Una historia mítica nos narra que los dioses crearon una isla paradisíaca, agradable a los ojos de todos los hombres, pero que con el devenir del tiempo comenzó la soberbia, las ansias de poder y la ambición desmedida a apoderarse de algunos, los que llegaron a separarse del rebaño, quienes se convirtieron en señores feudales, hicieron de su palabra la ley, y todos aquellos que pensaran o actuaran diferentes los extirpaban de raíz, algo que NUNCA lograron del todo, porque crecían como la yerba y las flores silvestres: libres, robustas y bien logradas.
Un buen día estos señores feudales determinaron que TODO debia ejecutarse y resolverse por la izquierda, y aquel que osara hacerlo por la derecha le amputaban sus miembros derechos, por eso habían TANTOS tuertos, mancos y cojos, algo que cada vez más pululaba, lo cual impedía el avance real y objetivo de esa gran isla ni de su noble pueblo.
Sembraban odio y divisiones por doquier, y nunca antes hubo más represión sicológica y hasta física, detenciones arbitrarias, abusos, atropellos, llegándose a convertir toda la isla en una gran prisión tan fecunda que sus habitantes se convertían en zombis autómatas serviles, y aquellos que NO y preferían la alternativa eran desterrados u obligados a vivir una vida de aislamiento o persecución brutal, al punto de que nunca antes se construyeron más centros de reclusión, porque TODO era delito o indebido, pero los señores feudales, sus descendientes, sus vasallos y lacayos si gozaban de una asqueante opulencia a costa del pueblo, por demás sumido en la miseria, aunque SIEMPRE quedó la alternativa.
Eran tan orgullosos de si mismos que su vanidad los llevó a su propia destrucción, al punto que soslayaban nuevas ideas, por lo que vivían en el ostracismo y separados de todo el mundo exterior, porque se creían dueños de la verdad absoluta: lo de ellos era lo único bueno y todo lo demás malo.
Fue ese ABSOLUTISMO DESPÓTICO DESMESURADO, unido a todo lo demás, lo que hizo que muchos despertaran del letargo y vieran la triste realidad ante sus ojos, y otros se resistían a ver o a cambiar por MIEDO, costumbre o porque estaban cómodos en una zona cada vez menos confortable.
Muchos de los desterrados estaban deseosos de volver a su isla amada, aunque otros ya habían perdido sus esperanzas de volver y se mezclaron con otras razas, generando descendencia, al punto de sentir un nuevo arraigo, algo que los dioses veían como antinatural, porque toda persona tiene un origen natural y esa ruptura implicaba un desligue, porque la naturalidad no es elegible como la ciudadanía.
El trabajador, el honesto, el cumplidor y el justo no prosperaban y eran vilipendiados, más si prosperaban y gozaban de privilegios los corruptos, ladrones, doble moral, hipócritas, ineptos, lame botas, entre otros, que mordazmente llamaban opositores a aquellos que no eran como ellos, donde la vergüenza pasó a ser historia antigua y la deshonra una luz vacía que atraía cada vez más insectos, llenos de doble discursos vacíos, cargados de retórica y sinsentido.
Copiaron a otros que ni existen, ni en sus islas se aplican sus ideales, idolatraban a hombres y no veneraban a sus dioses, e incluso veneraban a falsos dioses, cual si fuera una plaga de impensadas proporciones. Todo lo hacían "por el bien del pueblo", pero el pueblo no lo percibía.
A nombre de la "seguridad y tranquilidad colectiva" se violaban derechos individuales; la educación docente suplantó la cívica, y al perderse el civismo hasta los docentes menguaban. Lograron muchas cosas para el pueblo, pero todo se convirtió en NÚMEROS y se descuidó TOTALMENTE LA CALIDAD y el verdadero sentido humanista, al punto de que no reconocían las perlas y las desdeñaban, ni podían dedicarse a otras cosas más sublimes o altruistas, porque se encontraban en el estadío primitivo de la SUBSISTENCIA.
Cuenta la historia que todo esto los fue alejanto cada vez más de los dioses, a quienes cada vez más adoraban menos, aún y cuando en sus inicios lo utilizaron para manipular y convencer multitudes y robarse el poder, que antes era de TODO EL PUEBLO y se vivía en paz, armonía y prosperidad, porque todos eran iguales.
Fue entonces que, al ver tanta soberbia y desobediencia, los dioses se encolerizaron de tal manera que sumergieron en el fondo del mar a su amada isla, que ya estaba errante y a la deriva, para que sus efectos nefastos no fueran a replicarse y afectaran a otros, que florecían en armonía, paz y concordia.
La MORALEJA es que todos los elementos son NECESARIOS para la VIDA y el PROGRESO. De ahí que la Segunda Ley de la DIALÉCTICA: LUCHA DE CONTRARIOS, sea tan necesaria para el cambio y el progreso equilibrado. TODOS SOMOS SERES HUMANOS y VALEMOS por NOSOTROS MISMOS. NUESTROS DERECHOS SON INALIENABLES E IRRENUNCIABLES Y DEBEN SER SIEMPRE RESPETADOS.
Cuando se suprimen libertades o derechos desaparece la JUSTICIA y no puede haber PAZ; sin paz la VIDA desaparece, y si la vida desaparece TODO TERMINA. Es por esto que debemos dar un nuevo comienzo a nuestra historia para que lo mítico desaparezca y aflore la realidad AGRADABLE a TODOS y a DIOS. PORQUE ES CON TODOS Y PARA EL BIEN DE TODOS. QUE TODOS SEAMOS UNO!!!
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