a. C., en fecha imprecisa, cuyo origen se cree que emerge de las antiguas religiones politeístas semíticas y cananeas, con el marcado influjo posterior de otras religiones. 

No cabe dudas que es Abraham, el primer Patriarca postdiluviano, el Padre de la religión judía o Judaísmo, distinguiéndose en ese entonces por su adoración monolástrica, que no podemos confundirlo con el henoteísmo, toda vez que el primero reconocía la existencia de muchas deidades pero solo una era digna de venerar, y en el segundo caso el creyente venera un solo dios sin negar que otros creyentes puedan venerar dioses diferentes de igual validez (El, Elohim, entre otros). 

Se cree que el henoteísmo surgió bajo el reinado del Faraón Akenatón en Egipto con el culto a Atón, hacia el año 1350 del Siglo XIV a. C., que a su muerte fuera proscrito y “borrado de la historia” por los egipcios politeístas, conocido como el primer atisbo histórico de monoteísmo, aunque sin llegar a serlo propiamente.

No olvidemos que éste fue uno de los faraones egipcios que dominó la antigua tierra de Canaán, y no es de dudar que el influjo de su henoteísmo llegó a permear el politeísmo cananeo y la adoración monolástrica abramhánica primigenia, por lo que siglos más tarde los israelitas emergen con el henoteísmo venerando solo a su Dios (YHWH).

Años más tarde le permitió al Judaísmo evolucionar al monoteísmo estricto hacia cerca del Siglo VII, según lo evidencian los siguientes Libros y versículos del Antiguo Testamento: Éxodo: 15:11, 18:11, 20:3, 20:5 y 34:14; y Salmos: 96:4, 97:9 y 136:2); por lo que se presume que fue en la época de los Profetas que el Judaísmo se convirtió en la primera religión monoteísta del mundo. 

Otra tendencia, según la historiografía, hace suponer que con el surgimiento de la escritura y la necesidad de reescribir las tradiciones orales que inicialmente conformaban el Antiguo Testamento, en la primera diáspora de los judíos impuesto por el Imperio Neobabilónico, hacia el Siglo VI a. C., los israelitas exiliados pasan a ser monoteístas, recibiendo influjos del zoroastrismo (mazdeísmo) cuando la dominación del Imperio Persa permitió su retorno a Israel; que luego bajo el dominio grecoromano se helenizó, implicando significativos los influjos sincréticos.

A la salida de Egipto, ya establecidos los israelitas en Canaán, en el año 1030 a. C., los reinos de Israel y Judá, que conformaron las 12 Tribus hebreas, deciden unificarse para enfrentar los ataques constantes de otros reinos, es cuando bajo el reinado de Saúl nace el Reino unificado de Israel, como reconocimiento al pueblo elegido por Dios, que luego, bajo el mandato del Rey David, por su obediencia, se logró su máxima extensión y esplendor, quien indicó la construcción del Templo de Jerusalén para la adoración a Dios, construido por su sucesor e hijo: el Rey Salomón, y a su fallecimiento en el año 928 a. C. se dividió nuevamente en los reinos del Norte (Israel) y del Sur (Judá), propiciando su debilitamiento y continuas incursiones y dominaciones extranjeras. Muchos de los aspectos antes expuestos se encuentran muy bien narrado en el Antiguo Testamento.

El Judaísmo, como religión, se implementó pacíficamente, pero fue creciendo por pugnas tribales o étnico-religiosas, hasta que para enfrentar a otros reinos se convirtió en el reinado unido de Israel y así fue creciendo por sucesivas guerras de conquistas, muchas de las cuales llegan hasta nuestros días, aunque la generalidad de los judíos profesan la necesidad de vivir en armonía y en paz, toda su historia violenta queda reflejada en el Antiguo Testamento y hasta en el Nuevo Testamento contra las enseñanzas de Jesús de Nazaret y sus seguidores, considerado por muchos como el Mesías o el Cristo, por lo que fue llamado Jesucristo, algo que no fue reconocido por la mayoría de los judíos.

Después de su crucifixión a sus seguidores se les llamó por primera vez cristianos en Antioquía, deviniendo de ahí el nombre de la religión cristiana o Cristianismo, en honor a Cristo Jesús, quien anunció que en Pentecostés, hacia el año 33 del Siglo I d. C., iniciarían las actividades de su Iglesia; que en tiempos de Jesucristo era considerada una secta judía, porque Jesús también era judío y nunca estuvo dentro sus pretensiones separarse sino darle pleno cumplimiento a las Sagradas Escrituras y a las palabras de los Profetas, todo lo cual no fue comprendido por la mayoría de los judíos.

La separación de lo que antes era una secta judeocristiana del Judaísmo inevitablemente germina cuando Jesucristo comienza a evangelizar a los gentiles y otros paganos, que luego de su crucifixión se radicaliza por lo que le hicieron los judíos, y finalmente al proclamarse que no era necesaria la circuncisión para poder convertir a los que no eran judíos, quienes no deseaban hacer este acto por considerarlo como algo aberrante y arcaico, llamados prosélitos (gentiles y paganos). 

El verdadero punto de inflexión que propició el cisma fue que el Judaísmo no siguió sus propias profecías ni las Sagradas Escrituras, toda vez que no reconocieron la venida del Mesías o Cristo en la persona de Jesús de Nazaret, ni comprendieron su mensaje salvífico ni el Plan de Dios de unir a sus hijos dispersos por el mundo, y de ahí la necesidad de evangelizar fuera de los judíos, motivo por el cual se sucede la ruptura del Cristianismo con el Judaísmo, algo que NUNCA debió acontecer.

Lo que debió ser un trance normal, natural y espontaneo se volvió en la mayor ignominia y desobediencia del pueblo elegido por Dios, motivo por el cual hasta nuestros días no encuentran lo que Dios les tiene prometido, aunque no los abandona a su suerte, pues es un Dios misericordioso. 

La secta judeocristiana de los orígenes del Cristianismo primitivo, y las antiguas sectas judeomesiánicas no cristianas denotan intentos fallidos de lo que debió significar un tránsito o evolución natural del Judaísmo al Cristianismo, que si hubieran sido bien encaminadas las acciones no se hubieran escindido, ni siglos más tarde se hubiera dado lugar al nacimiento del Islamismo. 

Otros sustentan que el Cristianismo solo fue una rama de las religiones grecorromanas que habían helenizado al Judaísmo, por lo que se afirma que en sus orígenes tal vez haya un marcado sincretismo inevitable, algo que ocurrió en los orígenes de todas las religiones existentes y en muchas se evidencia incluso en su evolución y desarrollo.

Durante siglos los cristianos fueron perseguidos y martirizados por los judíos y por el Imperio Romano, pero esto no impidió el rápido ascenso del Cristianismo como religión pacífica, por lo que por su importancia estratégica en la geopolítica, en el Siglo IV d. C., se decretó como la religión oficial y obligatoria dentro del Imperio Romano, bajo el mandato del Emperador Constantino I, quien lo materializó al convocar el Primer Concilio de Nicea en el año 325 d. C., donde se combate la herejía del arrianismo. 

Fue a partir de aquí que se incrementó su influjo, lo cual le permitió un crecimiento mucho más rápido al que hasta este entonces había experimentado, logrando así la seguridad que nunca antes tuvo, por lo que más tarde se volvería una religión guerrerista e impositiva para mantener sus posiciones en Europa y Oriente, así como en la expansión colonial europea hacia el Nuevo Mundo conquistado y otros lares, algo que con el devenir de los años cesó, aunque existen ciertas sectas cristianas con tendencias belicistas, pero no es la generalidad ni se aceptan sus actos.

El Cristianismo, por su parte, hizo lo suyo al separarse tanto que hoy constituye la mayor vergüenza dentro del mundo religioso, aun y cuando es la de mayores adeptos es también la más dividida, cuyos Cismas datan desde el Siglo III d. C. hasta nuestros días, motivado por cuestiones cristológicas, ideologías, intereses económicos o políticos, y por posiciones teológicas declaradas heréticas o contrarias a los cánones, por lo que sus precursores y seguidores fueron excomulgados, desterrados, exiliados y hasta asesinados, lo cual no implicó su eliminación, pues floreció en otras ramas o sectas cristianas que luego devinieron separadas, tal como lo conocemos actualmente, todo lo cual encontró tierra fértil en el Oriente Próximo.

Lo antes expuesto no solo fracturó al Cristianismo sino que encontró el caldo de cultivo para el surgimiento del Islamismo, que si no se hubieran tratado inadecuadamente estos temas, pensando que “extirparían el mal de raíz”, hoy no existiría el Islamismo, y el Cristianismo sería mucho más profuso en todo el mundo, quizá hasta se hubieran aliado el Judaísmo y el Cristianismo, que ineluctablemente debe acontecer para encontrar la paz, lo cual propiciará que el Islamismo se sume por transitividad.

El sirio Bahira, Monje cristiano Nestoriano, del gnosticismo, iconoclasta, declarado hereje por su postura de no reconocer la divinidad de Jesús, a quien solo reconocen como el Cristo o Mesías, reconoce en Mahona el profeta que esperaban, por lo que lo adoctrinó y nace así el Islam (sumisión a la voluntad de Dios) o Islamismo, siendo el primer musulmán en el siglo VII, año 610 dC, o algunas versiones en el siglo VI, año 579 dC. en la Meca,  
llamándose a sus seguidores musulmanes, cuyos preceptos están contenidos en el Corán (Biblia musulmana), que parte de las Sagradas Escrituras del Judaísmo, cuyos sustentos teológicos provienen de algunos pensamientos teológicos que durante siglos sembraron actitudes cismáticas dentro del Cristianismo, algunos de los cuales fueron declarados heréticos, dentro de los cuales destacan el arrianismo, el nestorianismo, entre otros, como el abandono a la idolatría, sustentados en los preceptos de los iconoclastas en contraposición a la iconodulia. 

El Islamismo desde sus orígenes se extendió por imposición militar por las guerras de conquistas del Profeta Mahoma, lo que continuaron sus seguidores después de su muerte, y los pueblos sojuzgados muchas veces no tenían de otra que convertirse al Islam; sin embargo no se puede absolutizar en el sentido de que todos los pueblos que se islamizaron fueron por la vía de la fuerza, toda vez que está demostrado que muchos pueblos lo vieron como una necesidad histórica de unidad étnica para evitar otras invasiones y porque suponía una mejora económica. Aun cuando en la actualidad la gran mayoría de los musulmanes profesan el pacifismo, existe un número significativo que siguen las tendencias beligerantes.

Es entonces cuando se completa el cuadro geopolítico y religioso de la zona territorial del Israel bíblico, una de las más importantes del entonces “mundo conocido”, que une a tres Continentes (Europa, África y Asia), y que se volvería aún más inestable, ya no solamente por cuestiones políticas, militares, económicas o étnicas, sino por la pugna del dominio de las tres religiones más importantes del mundo antiguo y que lo siguen siendo hasta nuestros días, por demás hermanas al provenir del Patriarca Abraham, de ahí que se denominen religiones abrahamánicas o del Libro, porque sustentan todas sus enseñanzas y preceptos en sus biblias, cuyo origen encuentran estas tres religiones hermanas en la Torá, que complementa la Tanaj hebrea.

Con el devenir de los años sucesivos estas tres religiones comenzaron a querer imponerse como dominante, y cada una reclamó como suya la Tierra Santa: Jerusalén, todo lo cual trajo sucesivas oleadas de guerras de conquistas o “guerras santas” entre estas tres religiones abrahamánicas hermanas, pero también dentro de ellas mismas, toda vez que el sectarismo y las actitudes cismáticas de algunos de sus seguidores propiciaron rupturas, que incluso hasta la fecha encontramos sus vestigios.

Lo antes expuesto colocó hasta nuestros días al Asia Occidental en una de las zonas más inestable del mundo, convirtiendo la esencia pacifista y de amor al prójimo que estas tres religiones hermanas profesan en un ideal, más no en una realidad totalmente palpable, atizado por la intolerancia religiosa que las ha caracterizado históricamente, que en los últimos años se ha trabajado en un diálogo interreligioso y ecuménico, que en lo profundo no logran conciliar del todo, lo que demuestra que es algo que debe ser resuelto desde plano religioso, para que la paz y la unidad, que tanto propugnan, realmente acontezcan y sea agradable a Dios, contribuyendo así a Su Plan divino de unir a Sus hijos dispersos por el mundo.

Por lo que deberán trabajar mucho en la tolerancia religiosa, tomando como premisas que en todas, en sus orígenes, hubo su poco de sincretismo, pero a la hora del diálogo interreligioso para la búsqueda de cooperación entre estas tres religiones hermanas ninguna da su brazo a torcer y es como si se trancara el juego de dominó, solo que aquí nadie gana, por el contrario los perjuicios son mayores diariamente. 

El análisis del ecumenismo o restauración de la unidad de los cristianos será objeto de otros apuntes, por lo que no ahondaremos en este particular por el momento, toda vez que harían aún más extensos estos análisis.

Dentro de los logros del diálogo interreligioso que a nivel internacional se han aprobado, podemos significar la aprobación de: el Parlamento Mundial de Religiones (1893); la Asociación Internacional para la Libertad Religiosa (1900); el Movimiento de los Focolares, (1943); y el Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso, como fruto de la declaración Nostra Aeate (en latín: Nuestro tiempo) del Concilio Vaticano II (1959 – 1965); estas dos últimas son iniciativas pertenecientes a la Iglesia Católica. 

Lo antes expuesto evidencia que los seres humanos han comprendido la necesidad de la tolerancia y del pluralismo religioso, que constituyen Derechos Humanos proclamados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, aprobada por la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU).

Significo que libertad de expresión no alude, en modo alguno, atacar las creencias religiosas preestablecidas con una filosofía y teología sólidamente elaboradas, ni menos aún se puede confundir que la libertad religiosa o de credo significa que se sigan potenciando las actitudes cismáticas, que devienen en nuevas sectas, que encubren intereses económicos más que religiosos.

Después de la postguerra, al conocerse los horrores del Holocausto, algunos sacerdotes, teólogos y laicos católicos promovieron la revisión del tratamiento teológico que la Iglesia daba al Judaísmo, como reacción al antisemitismo nazi considerado como genocidio, cuyo origen se encontraba en el antijudaísmo cristiano y su “enseñanza del desprecio” hacia los judíos; por lo que en 1947 se celebró la Conferencia de Seelisberg, de la que salieron varias propuestas, dentro de las que destaca la revisión de la doctrina católica respecto del judaísmo, donde recordaron que el Antiguo Testamento es el tronco común del Cristianismo y del Judaísmo, y se enfatizó que Jesús, la Virgen María y los apóstoles eran judíos. 

En tal virtud se concluyó que no podía responsabilizarse de la muerte de Jesucristo a los judíos, pues fue algo que aparece profetizado en las Sagradas Escrituras y formaba parte del Plan salvífico de Dios a causa de la humanidad entera, rechazándose la idea de que el pueblo judío estuviera maldito y fuera condenado por Dios al sufrimiento. En 1959, bajo el pontificado de Juan XXIII, lo antes expuesto se lleva a su máxima expresión, indicándose eliminar la referencia a los “pérfidos judíos” de la liturgia del Viernes Santo.

El Papa Juan XXIII, en el marco del Concilio Vaticano II, encargó el tratamiento del tema de normalizar la relación de la Iglesia Católica con el Judaísmo, por lo que se confeccionó la declaración Nostra Aetate, calificado como uno de los documentos señeros del Concilio, que incluye algunas de las reformas más trascendentales, cuyo contenido trata sobre la restauración de la unidad entre los cristianos (ecumenismo) y las relaciones de la Iglesia Católica con las religiones no cristianas (diálogo interreligioso), estableció bases nuevas en las relaciones de los católicos con los judíos, los musulmanes, los budistas, los hindúes y demás creyentes de otras religiones no cristianas.

El Papa Francisco en su primera exhortación apostólica Evangelii Gaudium, aludió al Evangelio y a la importancia del diálogo interreligioso, y en varios encuentros interreligiosos ha recordado que las religiones ayudan al mundo a encontrar la paz no la guerra, por lo que nunca han de ser manipuladas para favorecer conflictos y enfrentamientos.

Estos conflictos étnicos-religiosos y geoestratégicos hay que entenderlos desde sus raíces para poder trabajarlos y encontrar el punto en común, y sobre esta base lograr acuerdos viables que permitan la unidad entre estas tres religiones hermanas abrahamánicas, separadas por teologías y guerras fratricidas ancestrales, que si se complementaran más entre ellas y se comprendieran mejor las Sagradas Escrituras, que no es más que la palabra revelada de Dios, todo tributaría mucho mejor a la unidad entre estas y con ello contribuiría a la Paz Mundial. 

La violencia religiosa es algo fuera de discusión, porque no es la voluntad de Dios, aun y cuando vemos muchas instigaciones “divinas” a la guerra y al exterminio étnico en el Antiguo Testamento cristiano o en la Torá de los judíos, también tomado como patrón por los musulmanes, pero no es parte del Plan de Dios, son los hombres con su propensión al mal los que han distorsionado Su Palabra, la cual es mucho más clara en el Nuevo Testamento de la Biblia Cristiana, toda vez que Su Hijo unigénito: Jesús, el Cristo o Mesías, nos enseña que hay que perdonar 70 veces 7, que debemos amar al prójimo como a uno mismo, y cuando nos enseñó el Padre Nuestro nos legó que debemos perdonar a los que nos ofenden y no caer en tentaciones, por lo que todo Su mensaje es sustentado en la PAZ, que se materializa en el Sermón de la Montaña, en el cual Jesús nos enseña la no violencia y el amor a los enemigos, transmitiéndonos así el verdadero mensaje de Su Padre amoroso y misericordioso.

Es por esto que muchos detractores de las religiones afirman que la violencia es una consecuencia casi inevitable de la irracionalidad de los preceptos religiosos y la posesión de la verdad, y otros lo llaman el opio de los pueblos, algo que hemos analizado en otros apuntes con anterioridad.

El fanatismo religioso y todo lo que ello trae aparejado es aprovechado por los señores de la guerra, muchas veces agnósticos, para sus fines políticos, militares y otros intereses económicos, encubiertos con ideales religiosos; de ahí la expresión de que “religión y política son dos caras de la misma moneda”, ideal que debemos juntos descontruir para el bien de la humanidad y la paz mundial.

Es por esto que los ateos atacan al Judaísmo y al Cristianismo alegando que hoy se consuelan mutuamente pensando que el Islamismo es la única religión violenta, tildándonos de amnesia al desconocer intencionalmente su pasado violento: inquisición, guerras santas o guerras de religión, cruzadas, antisemitismo, sionismo, yihadismo, proselitismo, radicalismo religioso, violencia sectaria, cacería de brujas y magos, la homofobia, el maltrato contra la mujer, la lucha contra el aborto, la idolatría, herejía, extremismo religioso, persecución de los paganos, entre otros. Todo lo cual denota lo necesario de la pronunciación del Papa San Juan Pablo II en el 2000, cuando públicamente pidió perdón por los pecados cometidos en el pasado por, la iglesia que dignamente representó, afirmando que jamás se volverían a repetir.

Además de las tres religiones abrahamánicas tradicionales existen otras religiones con historias o tradiciones violentas, como por ejemplo: Budismo, Hinduismo, Mormonismo, Sijismo, entre otras, quienes han impedido que el Cristianismo se generalice por sus territorios; por lo que teniendo en cuenta que el tema de nuestro análisis reflexivo se centra en el Israel Bíblico y por transitividad en las tres religiones que más impactan negativamente al sostenimiento de la paz en esta región, en estos apuntes quedan descartadas estas otras.

Para conocer la verdad de la belicosidad de esta región, además de todo lo antes referido, debemos remontarnos al estudio de la Historia Antigua y a la lectura del Antiguo y Nuevo Testamento, donde se narran la ascensión y declive del Reino de Israel, así como las continuas ocupaciones que sufrió el pueblo de Israel por varios imperios, dentro de los cuales destacan los imperios más grandes del mundo antiguo: el Greco-Macedónico y el Romano, y que años más tarde, cada uno en su tiempo, cambiaron el nombre de Israel por el de Palestina, para sojuzgar rebeliones y humillar a los judíos; algo que veremos más adelante con mayor detenimiento.

Apuntes históricos necesarios sobre Israel bíblico

La tierra que hoy ocupan Israel y los territorios Palestinos, antes conocida como el reino unificado de Israel, según como se describe en la Biblia, ha estado habitada y disputada desde los albores de la civilización; se estima que los primeros humanos y sus presuntos antepasados estuvieron en esta zona hace unos 2 millones de años atrás. 

Un poco más acá, entre el 10´000 y el 8´000 a. C., en la cercana Mesopotamia, perteneciente a parte de la extensión territorial conocida por Creciente Fértil, se comienzan a asentar los primeros hombres antiguos, quienes se fueron desplazando hasta lo que antiguamente se conocía por Canaán, nombre que deviene del nieto de Noé, toda vez que la historiografía define que la mayoría de estos primeros pobladores eran de origen semítico, descendientes de Sem, hijo mayor de Noé, el último Patriarca prediluviano, cuya cadena genealógica de sus predecesores la conocemos por los pasajes bíblicos.
Por otra parte, su situación geoestratégica, que entrelaza tres continentes, y sus recursos naturales: hídricos, petrolíferos, entre otros, son motivos adicionales para ser objeto de varias incursiones imperiales de reinos antiguos y modernos,  que más adelante relacionaremos cronológicamente para mejor ilustración.

Durante el III milenio a. C., la zona de Canaán estuvo ocupada por tribus seminómadas de pastores. A finales del II milenio a. C. surgieron centros urbanos y, por algunos papiros egipcios, se sabe que los Faraones tenían gran interés e influencia en la zona. Alrededor del 1´800 a. C. se cree que el Patriarca Abraham condujo a su tribu nómada desde Mesopotamia hasta una tierra que la Biblia llama Canaán, la tierra prometida por Dios.

La Historia de los hebreos/israelitas en la tierra de Canaán/Israel, según como hemos expuesto con anterioridad, comienza con los hijos de Jacob/Israel, que por la sequía y las malas cosechas las 12 Tribus de Israel, descendientes de Jacob, se vieron forzados a trasladarse a Egipto, por lo que sus descendientes fueron esclavizados por un Faraón egipcio, y 400 años más tarde fueron liberados por Moisés y conducidos de vuelta a la tierra de Canaán/Israel hacia el 1250 a. C., lo que bíblicamente se conoció como el Éxodo de los israelitas de Egipto a la Tierra Prometida, dando lugar a la consolidación identitaria de los israelitas como pueblo.

Los problemas con los cananeos y filisteos forzaron a los israelitas a abandonar su flexible sistema tribal y a unificarse para enfrentarlos, gracias al rey Saúl; todo lo cual fue llevado a su máximo esplendor con los reyes David y posteriormente con su hijo Salomón, quienes mantuvieron unificado todo el reino de Israel y Judá.

Luego de la muerte del Rey Salomón, por el año 928 a. C., se separa el reino de Israel, el Sur (denominado reino de Judá) se queda en manos de Roboam, uno de los hijos de Salomón, con el apoyo de 2 de las 12 Tribus (Judá y Benjamín), y el Norte (denominado reino de Israel) en manos de uno de los seguidores de Salomón: Jeroboam I, con el apoyo de las restantes 10 Tribus, quedando así dividido, definitivamente, lo que un día fue un gran reino agradable a los ojos de Dios.

El norteño Reino de Israel, que comprendía ahora solo Samaria y Galilea, posteriormente, hacia 720 a. C., después de dos siglos, fue sojuzgado por el dominio del Imperio Neoasirio, por lo que el Reino del Norte y las 10 tribus que lo habitaban se perdieron para siempre, toda vez que los israelitas deportados, exiliados o en la diáspora se mezclaron y diluyeron entre la población asiria, llamándoseles en adelante las diez tribus perdidas. 

El Imperio Neoasirio colapsó a fines del Siglo VII a. C. por varias invasiones conjuntas. Entre el 612 y el 559 a. C. Asiria fue dividida entre el Imperio Medo al este y el Imperio Neobabilonio al oeste. Años más tarde, en el 539 a. C., ambas partes fueron incorporadas al Imperio Aqueménida o Persa.

El Reino de Judá o Israel del Sur existió como Estado independiente durante 344 años, es decir, hasta el año 586 a. C., cuando fue conquistado por el Imperio Neobabilónico (586-539 a. C.), quienes destruyen el primer Templo de Jerusalén, y decretan el exilio o diáspora de los judíos o pueblo de Israel del Sur hacia Babilonia, lo que, a diferencia de las otras 10 Tribus del Norte, no se mezclaron y mantuvieron su estirpe, según como veremos más adelante.

Incursiones militares y de dominación en Israel

Como hemos expuesto con anterioridad, la tierra de Canaán, luego conocida por Israel, fue dominada por varias potencias extranjeras, tanto en la antigüedad como en la era moderna, comenzando por los Faraones egipcios hasta llegar a la dominación por el Imperio Británico.

Una de las dominaciones más importantes, por lo que significó para lo que quedaba del pueblo de Israel, fue la del Imperio Persa o Aqueménida o Zoroastriano (559-330 a. C.), cuya expansión territorial comenzó durante el reinado de Ciro II El Grande, quien en el año 539 a. C. derrota al Imperio Babilónico, lo que trajo como consecuencia que años más tarde, en el 537 a. C., se pusiera fin a la diáspora de 47 años, permitiendo el retorno de los judíos de Babilonia a su tierra natal: Israel (Sion), y que en el Siglo VI a. C. el Imperio Persa les permitió a los judíos que fuera reconstruido el Segundo Templo de Jerusalén. 

Es mérito significar que lo que un día fue el reino unido de Israel bíblico no sería más, toda vez que el entonces reino del Norte siguió ocupado por pobladores de varias naciones sin identidad lingüística ni cultural bajo dominio del Imperio Persa en los años subsiguientes, al igual que las tierras de Judea (Israel del Sur), con la diferencia que estaba ocupada por los judíos que retornaron de la diáspora, a quienes se les permitió sus tradiciones y religión.

En el 330 a. C. el Rey Darío III fue vencido por el conquistador Alejandro el Grande (Alejandro Magno), finalizando así este gran imperio, dando origen al Imperio greco-macedónico; algunos historiadores aluden que esto ocurrió hacia el 333, pero como antes expusimos es normal las imprecisiones de datación en estos tiempos antiguos.

Las tierras del Israel bíblico fueron gobernadas por el Imperio Griego-Macedónico  fundado por el legendario Alejandro Magno, que rigió su dominación imperial en estas tierras hacia el 332-167 a. C. Después de su muerte, y la división del imperio de Alejandro de entre sus generales, el reino seléucida se formó, iniciándose la era helenística. 

Fue en esta etapa cuando se escribió la Septuaginta o lo que es lo mismo la Biblia Griega escrita por los 70. En este período también fueron sofocadas varias revueltas judías y se borró por primera vez el nombre de Israel y en su lugar se impuso el de Palestina, comenzando así la ignominia histórica que llega hasta nuestros días y es fruto de grandes conflagraciones, según como explicaremos más tarde. 

Mérito significar que lo que un día fue el reino del Norte (Israel) se mantuvo en el mandato griego ocupado por los llamados palestinos, que nunca fueron una nación ni un pueblo, sino más bien pobladores de varias naciones, sin identidad lingüística ni cultural, toda vez que las 10 Tribus del Norte se perdieron, a diferencia de los ocupantes del reino del Sur (Judá), que si eran judíos o israelitas, a quienes como antes expusimos los persas les permitieron su retorno de la diáspora desde Babilonia y mantuvieron sus tradiciones.

Un deterioro de las relaciones entre los judíos helénicos y judíos rabínicos, llevó al rey seléucida Antíoco IV Epífanes a imponer decretos que prohíben determinados ritos religiosos y tradiciones judías. En consecuencia, los judíos ortodoxos se rebelaron bajo el liderazgo de la familia hasmonea, también conocido como Macabeos, dando origen así al Reino Asmoneo (167-37 a. C.).

Luego irrumpe en la historia la dominación romana, del 37 a. C. al 324 d. C., del Siglo I a. C. hasta el IV d. C., que mantuvo sojuzgada la Tierra de Israel del Sur (Reino de Judá) y la llamada Palestina por los griegos, coincidiendo con la vida de Jesucristo, por lo que todo el antiguo territorio de la nación del Israel bíblico quedó bajo dominio del Imperio Romano. 

En el año 70 del Siglo I d. C., el general romano Tito, sofoca una tercera rebelión judía, y destruye, una vez más, el Templo de Jerusalén, del cual queda hasta nuestros días un muro: el llamado “muro de las lamentaciones”, y provoca, una vez más, la expulsión del pueblo judío de las tierras que ellos consideran sagradas, por lo que se inicia así la segunda diáspora (dispersión) de los judíos. 

El emperador romano Adriano se dispuso barrer con la identidad de Israel (Judá-Judea), y como consecuencia, retomó el nombre de Palastina imponiéndolo en toda la tierra de Israel bíblico (el Norte y el Sur), anexándola al Imperio Romano como una provincia más, denominada Syria Palestina, todo lo cual llevó la ignominia a su máxima expresión. Por lo que el solo nombre Palestina es una aberración histórica para los descendientes de las 12 Tribus de Israel, herederos de Abraham, Isaac y Jacob, dentro de los cuales también se encuentran los que siguieron habitando en este denominado territorio de Palestina.

El Imperio Romano, con el tiempo, por los constantes ataques, luchas internas y debilitamiento económico y político, se fue subdividiendo en Occidente, Oriente y Germano (Central), pero este último no tuvo influencia directa en esta zona a no ser por medio de las Cruzadas que más adelante veremos. 

Con el Imperio Bizantino, también denominado Imperio Romano de Oriente (324-638 d. C.) comienza una nueva dominación extranjera sobre el pueblo de Israel, que aun y cuando lo analizamos cronológicamente aparte, pertenece al propio Imperio Romano. Bajo el reinado de Constantino I, Emperador Romano de Oriente, en el Siglo IV se oficializa y se impone como obligatorio el Cristianismo como religión en todo el Imperio Romano, y se extiende la cristianización entre los llamados palestinos y llega a existir una Iglesia Palestina. Conviven con judíos y arameos, se cree que de igual manera con algunos griegos y romanos que echaron raíces por estos lares.

En el año 638 d. C. del Siglo VII d. C., tras debilitarse el Imperio Romano, un califa árabe-musulmán arrebató Palastina (Palestina) de las manos del Imperio Bizantino, integrándola al dominio árabe, dando inicio así a lo que se conoció en ese entonces como el Imperio árabe islámico (638-1099 d. C.). 

Los árabes, quienes no tenían nombre para calificar la región, tomaron el nombre grecorromano de Palestina, y lo pronunciaban “Falastin” (Palastina). Estos habitantes palestinos no llegaron a ser una nación o Estado independiente ni tampoco lograron desarrollar una sociedad o cultura claras, toda vez que a la llegada de los musulmanes comienza la islamización progresiva, el árabe sustituye al griego y arameo como idioma de los palestinos, y se fue imponiendo la religión islámica y la cultura árabe, sin que podamos decir que de manera oficial se haya prohibido otras religiones, pero si fue algo que en la práctica fue aconteciendo, al punto que los cristianos se vieron afectados.

Por tal virtud, los Cruzados, dentro de los cuales destacan los Caballeros Templarios, por órdenes de los sumos pontífices de entonces, intentan recuperar su Tierra Santa para el Cristianismo. A pesar de sucesivas oleadas o incursiones militares Palestina continuó bajo influencia musulmana, aunque de diferentes orígenes, sin embargo no volvió a estar bajo el dominio árabe después de 1099, toda vez que desde entonces rigió el reinado de los Cristianos Cruzados hasta el 1260 d. C., el cual llegó a ser políticamente independiente, sin desarrollar nunca una identidad nacional propia. La región permaneció como puesto militar de la Europa cristiana durante al menos 100 años.

Los Mamelucos, mezcla étnica de guerreros y esclavos centrados en Egipto, arrebatan Palestina a los Cruzados en el 1260 hasta 1517 d. C., en este período Palestina fue anexada a Siria como provincia sujeta primero a los Mamelucos.

Luego irrumpe en la Historia el Imperio Turco Otomano, que con sus ansias expansionistas ocupó los territorios de la entonces nación de Israel bíblico, luego llamada Palestina por griegos y romanos, la que quedó bajo su dominación desde el 1517 hasta el 1917 d. C., del Siglo XVI hasta el Siglo XX d. C.

Con la Primera Guerra Mundial emergen nuevas potencias mundiales, y tras la desaparición del Imperio Otomano al final de la Primera Guerra Mundial, el Territorio de Palestina es administrado por el Reino Unido de Gran Bretaña, con el objetivo de que fuera regida temporalmente por mandato de la entonces Liga de las Naciones, predecesora de lo que hoy es la Organización de las Naciones Unidas (ONU), cuyo mandato Británico se extendió desde el 1917 hasta el 1948. Luego de casi dos milenios, a los judíos de la diáspora se les permite el retorno y comienzan a volver poco a poco a su antigua Israel, en ese entonces llamada Tierra Palestina desde los tiempos de la dominación Romana, que hacia el año 1920 fue denominada Trans-Jordania por los británicos.

Los palestinos, en este entonces árabes musulmanes, se rebelan varias veces contra el dominio británico por permitir la inmigración de judíos y la venta de territorio árabe a los israelíes. Los judíos presionan para que se funde el Estado de Israel en lo que antes era Palestina, que mucho antes fue el Reino unificado de Israel, según como se expresa en la Biblia. En 1947 la ONU admite la partición del territorio en dos mitades: una para los árabes palestinos y otra para los judíos.

En 1948 los judíos declaran el nacimiento del Estado de Israel, por lo que la Liga árabe responde declarándoles la guerra, y luego de varios meses de conflicto, los palestinos quedan recluidos en dos territorios: Cisjordania (interior) y la franja de Gaza (costera), motivo por el cual acontecen guerras entre judíos y árabes; una vez más el Judaísmo  y el Islamismo en pugnas, saliendo victoriosos los judíos, quienes toman más territorio como los altos del Golán, junto a Siria, recuperando así territorios ancestrales del Israel bíblico.

En 1974, la Asamblea General de la ONU reconoció a la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) como representante del llamado pueblo palestino, que legal ni históricamente es tal según como más adelante se explicará, otorgándole la condición de observadora. 

En el 1994 se estableció la Autoridad Nacional Palestina (ANP), como resultado de los Acuerdos de Oslo, firmados entre el Estado de Israel y la OLP; esta entidad jurídico-política fue diseñada con la idea de que tuviera una autonomía transitoria, por lo que se le confirió cierto reconocimiento internacional como institución representativa del pueblo palestino.

En 1988 la OLP aprueba la Declaración de Independencia de Palestina, proclamándose unilateral e ilegalmente el Estado de Palestina, que inicialmente no fue reconocido por la ONU, pero sí por numerosos países, y en 2012, en la Asamblea General de la ONU, 130 países aprueban a Palestina el estatus de “Estado observador no miembro”, pero entre ellos no están EE.UU. ni Israel, quienes solo reconocen oficialmente la ANP, que dirige políticamente los Territorios Palestinos de Gaza y Cisjordania.

Historia del nombre Palestina

No existe acuerdo en cuanto al origen de esta palabra, pero la historiografía casi concuerda que el término Palestina deviene de los Filisteos, uno de los antiguos pueblos asentados en la costa sur del Levante Mediterráneo del ancestral territorio de Canaán. Los documentos más antiguos que hacen alusión a los filisteos provienen del Egipto Antiguo, donde se mencionan en papiros antiguos a los parusata, que transcrito convencionalmente se escribe como paleset.

Sabemos que el nombre Palestina nos viene del latín Palaestina, que era como los romanos llamaban a esta provincia, el cual se tomó del griego Palaistine o tierra de los filisteos, de aquí en adelante las investigaciones históricas del origen del término no están tan claras; sin embargo se cree que filisteo deriva del hebreo antiguo peleshet o paleset (emigrante) o phlishtim (invasor) o del griego antiguo palaites (luchador), todo lo cual deriva en Filistiun o Filistina, convertido al inglés como “Philistine o Philistia” y que en castellano se pronuncia “Palestina”, también llamados “Gente o Pueblos del Mar”, término que se emplea en el Antiguo Testamento de la Biblia.

Se cree que este término comenzó a utilizarse en el Bronce reciente hacia el Siglo XIII a. C., para denominar a aquellos emigrantes provenientes de la zona del Mar Egeo y las Islas griegas, quienes se asentaron en la costa sureña de Canaán y dos siglos después ya dominaban la zona de la franja costera del sur Levante Mediterráneo, más al norte se encontraba Fenicia quien a su vez colindaba con la franja costera del sur de Siria. Allí los Filisteos establecieron cinco polis-estados independientes, incluyendo Gaza. 

Otra teoría afirma que el nombre Palestina deriva de la región iliria de Palaeste, cuyos habitantes se habrían llamado palaestini, que si tenemos en cuenta que los filisteos son oriundos de algunas de las islas griegas e iliria fue dominada en algún momento por los griegos antiguos, es de esperar que algunos de sus nombres sean replicados en otros territorios ocupados, y existe la posibilidad de que alguno de sus pobladores haya emigrado hacia la costa sur de Canaán.

Desde el principio el Reino de los filisteos y el de los hebreos/israelitas se enfrentaron por las mismas tierras, por lo que se afirma que ya desde antes los fenicios habían adoptado la antigua lengua semítica de los hebreos, imperante entre los cananeos. 

Existen varios pasajes del Antiguo Testamento de la Biblia dedicados a describir estas luchas, y la más famosa es la de David (judío) y Goliat (jefe de los filisteos), donde David derrotó al gigante Goliat con una pedrada de su honda. Se estima que hacia el Siglo II a. C. los filisteos fueron dominados por los reyes judíos/israelitas, quienes más tarde fueron dominados por asirios, babilonios, persas, griegos, romanos y muchos otros a lo largo de los siglos, según como hemos visto con anterioridad. 

De la simple visualización de los mapas antiguos podemos constatar que jamás los filisteos ocuparon los territorios de Israel bíblico, más bien los israelitas ocuparon sus territorios, y solo fue con las dominaciones grecorromanas que se les impuso el nombre de Palestina a la Tierra de Israel bíblico para sofocar revueltas judías; incluso podemos afirmar que los cananitas nunca lograron integrarse en un solo Estado, esta región solo se conoció como un Estado organizado bajo el Reino unido de Israel, bajo el mandato de los reyes Saúl, David y Salomón. 

Por lo que a todas luces se evidencia que el reclamo de la Palestina no se sustenta ni histórica ni geográficamente, menos aún cultural, lingüística ni religiosamente.

Los Filisteos, como nos ha quedado claro con anterioridad, no eran árabes, ni semitas (hebreos/israelitas/judíos), y no tuvieron conexión lingüística, étnica o histórica con Arabia ni con los árabes. El nombre “Falastin” (Filisteo) aplicado hoy por los árabes para denominar “Palestina” no es un nombre de origen árabe, es sólo la pronunciación que los árabes, hacen de la “Palastina” grecorromana. 

Los árabes para defender el Estado árabe de Palestina afirman que es el supuesto nombre ancestral de su nación, aun cuando ni siquiera podían correctamente pronunciarlo y lo modificaron a “Falastin”, lo que denota que la base del conflicto es geopolítico y étnico-religioso.

Finalmente, desde la Historia Antigua hasta la actualidad, el pueblo de Israel ha sido el único que ha poseído una nación con un Estado soberano y unido que alguna vez haya existido en gran parte de la región antes conocida por Canaán; por lo que la llamada “Palestina”, que sabemos fue una imposición grecorromana, no existía como nación ni como pueblo, como tampoco lo fue la Trans-Jordania británica, por lo que estas no lograron una identidad lingüística ni cultural propia, a no ser la impuesta desde la dominación árabe musulmán.

Es por todo lo antes expuesto que nos preguntamos por qué debemos seguir empleando el nombre Palestina que no responde a un origen histórico natural, sino fruto de imposiciones imperiales alejado de los reales intereses de los pueblos originarios antiguos de Tierra Santa, elegida por Dios para Su pueblo, creado solo para humillar y borrar al pueblo elegido por Dios (los judíos o israelitas), a quienes Dios les entregó la Tierra Prometida de Canaán, luego llamada Israel, transgrediéndose con esto las Sagradas Escrituras que aluden al Reino unificado de Israel como la voluntad de Dios, todo lo cual es hoy germen para interminables guerras fratricidas que irradian a toda la zona del Medio Oriente, y no es este el Plan de Dios.

Para mejor ilustración de lo que hemos tratado de hacer comprender, expongo ejemplos similares, tal cual ocurrió con los pueblos y territorios de Polonia y Ucrania, dominados y sus territorios particionados o fragmentados por grandes Imperios, dentro de los cuales destacan el Austro-Húngaro, Pruso (Germano) y Ruso, para el caso del primer país, y para el segundo país dominado por el primer y último imperio antes aludido; y sin ser pueblos elegidos por Dios, ni ser la Tierra Prometida por Dios a su pueblo, ni aparecer en un libro considerado la Palabra revelada de Dios, tal cual acontece con Israel en la Biblia, con el devenir de los años se han respetado y han vuelto a resurgir como nación en toda su extensión, algo que en algún momento deberá acontecer con el pueblo y territorio del Israel bíblico unificado, si en verdad somos hombres de justicia que anhelamos la paz.

Para comprender el diferendo israelo-palestino debemos leer y releer la Biblia y luego estudiar un poco de Historia Antigua hasta llegar a nuestros días, evidenciándose que el conflicto fue y sigue siendo geopolítico y étnico-religioso, y si no lo comprendemos así no encontraremos la solución definitiva al problema, por lo que su solución debe ser primero desde lo religioso y luego se incursiona en otras esferas necesarias.

Consideraciones finales

No podemos estar de acuerdo con el uso de la fuerza en ninguna de sus variantes, ni con el sionismo, mucho menos con el antisemitismo, porque Jesucristo fue judío e hijo del pueblo de Israel bíblico, y nos enseñó que el Perdón salvífico y el Amor edificante al Prójimo y a Dios son la fórmula para la verdadera y definitiva PAZ.

Debe proclamarse y respetarse un nuevo ESTADO de ISRAEL, el cual deberá ser LAICO, que ocupará los territorios del antiguo reino unificado de Israel bíblico, donde tanto judíos como palestinos se llamen orgullosamente israelitas, donde exista tolerancia y libertad   
religiosa, todo lo cual será posible si el diálogo interreligioso, entre las tres hermanas religiones abrahamánicas (Judaísmo, Cristianismo e Islamismo), diera frutos agradables a Dios, que permitan que todos puedan coexistir pacífica y libremente en la Tierra Prometida, lo que irradiaría a todos los demás países, porque estas son las tres religiones de más adeptos en el mundo.

En un futuro no muy lejano estas tres religiones abrahamánicas están abocadas a ser UNA, ganándose en mayor credibilidad, contribuyendo así al cumplimiento del plan de Dios planteado por Jesucristo de lograr la unidad de los hermanos dispersos por el mundo.

La desobediencia del pueblo elegido por Dios lleva a la destrucción y es algo que se irradia, por lo que todos debemos contribuir al cumplimiento de las Sagradas Escrituras. 

Es hora de desconstruir y reedificar si de verdad queremos agradar a Dios. Concentrémonos en lo que nos une: el amor a DIOS, que por medio de su Hijo amado nos redimió a TODOS y nos enseñó que en Dios TODO es posible.